Intimista y minimalista. La luz incidente (2015), de Ariel Rotter

Carla Leonardi 7 - Mayo - 2016 Textos

 

Vi “La Luz incidente” (2015) del director argentino Ariel Rotter en la última edición del Festival Internacional del Cine de Mar del  Plata y más allá de la buena recepción que tuvo por parte de la crítica y de los premios que ha obtenido, la sensación que me quedó fue haber visto una de las películas argentinas más bellas de los últimos tiempos. Volver a verla con motivo de su estreno comercial, fue un verdadero placer, no tanto por la trama en sí, sino por la delicadeza con la cual está filmada.
La película comienza con un prólogo en el cual una mujer mayor recostada en un sofá le habla a otra más joven que está sentada detrás en un sillón. La disposición es la típica de una sesión psicoanalítica. Las mujeres son madre e hija. Y lo que la madre relata es un sueño donde su hijo aparecía y le daba un beso, y esto le da a pie a recordar cierta vez que lo fueron a buscar a una fiesta y estaba ebrio. Seguidamente el montaje da paso a una escena donde la mujer joven está frente a un placard abierto, tocando y oliendo los trajes colgados, mientras la empleada le dice que tendría que hacer algo con esa ropa.
Este prólogo ya nos mete en el tono del drama íntimo que tomará el relato, ya que nos sitúa en la instancia del duelo por la pérdida de un ser querido, con todo el dolor y la problemática que conlleva.

La historia se sitúa en los años 50 en Buenos Aires y tiene como protagonista a Luisa (Erica Rivas), una mujer joven que ha perdido a su esposo y a su hermano en un accidente automovilístico, quedándose sola junto a sus dos hijas pequeñas. La puesta en escena la distingue generalmente con el color oscuro y con el pelo recogido, propio de una mujer contenida en sus emociones y en su apertura al deseo de un hombre.  Luisa se encuentra en pleno proceso de duelo: tiene dificultades para dormir, atesora la ropa y los recuerdos del esposo, tiene necesidad de hablar reiteradamente del acontecimiento traumático y de la voluntad de aquel que ya no está, y necesitará volver al lugar del accidente y a la quinta de la que volvían su hermano y esposo la noche en cuestión.

El duelo es un trabajo psíquico, como ya lo planteó Freud, que consiste en recorrer pieza por pieza cada uno de los recuerdos del que ya no está,  para retirar paulatinamente de ellos la libido, la cual al finalizar el proceso quedaría liberada para poder catectizar a un nuevo objeto de amor.  Es un proceso, entonces, que requiere tiempo, y ese tiempo es subjetivo, de cada quien.

Es interesante cómo Rotter emplea los recursos técnicos hábilmente para narrar la circunstancia que atraviesa Luisa, haciendo de este pasaje doloroso una experiencia estética muy bella para el espectador. La narración avanza a ritmo parsimonioso, como si se fuera pintando suavemente un cuadro, revelándose de a poco la situación en cuestión. El uso del blanco y negro, además de situarnos en los años 50, nos remite a la instancia del recuerdo propia del duelo y a la vez le permite jugar con el claro-oscuro; con las luces y las sombras, lo que se deja ver y lo que se oculta; con la oscuridad propia de duelo y con la luminosidad de la salida del mismo.  Rotter no nos muestra todo ni nos explica todo, más bien sugiere, nos deja entrever e ingresar al mundo de Luisa. El sonido es principalmente sonido ambiente, donde abundan los silencios y la quietud de la tarde o la noche, reflejando la retracción libidinal propia de quien está en duelo. Y  los planos generalmente se enmarcan en puertas o aberturas, generando la idea de retrato familiar y también la idea de encierro en estructuras de la época o en el proceso del duelo.

El título de la película, “La luz incidente” por si sólo nos inunda de belleza estética y a la vez tiene una carga simbólica muy fuerte. Incidente es aquello que sucede en el transcurso de un proceso, alterándolo o interrumpiéndolo. 

Y justamente será el encuentro casual con un hombre en una fiesta de casamiento, lo que incida en el proceso de duelo de Luisa. En este punto, el negro que identifica a la tristeza de Luisa, se contrapone a la luminosidad de Ernesto (Marcelo Subiotto), que contagia humor en cada una de sus apariciones, que además estarán siempre acompañadas por música incidental. (Otra perla de la película es la música jazz interpretada por la banda del trompetista Mariano Loiácono)

Así como Erica Rivas compone a la perfección a esa mujer apesadumbrada, metida hacia adentro; con la sola mirada y sus gestos; la elección de Marcelo Subbiotto para encarnar a Ernesto, es otro gran acierto del director, ya que no lo coloca rápidamente en el lugar del galán conquistador de corazones, y lo vuelve más cercano al espectador. Ernesto es el anti-galán, pero un hombre con recursos simbólicos económicos y humorísticos. Es también un hombre decidido pero que tendrá que esforzarse  e insistir para conquistar a esa Luisa extraviada en el duelo.

La aparición de Ernesto, pondrá a Luisa en una encrucijada entre la presión social y familiar por procurarse una estructura económica y una figura paterna para sus pequeñas hijas, y el apego al duelo y a la figura idealizada del esposo muerto. La resolución del film es coherente con los cánones de la época en que se desarrolla y el travelling hacia atrás del final es de una belleza sublime.

“La luz incidente” de Ariel Rotter, en contraposición a productos plagados de despliegues técnicos pero vacíos, es un ejemplo de que cuando hay una buena historia para contar se pueden utilizar los recursos técnicos y formales del cine, de manera austera por cierto, pero al servicio de ella, y enriqueciéndola al construir una singular estética.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

La luz incidente