Pueblo chico. La muerte de Marga Maier (2017), de Camila Toker

Juan Aguirre 26 - Junio - 2017 -Textos

 


Filmar una película implica básicamente tomar decisiones. Partiendo de esa base, podemos detenernos a pensar en las que tuvo que tomar Camila Toker para rodar La Muerte de Marga Maier. La primera y mas evidente fue trabajar sobre el género policial. La película respeta y cumple con las reglas de ese género. En principio podríamos pensar que es una decisión conservadora, pero si miramos de dónde viene Toker y cuál es su recorrido como directora, puede que detrás de esa apuesta a lo seguro descubramos escondidos los mayores riesgos. De representante del Nuevo Cine Argentino, desde el potrero de los realizadores independientes, la directora cruza el alambrado y se anima al género en un esquema de producción industrial. Hacer género, no implica crear un idioma, sino apropiarse de uno que ya está inventado. En ese sentido, tal vez el riesgo radique en animarse a hablarlo por primera vez.

La elección de Punta Indio como escenario parece ser una de las decisiones mas acertadas de la película. Un pueblo chico, del interior de la Provincia de Buenos Aires a orillas del Río de la Plata, le confiere un clima y una estética exquisitos a la película. Pueblo chico, infierno grande es una receta que funciona. Funciona para Twin Peaks, funciona para Fargo y funciona para La Muerte de Marga Maier. Resulta ser el caldo de cultivo ideal para el incesto, el alcoholismo, la codicia, el juego y la violencia y permite lograr un clima denso y de intriga desde el principio al final. Más allá de la estética y el clima de tensión constante, Punta Indio también es un acierto como decisión de producción, porque si bien la película se hizo con el apoyo del INCAA, de ninguna manera es una superproducción. Rodar en ciudades chicas y con el apoyo de los municipios multiplica cada peso del presupuesto por dos (tal vez por más) y permite escenas como la de la fiesta, en las que la directora se pudo dar el lujo de hacer un registro documental del carnaval utilizando a todo el pueblo como extra.

La música a cargo de Fernando Tur y el casting fueron las decisiones mas eclécticas de la película. Las melodías y el espacio rural, fusionan al policial con el western en una medida justa. El cásting, está integrado tanto por actores de frecuente presencia en la TV como Pilar Gamboa, Luis Machín y Mirta Busnelli, como por otros, menos conocidos, pero igual de solventes en su trabajo, como William Prociuk o Ivo Muller. Por último, hay una serie de decisiones que se tomaron en conjunto, sin ingenuidad y que se conjugaron con precisión y coherencia. La fotografía, la cámara en mano, el montaje, los planos largos y la dirección de actores están puestos al servicio de la película y la directora se sirve de estos recursos para sacar el jugo a cada escena. Las actuaciones presentan la misma textura exploratoria que pudimos ver en UPA. La duración de cada plano permite a los actores habitar las escenas, hacer una búsqueda en cada línea de diálogo, cada silencio, y en cada mirada. Estas decisiones, son las que terminan imprimiendo en una película de género el sello de autor.

Juan Aguirre

juanaguirre@caligari.com.ar

 

La muerte de Marga Maier