Marcando Territorio. La intimidad (2017), de Andrés Perugini

Santiago Mariñas 8 - Mayo - 2018 Textos

 

Pensar el espacio siempre fue uno de los temas esencial a tratar en el cine. El espacio como mecanismo de narración. En esa linea, sin duda Alfred Hitchcock es el mayor exponente. Un director que priorizaba el espacio por sobre el tiempo y las elipsis. Pensar el espacio como regulador de las acciones de los personajes. En este sentido, “La Intimidad” presenta el espacio no como directriz de la acción sino como mero testigo, en relación al tiempo. El primer largometraje de Andrés Perugini, nos presenta al espacio como una especie de “cápsula del tiempo” altamente vulnerable.

Un documental, dividido en tres partes muy marcadas. En primer lugar, Perugini reúne material de archivo (filmado con cámara de video) en el que nos introduce a su abuela Irene, y a partir de su rutina diaria describe su relación con el espacio (su casa). En una segunda parte, el director registra como la casa es despojada de los objetos y muebles de la reciente fallecida Irene. Y finalmente, en una tercera parte el film se dedica a registrar la llegada de una nueva familia que compró la casa en cuestión.

A partir de esta marcada estructura, Perugini establece al espacio (la casa de Irene) como un testigo de tiempo. Cuidar el jardín, dar cuerda al reloj, tomar mate en el comedor, sentarse en la entrada de su casa. Todas esas actividades que realizaba Irene en su rutina diaria dejaban marcas en el espacio. Confeccionaban su forma. Una forma que parece imposible de borrar.

Con la muerte de Irene, el espacio se vuelve un personaje mas y adquiere un mayor peso dentro de la narración. Él fue el testigo de Irene y ahora es aquel que nos conecta con ella a lo largo del film. El espacio es ahora la presencia perdida (en términos físicos) de Irene, funcionando a partir de uno de los mecanismos del tiempo: el recuerdo. Al ver a la familia despojando la casa del reloj, la ropa de Irene, sus muebles, descuidando el jardín los recuerdos florecen pero solo para ir cayendo progresivamente en el olvido. Las marcas se pierden.

Una familia joven se muda a la casa. Cambian las paredes, traen otros muebles. El pasado se vuelve cada ves mas borroso. Las marcas que suscitan los recuerdos parecen fáciles de borrar. En eso vemos a la niña de la nueva familia bailar. La vemos por la ventana desde donde miraba Irene, bailando entre las flores que también cuidaba Irene. Las marcas reaparecen. El viejo espacio retoma su presencia en escena para terminar de recordarnos la primicia original del film ¿Es posible borrar las huellas del pasado? O mejor dicho, ¿es posible borrar las huellas del espacio?

Santiago Mariñas

santiagomarinas@caligari.com.ar

 

La intimidad