Reality-show del trabajo. La mano invisible (2016), de David Macián

Ian Quintana 12 - Mayo - 2018 -Foco: 5º Construir Cine: festival internacional de cine sobre el trabajo.

 

La Mano Invisible es por un lado una fuerte crítica a la autorregulación del mercado como generadora de bienestar social y por otro una convincente representación de las prácticas alienantes y explotadoras a las que se somete gran parte de la sociedad en sus distintas actividades laborales. La película de David Macián está basada en la novela homónimade Isaac Rosa cuyo título proviene del concepto la mano invisible de Adam Smith. Según este autor es posible lograr una distribución equitativa de las riquezas y el bienestar social, en las sociedades liberales, gracias a la auto-regulación del mercado. Pero en la película de David Macián esa mano invisible no produce bienestar y equidad entre las partes, por el contrario se construye una sociedad deshumanizada, salvaje y precaria que desencadena violencia y coacción. En ambas obras se presenta un universo artificial en el cual un grupo de ocho personas que estuvieron desempleadas durante años reciben la posibilidad de volver a trabajar. La tarea consiste en realizar la misma actividad que otrora realizaban, salvo que esta vez su lugar de trabajo es un escenario, un enorme depósito en el cual un público casi anónimo se reúne en las sombras a observarlos. Los trabajadores no deberán hacer otra cosa más que su actividad laboral, como lo hacían siempre, con las mismas costumbres, ritmos y rutinas, durante ochos horas, todos los días, el resto de su vida. Lo importante aquí es observar el hecho manual, la operación en sí, la producción material en su más profundo detalle. Los trabajos son distintos, cada uno cubre un área del hacer humano, cada persona es la construcción de un estereotipo, esos modelos que se repiten como las piezas de una gran maquinaria.
El trabajo se convierte en espectáculo, tanto para los espectadores que observan en el depósito como para los que están detrás de la pantalla. Se construye un reality-show del trabajo y nosotros nos convertimos en sedientos voyeristas que observan detrás de las sombras. Se deshumaniza la actividad laboral para observarla de manera objetiva, una y otra vez la misma, siempre la misma. Los problemas surgen cuando la “empresa” que contrata a los trabajadores-actores decide modificar las condiciones de trabajo, imponiendo nuevas medidas que por supuesto benefician a los empleadores. La precarización, la desprotección, el trato diferencial y la flexibilidad laboral serán el tema de discusión entre los empleados ¿cómo hacer valer sus derechos? ¿cómo hacerse respetar frente a medidas que los perjudican? ¿cómo detener la mano invisible que regula las condiciones del mercado? Desde cada personaje se plantearán las distintas posturas que suelen aparecer entre los grupos laborales: quien quiere la huelga, quien se niega, quien acepta la explotación, quien prefiere callar o a quien nada le importa. Cada uno deberá decidir si continua participando de la actividad que consume su vida, si niega la explotación laboral y la injusticia o si acepta las reglas del juego.
Con una clara influencia en Dogville de Lars Von Trier, David Macián construye un universo falso y artificial para acercarnos al fenómeno del trabajo de forma despojada. En ese escenario austero y minimalista, con risas y gritos que llegan desde las sombras, el director no concentra su mirada en el desarrollo de los personajes sino en mostrar el proceso a través del cual son víctimas de una progresiva deshumanización. La alienación, producto del aumento del ritmo de producción, hará que los protagonistas desarrollen un vínculo viciado con su empleo y pierdan lentamente la identidad que les otorga el oficio al que se dedican. En este teatro de la vida, Macián se propone denunciar las dinámicas perjudiciales de la economía contemporánea y lo que ello genera en el ser humano, mientras que también critica la actitud pasiva de los espectadores frente a un mundo explotador y abusivo. Porque el espectáculo al que asistimos no es más que un reflejo de nuestra propia vida, de lo que sucede hoy, aquí y ahora. Seremos llevados de manera eficiente a una suspensión de las ideas, a un convencimiento pleno de que la decadencia laboral es natural, necesaria, de que los cambios serán en beneficio nuestro. ¿Seremos capaces de reaccionar a tiempo? ¿Nos daremos cuenta de los hilos que nos controlan, que nos dominan y perjudican? ¿Seremos capaces de cortarlos?

Ian Quintana

ianquintana@caligari.com.ar

La mano invisible