Hacer visible la ausencia. La hora de la siesta (2015), de Candelaria Pantaleon

Ivan Garcia 22 - Mayo - 2016 Textos

 

 

En “La hora de la siesta” se juega con los silencios de un pueblo dormido, y por extensión, los silencios de una familia marcada por una pérdida. Desde la perspectiva de Alma transitamos un espacio de atardeceres calurosos, de exploración solitaria y, en cierto punto, de liberación.

Durante esos atardeceres del pequeño pueblo ubicado en un área rural, Alma escapa de su casa mientras su abuela duerme la siesta, busca su bicicleta y se dirige a un gran depósito de agua junto a los pastizales a nadar durante el breve rato que se le  concede.  El agua y el nado la llevan a un lugar mejor, a una suerte de paraíso desconocido, representado por el mar.

El mar simboliza aquello de lo que no se habla, y se asocia a la figura de la madre, aquella ausencia que motiva los conflictos, las dudas y la curiosidad de Alma. Durante breves segundos en los que ella se sumerge en el piletón, se da una bella transposición que la transporta a las orillas de un océano, que le permite atisbar una figura  a lo lejos, pero que en definitiva no alcanza, porque la hora llega en que ella debe volver de su abstracción.

La madre de  Alma opera entonces en ambos personajes, y su ausencia marca todo aquello que la abuela se niega a explicarla a Alma, y que nos deja, espectadores, sin una respuesta o un conocimiento concreto del trasfondo. Ella no conoce el paradero de su madra, y tampoco conoce el mar, y se plantea una conexión entre ambos.

El punto fuerte del cortometraje no está en los escasos diálogos o en las actuaciones, sino en su manejo de lo no dicho, en hacer pesar las ausencias que motivan las acciones de su protagonista, y en las bellas imágenes que complementan y refuerzan estas ideas.

Ivan Garcia

ivanggarcia22@gmail.com

La hora de la siesta