“Oda a la dignidad”. La loi du marché (2015), de Stéphane Brizé

Victoria Leven 24 - Febrero - 2016 Textos

 

Vemos un hombre de unos 50 años, vestido de traje y con mirada taciturna, se encuentra parado en el pasillo de un paseo de compras, rodeado de la decoración típica de las épocas navideñas. Observa, controla todo a su alrededor. Parece solo en el mundo, como recortado en un espacio que lo tiene detenido en el tiempo. No es ni más ni menos que Thierry, un simple empleado de seguridad en su diaria rutina de trabajo.

El brillante actor Vincent Lindon, encarna en “El precio de un Hombre” a Thierry, un hombre de mediana edad que está desempleado, en una Francia contemporánea y que más a la izquierda o menos, su sistema es netamente capitalista.  Thierry tiene una mujer ama de casa y un hijo discapacitado a su cargo. Lo vemos padecer en su derrotero, la búsqueda constante de empleo en casi todo el relato, y pareciera esto un intento de construir una postal socio-política actual de una clase media en Europa, con sus miserias morales y sus contradicciones éticas.

El Realizador de este film es el francés Stéphane Brizé,  que hoy con 49 años, nos trae esta nueva propuesta cinematográfica, su sexto film, y el tercero con el excelente Vincent Lindon. La película fué co guionada con Olivier Gorce con quien se involucró en la investigación de campo, yendo a reuniones de desempleados, entrenamientos para buscar trabajo y otras experiencias que los acercaran a la realidad de la historia.

Es así que Brizé arremete en este film con un tratamiento estético-discursivo de sesgo documental, incluyendo en la propuesta una gran cantidad de “no actores” lo que según Brizé le otorgó el equilibrio justo entre ficción y realidad. A su vez la mirada trabaja como una cámara espía/testigo, móvil y flotando alrededor todo el tiempo alrededor del protagonista, con tomas largas y silencios sostenidos por la mirada honda de Lindon.

Pero esta es tan solo la cáscara de un ir hacia lo documental, la costra que recubre una propuesta cinematográfica que en este caso se me presenta débil, con golpes bajos y minada de lugares comunes.

El tema del film se presenta como “la crisis entre la ética del sujeto vs la moral social”. Una batalla que nunca tiene un ganador absoluto ni un perdedor infinito.

Muestra entre otras cosas el corazón del sistema capitalista, que vive alimentándose de su mismo formato fallido, de sus propias crisis, de su opresión y su debilidad. Serán sus personajes los que tratarán de construir dentro de esa construcción, un universo de valores que les permita entrar y salir “del sistema” para creer que más allá de todo, son libres. Afirmación imposible.

Aquí la trama gira sobre el desempleo de Thierry como conflicto disparador. Eso nos pone a la vista como hoy se han creado nuevos mecanismos sicopáticos para poner en jaque al sujeto en busca de la subsistencia. Entrevistas laborales despiadadas por skype, test de capacidad de todo tipo, entrenamientos de capacitación inútiles, y siempre la desacreditación como moneda de cambio.

Hasta que un día, por corte, lo vemos ocupando un cargo de “empleado de seguridad” en un shopping, deambulando por los pasillos, mirando al sesgo la realidad.

El momento, creo yo, más atractivo de la película, es cuando le enseñan a controlar el lugar a través de 60 monitores en la cabina de control. Lo instruyen para saber sospechar, para dudar de todos los caminantes, y poder descubrir “los potenciales ladrones que hay en todas partes”. Ese rol es el de asumir el lugar del gran ojo controlador es un lugar ético complejo, ingrato pero sin concesiones.

No puedo negar que esa imagen perfecta de la cabina me remitía a los 60 monitores que ví hace muchos años sentada en la cabina de control a la hora de guionar el famoso programa “Gran Hermano”. Perfecta metáfora del ojo de “El Gran Otro”: El Capital.

Podriamos pensar que el film resuelve su conflicto cuando Thierry consigue este trabajo y nada más hay que esperar que pueda mejorar su vida. Adquirir los préstamos que ahora le dan en el banco, la escuela que podrá pagar de su hijo, y otros avatares clichés de la vida cotidiana.

Pero allí no se resuelve el conflicto interno del personaje, pues ¿es este el precio que debe pagar un hombre por tener un trabajo que lo haga sentirse digno? ¿Tener un trabajo nos asegura ese lugar de dignidad en el mundo?Vincent lo dice sin palabras, lo dicen sus miradas, las escenas de arresto a quienes roban en el mercado, el día a día de su tarea, en la que él es ni más ni menos que “el representante de la seguridad del sistema”.

La tensión ética del personaje tendrá resolución o no, eso es algo que no voy a develar en esta nota.

Pero como había mencionado, el relato cae en infinitos lugares comunes, el guión no le da la libertad expresiva a la narración, sobremarcando las desgracias que Thierry vive día a día. Así es que solo logra que lo que podría ser “verdadero”, no nos importe, pues resulta maniqueo.  Su hijo discapacitado, el destino de una de las vendedoras que apresan robando, el anonimato que el sistema le otorga, la falta constante de recursos, el poder de los que tienen el poder, todo está llevado a un punto de obviedad que deteriora la profundidad y la calidad del film.

El actor Vincent Lindon, en un excelente trabajo lleva con solidez el papel que le han otorgado: osco, taciturno, de pocas palabras, donde late una íntima sensibilidad , mientras parece llevar dentro un conflicto interno sin salida.

Si la premisa del film es: “La ética está en la mirada del otro” (Emmanuel Lévinas), Brizé ha fallado en su análisis, pues no encuentra nada nuevo para decirnos sobre este foco que el relato insinúa proponer como un valor narrativo.

Sentado detrás de los monitores Thierry observa a una mujer con un producto en sus manos, llevando su carrito por los pasillos del mercado. Tal vez ella piense en robar, tal vez no. No deja de observarla desde cada ángulo que la cámara le permite. Su compañero le explica: “no importa lo que suceda, no importa si lo robará, para nosotros solo importa la sospecha

Victoria Leven

victorialeven@caligari.com.ar

 

La loi du marché