Todos necesitamos un otro. La tortue rouge (2016), de Michael Dudok de Wit

Nicolás Taramasco 28 - Agosto - 2017 TextosFoco: SANFIC 2017 - Santiago Festival Internacional de Cine.

 

            La Tortuga Roja es un filme salido de la mente del director holandés Michael Dudok de Wit, pero es producida por la mítica productora de animación japonesa Studio Ghibli. Hayao Miyazaki quedó enamorado de un cortometraje del holandés, Father and Daughter, por la cual ganó un Oscar. Miyazaki se interesó en Dudok en el momento en que se encontraba buscando financiación para la película que había estado desarrollando por cuatro años, La Tortuga Roja. El estilo del dibujo, de línea limpia al estilo de la historieta franco-belga (Dudok reconoce la influencia de Hergè), fue realizado a mano, en grafito blanco y negro, y luego coloreado digitalmente con photoshop. Sólo las tortugas fueron realizadas por computadora. A pesar de que el estilo se aleja totalmente de la estética anime, y de que el trabajo de Dudok, según él, no fue controlado por el estudio de Mi Vecino Totoro, la marca de Studio Ghibli está presente. Y es que al igual que en las películas de Miyazaki, en La Tortuga Roja el ojo está puesto en la relación entre el hombre y la naturaleza. En este sentido, la elección de la técnica de dibujo antes mencionada puede considerarse como una declaración de principios, una vuelta a lo analógico, a un contacto más directo entre la mano del hombre y la obra, un arte más humano.


            Un náufrago llega a una isla en la que no hay seres humanos. Su contacto inicial con la isla pasa por un primer estadío de juego y reconocimiento, recorriendo la isla hasta que se aburre y decide construir una balsa para escapar. Varios intentos fallidos de desafiar a las olas con un bote improvisado, sumado al maltrato del clima y la soledad lo lleva al desespero y la depresión, momento en el cual pasa de soñar con volver a casa a delirar despierto con ella. El náufrago descuida su aspecto, su barba crece, sus ropas se deterioran y su ánimo cae, quedando días y noches tirado en el suelo, a la intemperie, aunque le caminen gusanos por encima o llueva torrencialmente sobre él. Luego pasará a tener una reacción violenta contra la naturaleza a la cual no puede dominar y de la cual no puede escapar. Esa ira la descarga contra la tortuga roja del título, luego de que ésta destruyera su balsa dos veces. El náufrago ataca a la tortuga y parece matarla. Luego el hombre sufre remordimiento y al pasar unos días sin poder reanimarla, la tortuga roja se convierte en una mujer humana, la cual despierta y le da una razón al náufrago para dejar de intentar escapar de la isla.   
            El momento en que la tortuga se convierte en mujer divide la película en dos partes bien diferenciadas. La primer mitad es la “supervivencia”, el hombre sólo contra la naturaleza. Aquí el náufrago, en su búsqueda por vencer a la isla y al mar, se frustra y descarga con brutalidad su ira contra ella, tal como se ve cuando ataca a la tortuga. En este estado vemos la barbarie del ser humano, sus mezquindades. Al aparecer otro ser humano, la mujer, el náufrago cambia su actitud y comienza a mostrar una faceta más amable. Forma una familia y expresa amor, empatía y ganas de compartir. El hombre en solitario vive para satisfacer sus propios deseos y caprichos, lo que lo lleva a una violencia egoísta contra la naturaleza. El hombre en sociedad (o en familia, que era la unidad social básica para Aristóteles) expresa sus mejores cualidades. El hombre necesita identificarse con un “otro” para ser mejor persona. Todo lo opuesto al estado de guerra permanente que plantea Hobbes en el Leviatán, por citar un ejemplo conocido. Según declaraciones de Dudok, el náufrago representa al Hombre (Ser Humano), la mujer a la Naturaleza y el hijo a la Unión entre ambos. Esto nos lleva a concluir que el Hombre debe reconocer a la Naturaleza como un Otro, e identificarse con ella, para entrar en un estado de Comunión entre ambos. 
La película es silente, los personajes no hablan más que algún sonido gutural cada tanto. En la primer mitad de la película esto profundiza el estado del personaje. El sonido de la soledad es el silencio. En la segunda mitad, el silencio funciona de otra manera, profundiza la Comunión, el contacto con el otro. Dudok elige el lenguaje corporal, el gesto y la mueca, para mostrar la relación entre individuos. Con una mirada casi documental en donde las palabras sobran, vemos el ir y venir de una familia viviendo en estado salvaje. Una experiencia que pasa por el compartir, un constante vivir para el otro. Los cuerpos que se conocen tan de cerca no necesitan palabras. No obstante, aún en este estadío de paz familiar que atraviesan el náufrago y la película, Dudok no se olvida del poder de la naturaleza.


Lo Sublime está presente en todo momento en La Tortuga Roja. Entendiendo por Sublime, en términos kantianos, a la absoluta grandeza, lo infinito, frente a lo cual se hace patente nuestra propia finitud. Esto nos genera un displacer que nos lleva al éxtasis y eleva nuestro espíritu. Lo Sublime matemático era para Kant aquello que por sus dimensiones era inabarcable, y se oponía al intento natural del hombre de aprehenderla mediante el intelecto. Luego está lo Sublime dinámico, aquella fuerza que supera a nuestros sentidos y amenaza con destruirnos. Lo Sublime sólo se encuentra en la Naturaleza y lo vivimos con temor. Cuando en la primer mitad de la película el náufrago contempla el mar desde la costa, contempla lo inconmensurable. El horizonte infinito lo aplasta contra la isla y acrecienta su pequeñez y su soledad. Una isla que ya de por si es pequeña en comparación con el océano que la contiene (lo cual se muestra en un plano panorámico). En la segunda mitad de la película, luego de años de aparente calma y vida familiar, un tsunami azota la isla. Las olas gigantes vuelven a poner al Náufrago y su familia en contacto con su propia mortalidad. Y la mitad de la isla queda bajo el mar, volviéndose más pequeña (repitiendo el plano panorámico anterior). Como en la obra de Miyazaki, la capacidad destructiva de la naturaleza está presente, pero no con el fin de distanciar al hombre de ella, sino de incluirlo en ella.
Luego de esta experiencia, el hijo decide hacerse a la mar y recorrer su propio camino, formar su propia familia. El hijo logra lo que el padre, en parte, no logró: salir de la isla. El hombre y la mujer quedan solos, y una elipsis nos lleva a un momento en que ya han envejecido ambos. El hombre cierra los ojos por última vez y muere durmiendo. La mujer vuelve a convertirse en tortuga y regresa al mar. Este final nos hace pensar que tal vez todo lo ocurrido en la isla fue un sueño del náufrago. Sobre esto podemos reflexionar dos cosas. Primero, que sea un sueño o no es irrelevante si consideramos que es cine, y el cine como experiencia creadora de una impresión de realidad se encuentra entre el sueño y la vigilia.  Segundo, que el hombre en su fantasía refleja el deseo de ser para un otro, es decir, que necesita de un otro para realizarse como individuo. Aunque ese otro sea una tortuga. 

Nicolás Taramasco

nicolastaramasco@caligari.com.ar

La tortue rouge