Un fuera de foco espiritual. La novia del desierto (2017), de Cecilia Atán y Valeria Pivato

Juan Pablo Barbero 20 - Agosto - 2017 TextosFoco: SANFIC 2017 - Santiago Festival Internacional de Cine.

 

Una película más que prolija, sincera con sus relaciones internas, ya que el cierre de las cosas marcan los finales de las escenas, portazos y besos, las cosas siempre terminan si se empiezan. Es una historia muy pequeña, una historia de ruta… una Road Movie, como le dicen en el cine, pero argentina y también chilena, una historia del camino en el desierto. Un escenario inmenso, montañas y arena, el asfalto de la ruta y la feria en el santuario; luego los interiores son pequeños, van desde vestuarios a un camión, nunca algo tan grande como la inmensa naturaleza en la que pierde su heroína. No una perdida inconsciente, sino aquel desvío del camino que no se pudo ver por una inmensa rutina de ojos cerrados. Un bolso sirve como el vehículo que reemplaza un accidente que deja varada a su protagonista en el desierto, de ahí en mas, el bolso al que se espera llegar no es sino aquel vacío que se intentar llenar con la aventura de lo que fue su búsqueda: una pequeña historia de amor, por ejemplo.

Pero esto no es una historia de amor, esta es una historia muy espiritual también, porque siempre alguien inmerso en su soledad se conecta con una flecha a su espíritu, incluso si este nunca estuvo presente. Un mito como la difunta correa hace de contexto para una historia diferente pero similar como esta película, ambas caminaron las rutas sanjuaninas con la idea de llegar a su corazón, los medios eran distintos, pero los tiempos son distintos y esto no es una adaptación, ni nada de eso, sino una pequeña coincidencia en esta pequeña historia que si miramos bien, la difunta correa está muy cerca, siempre a un costado del camino, en fuera de foco. Esta técnica se mantiene presente y no es casual, ya que analogar lo técnico a lo filosófico es algo muy particular y embellece la propuesta. Un fuera de foco que nos permite siempre dudar hasta que la distancia se acorta, lo espiritual es un eterno fuera de foco, entonces la película juega con esto. De todo se puede dudar. Pero también se permite ciertos momentos de belleza y felicidad dentro de una pequeña tragedia que se va haciendo polvo en el desierto. Los planos que contemplan las rutas son hermosos pero un recorrido entre vestidos puede ser algo que conserva una gran belleza a pesar de lo pequeño del espacio.

 La protagonista va perdiendo la rigidez que conserva desde toda su vida, se deja soltar el pelo como una metáfora de dejar soltar su vida, hacerla más flexible, pero para eso se necesitaba un cambio que transcurre paralelamente a la narración principal. Cuando una tabla tambalea, el desierto espera y ahí, lo que sea, pero algo se libera, no sólo la cabellera, sino el reflejo en el espejo, ese otro yo que siempre estuvo ahí pero nunca se animó a salir, se libera en ella esa cierta rigidez que hizo de su personalidad un pasado que la película poco le interesa enfatizar ya que con la mirada cansada y las cejas siempre arqueadas de ella dice más que mil flashbacks. El misterio se conserva y los espectadores no son tratados de estúpidos; ya que el verdadero santuario no es el de la difunta correa sino el de Teresa, su protagonista, cada vez más viva en la fuente de su juventud.

 Una película que llegó a Cannes en la sección de “Una cierta mirada” y no está mal ver y volver a ver, ya que está hecha por dos directoras diferentes, por dos países diferentes, son dos miradas que hay que hacer una sola, entonces enfatizar esa cierta mirada y encontrar algo más. Ver y volver a ver, porque el fuera de foco siempre nos ayuda a difuminar la realidad como la espiritualidad.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

La novia del desierto