Un singular vocero de Madre Natura. La mirada del colibrí (2017), de Pablo Leónidas Nísenson

Carla Leonardi 5 - Septiembre - 2017 -Texto

 

El director argentino Pablo Nisenson ya ha indagado  anteriormente en las vicisitudes de la psiquis humana en su documental “Lo que hay que decir” (2006), donde buceaba en las historias de siete residentes de una comunidad terapéutica y su difícil proceso de recuperación. En “La mirada del colibrí” (2016), vuelve a acercarse a esta temática. Se trata de un documental que se enmarca en el sub-género ecológico y que tiene como protagonista a Francisco Javier De Amorrortu, un singular personaje quijotesco que dedica su vida a lucha por la defensa de los humedales de la cuenca del Río Luján.
El documental comienza con una cita de Leonardo Da Vinci impresa en pantalla que habla de una misma estructura compartida entre la Tierra y el hombre y dará paso a imágenes fragmentarias del rostro de Francisco que frente a su notebook recitará el Artículo 41 que trata del derecho de cada habitante a gozar de un ambiente sano y  también los objetivos que competen a la política ambiental nacional.
Este prólogo en su fragmentación instala ya la pregunta por quién es este hombre, y el documental a medida que avance la narración intentará brindarnos las piezas para armar el rompecabezas que dé cuenta del fascinante mundo del protagonista.
A medida que se despliegue la historia de Francisco, la voz en off del director funcionará en lo narrativo como una suerte de narrador omnisciente que irrumpe para brindar información que contextualice la historia, anticipar lo que se verá o aclarar ciertas cuestiones.


La acción se sitúa el “El campito” en Pilar, donde reside Francisco, un hombre mayor con el cual dio el equipo investigando sobre las causas de las inundaciones de la zona. Francisco no es abogado, ni biólogo, sino un hombre que tenía una familia y a quien se le ha desencadenado una psicosis al llegar a la mediana edad. Pasó un tiempo sedado por la medicación psiquiátrica que apuntaba a anular su delirio místico, pero decidió ponerle fin al tratamiento psiquiátrico e instalarse en “El Campito”, ese lugar que le habían revelado los Reyes Magos en un sueño.
Indagando en su juventud, el documental aporta imágenes en súper 8 de un joven Francisco. En esas imágenes, se recortará un elemento siempre presente: el agua.
Por otro lado, en el documental el director no se propone solamente como un narrador objetivo y anónimo, sino que es también un personaje del film al incluirse en conversaciones con Francisco y al desnudar permanentemente el artificio cinematográfico al mostrar la cámara y al resto del equipo de filmación. En tanto personaje activo del documental, el director ocupa el lugar y la función que Lacan estableció para el analista respecto de la psicosis y que es la de ser un “testigo del alienado”. El testigo es aquel que escucha y recibe un testimonio. En este sentido, Nisenson en sus interlocuciones con Francisco, es capaz de alojar su delirio no sólo en la escucha sino también mediante el documental mismo, donde le da un espacio para desplegarlo y un cierto cauce o marco que sirva para la transmisión social de los hallazgos a los cuales ha llegado en su teoría.
El director no oculta el tedio que por momentos le genera la catarata de términos técnicos complejos que hilvane Francisco para dar cuenta de sus descubrimientos, y también sus intentos infructuosos por contradecirlo o proponerle alguna idea propia, las cuales no hallaran eco en Francisco. Es que el delirio se propone como un sistema consistente y cerrado, que no es permeable al cambio porque se apoya en una certeza inconmovible.
Durante más de 30 años, Francisco irá elaborando diariamente su teoría. Esta teoría implica un cambio de paradigma en lo que hace a la manera de entender el flujo de los ríos. Se trata un pasaje de una teoría mecánica donde los ríos se moverían por la fuerza gravitacional del terreno, siguiendo a Newton, por una teoría termodinámica donde los humedales o canales acuíferos funcionan como parte de una red de conexiones que acumulan energía del sol y la transfieren al rio para darle su movimiento. Se trata de una teoría perfectamente plausible. Lo que la hace delirante no es su contenido, que es perfectamente verosímil, sino la fuente de la cual llega a dichas conclusiones. Su musa Alflora (la madre muerta de una joven paraguaya de quien se enamoró fugaz y platónicamente, y que ingresó en su cuerpo) irá dictándole sus intuiciones y alentándolo a pasar de la denuncia a la batalla legal contra las grandes corporaciones que con sus emprendimientos  de urbanización destruyen el sistema de redes acuíferas y alteran el ecosistema causando las cada vez más frecuente inundaciones de la zona.
Se propone entonces a Francisco como una suerte de quijote que diariamente lucha en soledad por preservar el ecosistema y que recorre insistentemente los Tribunales, esperando una respuesta legal que ponga coto al avance y la voracidad capitalista de las corporaciones inmobiliarias.
Pero la querella judicial no será el único frente que abrirá Francisco. En una charla con sus nietos comunicará el nuevo eje de su lucha: ser vocero de la naturaleza. Será así que lo veremos producir videos caseros que luego subirá a Youtube y brindar conferencias en Jornadas de Medio Ambiente o en la UTN, con el espíritu de crear conciencia sobre el peligro que afecta a la humanidad al atentar contra la  Madre Naturaleza, esa gran casa que nos cobija a todos.
Si nos enfocamos en el título de la película, ese colibrí al que hace referencia es el propio Francisco De Amorrortu. El colibrí es un pájaro muy pequeño y muy territorial en la defensa de los intrusos que acechen cerca de su nido y a la vez se lo asocia simbólicamente al mensajero y al guardián del tiempo.  Ya decía Freud en su historial sobre la psicosis que el delirio no es la enfermedad, sino por el contrario, el intento de curación. En este sentido, no se trata de eliminar el delirio, sino en tanto restitutivo de encausarlo hacia la producción y la circulación social. Al nombrarse como “vocero” de Madre Natura, y al ser escuchado y alojado por el equipo técnico de la película, Francisco puede encuentra un lugar en el mundo y un medio a través del cual hacer llegar su mensaje a la humanidad.

“La mirada del colibrí” es un documental  que puede resultar áspero y tedioso por momentos debido a la verborragia de Francisco, plagada de terminología compleja y neológica, pero es muy valioso al acercar al público una mirada diferente respecto de la locura, rompiendo con la idea que la asocia a la peligrosidad social y al aislamiento manicomial. Una psicosis trabajada y estabilizada como la de Francisco puede realizar importantes contribuciones al acervo de la sociedad y enseñarnos que no hay otro modo de producir cosas nuevas en cualquier dominio del arte o de la ciencia, si no es separándonos y cuestionando los saberes tradicionalmente instituidos.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

La mirada del colibrí