Descenso a los infiernos. La isla mínima (2014) de Alberto Rodríguez

Francisco Caparros 17 - Febrero - 2016 Textos

 

A mediados de la década de 90 España asistió traumatizada a la desaparición y asesinato de tres adolescentes en Alcaser, Valencia. El caso explotó en los medios de comunicación y a día de hoy sigue dividiendo a la sociedad española por su juicio y condena. La historia combinaba ciertos elementos, que al igual que en ciertos casos policiales de Argentina, hacían más interesante su cobertura. En primer lugar las víctimas eran adolescentes mujeres que provenían de una clase baja. Pero lo más importante es que los asesinatos no se habían cometido en una gran ciudad, donde los peligros son mayores, sino en una pequeña comunidad del interior del país. Pueblos chicos en donde todos se conocen y en donde el asesino puede ser cualquier vecino.  Casos como este no solo rompen la ilusión de tranquilidad y serenidad sino que desatan una casa de brujas por saber quién es el responsable. Pese a que el caso se resolvió se sigue manteniendo una incertidumbre, incentivada por los propios familiares, de que los verdaderos culpables continúan en libertad. Alcasser se convirtió en un sinónimo de que la justicia se convierte en castigo cuando se centra en los pobres.

Cuando La Isla Mínima se estrenó a fines del 2014 las comparaciones se hicieron notar y la tragedia de Alcasser volvió a la luz. Pese a que es definitivamente una obra de ficción es al mismo tiempo  el reflejo constante de esa y otras historias similares. El guion comienza con dos policías, Juan y Pedro, llegan a un pueblo perdido en el interior más rural de España a investigar un doble crimen a principios de la década del '80. El escenario son las marismas del Guadalquivir situadas en el sur de Andalucía, una región pobre y rural alejada del milagro económico español que se empezaba a ver con la caída de la dictadura. Pueblos chicos y agrícolas que viven sobreviviendo a la siguiente cosecha. “No lugares” en donde no hay nada que hacer salvo resignarse a la mala suerte. Comparada con True Detective, ambos proyectos se filmaron en paralelo, también la geografía y la fotografía tiene un rol central en acentuar esa sensación de oasis en el medio del desierto. Planos de grandes arrozales y pantanos que demuestran que no hay lugar a donde escapar.

Ambos no llegan con las mejores intenciones de trabajar porque como se dice al principio es solo una desaparición de dos chicas pobres y bastante fáciles. Desde el inicio se condena a la víctima y lo que les suceda es íntegramente su culpa. Nadie las ven como jóvenes que quieren escapar del aburrimiento, la pobreza y la falta de oportunidades; chicas que todavía no logran ver lo peligroso que es el mundo que las rodean. Incluso el famoso "no te metas" se vuelve una moneda corriente en tierras en donde el poder se concentra en unos pocos y el miedo a hablar se vuelve latente. Aunque nunca se den nombres la cinta avanza sobre la idea de si bajo la justicia somos o no todos iguales. Hay alguien, una sombra, que instiga los crímenes pero de quien no logran una mínima pista segura. Se empieza a sugerir las relaciones de poder y dinero en una comunidad deprimida y necesitada de trabajo.

Con pocas palabras pero con demasiados gestos se empieza a delimitar un escenario claustrofóbico en donde no solo las víctimas no pueden escapar. Ambos policías se sumergen en ese pantano en busca de la verdad pero a medida que lo hacen también lo hacen cada vez más en sus propias miserias. Siguiendo las líneas clásicas del policial y aunque presenta demasiadas sub tramas que no se continúan, La Isla Mínima es un relato crudo de la injusticia. Una historia de dos antihéroes descendiendo cada vez más a sus propios miedos y culpas en un infierno sobre la tierra.

Porque la película es también el adiós al régimen franquista y el inicio de la transición democrática un periodo clave en el cine español. Los dos policías reflejan el extinto y el nuevo régimen. Pedro representa la antigua policía, no tiene miedo de pinchar teléfonos, pegar golpes a la segunda pregunta y de torturar mujeres para sacar datos. Tiene un pasado oculto y aunque no lo demuestre muchos remordimientos que prefiere olvidar. Juan es a su vez su antítesis, representa la nueva España moderna, democrática e interesada por la verdad. Pero Juan necesita a Pedro para poder resolver el caso y aunque desaprueba sus métodos mira para otro lado cuando las cosas se vuelven feas. Como en la realidad las dos mitades están condenadas a coexistir y la nueva España tolera sin mirar los excesos de su compañera. Porque siempre es más fácil no meterse y actuar como si nada hubiera pasado.

Francisco Caparros

francaparros@caligari.com.ar

La isla mínima