Transitando las marcas del primer amor. La reconquista (2016), de Jonás Trueba

Carla Leonardi 25 - Noviembre - 2016 -Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

“La reconquista” (2016) del director español Jonás Trueba, hijo del reconocido director Fernando Trueba, es una película de género melodrama que trata sobre el paso del tiempo y sus efectos.
La película en su estructura narrativa puede desglosarse en tres tiempos que corresponderían a la temporalidad del presente, el pasado y el futuro. En la mayor parte de la película, predominarán los planos medios y primeros planos, porque al director le interesará hacer foco en aquello que vayan transitando los protagonistas a partir de su reencuentro.
Un joven treintañero, Olmo (Francesco Carril), residente en Madrid, es escritor y trabaja traduciendo libros. Olmo llegará hasta los pies de unas escaleras para encontrarse con Manuela (Itsaso Arana), una joven en sus treinta años, actriz, que vive en Buenos Aires y está de visita en Madrid. Que Olmo deba subir las escaleras para reunirse con Manuela en un abrazo fuerte y entrañable, ya sitúa a Olmo en la posición del Romeo que va a buscar a su Julieta en el balcón, y a Manuela en el lugar de la mujer idealizada e inaccesible, que nunca puede alcanzar, objeto de su deseo que se escabulle.
Aunque es invierno, Manuela va vestida de corto, vemos sus piernas enfundadas en sus medias negras de nylon que asoman debajo del tapado. Ella le dará a Olmo una carta que encontró en la casa de su madre, donde se aloja. Se trata de una carta que él le había escrito cuando tenían 15 años y habían tenido ambos su primera historia de amor. Olmo lee unos pocos pasajes, y dice no acordarse de ella. Trueba va pintando a sus personajes y va narrando la historia de Manuela y Olmo paulatinamente a través de los diálogos que se vayan dando entre ellos.
En la charla en el bar, Manuela le cuenta que se fue a vivir a Buenos Aires luego la separación de quien era entonces su pareja, porque sentía que tenía que probar que tenía la fuerza para alejarse de todo y también le cuenta cómo él fue tras ella para reconquistarla, pero que de todas maneras la relación no funcionó. También le dirá que en Buenos Aires pensaba en él, en cómo estaría y en qué estaría haciendo y que allá ella garcha casi todas las noches con uno distinto y que esta noche le tocaría con él. Manuela tiene cierta verborragia. Olmo habla poco, apenas le responde lo que le pregunta. Su acercamiento hacia ella es tímido. Ella insinúa que traduciendo libros, él se esconde detrás de las palabras de los otros. La charla entre ellos estará matizada por el humor que surge de los malentendidos que se den a partir de las diferencias de uso del lenguaje en Madrid y Buenos Aires. Olmo le contará que se acaba de mudar con su pareja, que es psiquiatra y que hasta han pensado tener un hijo.
La iluminación tiñe la vestimenta de Manuela de rosado. Ese es el color que la identifica. Es ella quien lleva adelante la acción, quien coquetea y busca seducir a Olmo. En Olmo predominará el azul, que le da un aire triste y melancólico. Es él quien sufrió la ruptura de la relación que mantuvieron en la adolescencia por parte de Manuela.
Caída ya la noche, irán a otro bar donde tocará sus canciones el padre (Rafael Berrio) de Manuela. Allí será precioso el plano donde vemos al padre cantando reflejado en el espejo, mientras vemos de frente a Manuela y Olmo bañados en una luz roja que marca que los viejos sentimientos entre ellos han aflorado. El amor sigue allí y flota en el aire. La música de Rafael Berrio (cantante español de trayectoria) interpretando su tema “Somos todos principiantes”, realza la fuerza melodramática de esta escena.
Interesante será también cuando más tarde vayan a bailar a un club de swing. Allí Olmo pasará al centro de la rueda de baile y parecerá relajado y liberado de todas sus inhibiciones. Sus cuerpos se acercarán, se abrazarán, todo sugiere lo que está por venir; pero Manuela echará a reír, lo cual rompe con el clima. En esta parte, Manuela tiene el pelo recogido y se muestra más contenida en sus emociones e impulsos.
Al amanecer, será interesante que los amantes se despidan en silencio. Trueba le da peso ahí a ese silencio de las palabras que no se dicen.
La segunda parte de la película, es el regreso de Olmo a su hogar. En esta parte predominará el color blanco. Ya no estamos en una secuencia de escenas de grandes pasiones. El color verde que identifica a la pareja de Olmo (Aura Garrido), está ligado al equilibrio emocional y a la fertilidad. No es una mujer que lo inquiete ni lo ponga en cuestión. El lugar que ocupe ella para Olmo será el de la esposa y la madre. El interrogatorio que su pareja le realice sobre su reencuentro con Manuela, pese a que el aire se sentirá cargado, se dará en un marco signado por el humor. Luego de la conversación, Olmo, a pesar de su cansancio, insistirá en acompañarla a una exposición, pero el sueño lo vencerá. Caerá rendido. Y será interesante que desde el plano de Olmo durmiendo entremos en la tercera parte de la historia, porque así Trueba deja abierta la posibilidad de pensar que la secuencia de escenas que sigan bien podrían ser un sueño o un recuerdo.
La tercera parte de la película es la gestación de ese primer amor entre Manuela (Candela Recio) y Olmo (Pablo Hoyos ) Un grupo de adolescentes hacen una excursión a un lago y volvemos a entrar en una explosión de color donde predominará el amarillo, que situará a esta etapa como luminosa y tierna. La pintura que Trueba nos hizo de estos personajes y los colores que los identificaban en su reencuentro adulto, permitirán que el espectador rápidamente pueda conectar con ellos en medio del grupo de adolescentes. Entre Manuela y Olmo circularán varias cartas de amor. Aquí el director no apela al clásico recurso de la voz en off, sino que pone a los personajes a recitar las cartas, enfatizando la idea de un diálogo y de lo vivo de ese diálogo amoroso. Un diálogo donde cada palabra vale por su propio peso. Entenderemos así las razones de la ruptura de Manuela con Olmo. Y saldremos de esa secuencia de escenas con Manuela dormida encima del cuaderno donde escribe su carta, que Trueba conectará en el montaje con el despertar de Olmo ya adulto.
Aquí el director retoma ese carta que Manuela le había dado a Olmo en ese laberinto de escaleras del punto de reencuentro, y de la cual, como espectadores, sólo habíamos accedido a pequeños fragmentos. El primer plano de la reacción de Olmo al leer su carta de amor a Manuela escrita hace más de 15 años, se acompañará por la voz en off de Olmo leyendo la carta completa. Esa carta ahora, tras hacer transitado toda la película acompañando a estos amantes, se nos resignifica.
“La reconquista” es una experiencia estética que nos introduce en los caminos del deseo. El deseo freudiano es el intento de volver a repetir y recuperar una primera experiencia de satisfacción. Ambos protagonistas vuelven a transitar las marcas que les dejó ese primer amor adolescente. Pero precisamente, lo que queda de la experiencia, no son más que huellas. La experiencia en sí y el objeto de amor perdidos son por estructura imposibles de recuperar. El paso del tiempo introduce una diferencia entre lo repetido y la experiencia original. El paso del tiempo nos modifica, ya no somos los mismos, ni tampoco los otros; aunque a veces creamos que sí. La estructura siempre es de desencuentro y no hay encuentro posible con lo que ya pasó. Volver a transitar las marcas del deseo, a lo sumo puede servirnos para darnos cuenta y aceptar que toda historia de amor en el fondo pertenece al campo de lo efímero, al campo del instante. Se tratará entonces de elegir o no al partenaire, cada vez, en cada nuevo encuentro; porque no hay palabra dicha que pueda mantenerse igual ni para siempre. Eso es sólo una ilusión.
Con divinos detalles y sutiliza en la puesta en escena, sin demasiados artificios técnicos de cámara y apostando fuertemente a la poética de las palabras desde el guión y la música; pero sin caer en lo cursi o edulcorado, Jonás Trueba logra con “La reconquista” una película amarga pero de gran belleza.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

 

La reconquista