Complicado hacer reír. La vache (2015), de Mohamed Hamidi

Maximiliano Berrino 13 - Enero - 2016- Textos

 

En el mundo de las artes de representación ya sean teatrales o cinematográficas, existe un concepto que aun trillado es absolutamente real. Me refiero a la idea de que es mucho más complicado hacer reír que llorar. La comedia es el arte de hacer reír, y el lograrlo recae en las habilidades que posea el director para conjugar las diferentes herramientas y elementos narrativos y visuales. En este caso vamos a hablar de “No se metan con mi vaca”, una comedia francesa del director Franco-Argelino Mohamed Hamidi estrenada en el año 2015. Fatah, un granjero argelino que nunca ha salido del campo, que sólo tiene ojos para su vaca Jacqueline, sueña con llevarla a París al Salón de la Agricultura. Luego de recibir una invitación, toma un barco con destino a Marsella y cruza toda Francia a pie hasta llegar a dicho concurso luego de vivir varias aventuras con su amiga la vaca Jacqueline.


Con un formato de road movie, y con todos los ingredientes requeridos en una comedia sin ninguna pretensión narrativa ni estilística, la película cumple lo que pretende; hacernos pasar un rato agradable. Personalmente la incluirá en la categoría: “para ver un domingo con amigos mientras se come pizza”, ya que es una película absolutamente relajada y con una estructura narrativa clásica y básica que no nos obliga a anclarnos a la pantalla. Hamidi no duda en recurrir al estereotipo, el cliché o al sentimentalismo frívolo a la hora de darles voz a sus personajes, los cuales son muy simpáticos y entradores, pero no son más que eso y esto es punto negativo ya que en una comedia el pragmatismo de los personajes es fundamental. El personaje principal, Fateh, se desenvuelve en una paleta de recursos actorales muy limitada que lo induce a una meseta sin ningún tipo de matices durante toda la película. Creo que esto se debe a una mala dirección de actores y no al talento del actor. El director plantea a un campesino tonto, sensible, ingenuo y sin muchas luces, como si estos adjetivos calificativos fueran necesarios para crear un personaje querible que logre llegar al espectador. Genera totalmente todo lo contrario, ya que se vuelve tan satirizado y estereotipado que ingresa sin escala a la construcción superficial de un personaje que aun dotado de histrionismo, no traspasa la pantalla.
Es interesante la contraposición que hace el director sobre la vida rural en Argelia y la misma en Francia, y como ambas se conjugan en Paris donde el ciudadano moderno de la urbe, adicto a las redes sociales, hacen de aquellas personas comunes y corrientes pero con diferentes modos de vida, personajes exóticos de culto. Esto es algo que vemos muy a menudo en la vida real y está muy representado por el director.
El gran desacierto del director, es haberle dado a este film un final feliz y melanco, digno de un cuento de hadas. Es cierto que ante una narrativa tan clásica y simple, jamás hubiera esperado un cierre donde Fateh contraiga matrimonio con la vaca, se revele a la inexplicable necesidad de ganar ese concurso y se retire a vivir una vida de ermitaño junto a su nueva esposa animal. Hamidi le da a sus espectadores todo servido en bandeja y listo para procesar, solo faltan carteles que nos avisen en que momentos debemos emocionarnos, reírnos o sentir lastima por el pobre Fateh que nada le sale bien hasta que de golpe todo le sale como él lo soñó y deseó desde el comienzo de la película, ya que el personaje no posee ninguna otra meta narrativa más que llegar a dicho concurso.

Maximiliano Berrino

maxiberrino@caligari.com.ar

La vache