Apostando al CONTINUARÁ. La flor (Primera parte) (2016), de Mariano Llinás

Victoria Leven 27 - Noviembre - 2016 -Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

Este nuevo proyecto del reconocido director argentino Mariano Llinás, dista de ser una simple película de autor, para presentarse como megafilm de 12 horas de duración, doce horas si si, tal cual lo escribo y dividida en tres partes de cuatro horas de extensión cada una.
No podemos dejar de lado que “Historias extraordinarias” (2008) fue un film de complejo entramado, con decenas de personajes e historias hilvanadas por cruces y encuentros, yuxtaposiciones y absurdidades , todo un desafío de casi 240 minutos intensos vertiginosos y con una fuerte apuesta visual cargada de narrativa.
El nombre del megafilm “La Flor” no es una imagen romántica, ni un canto a la naturaleza, sino más bien la pista de cuál es el paradigma estructural de esta compleja película. Aunque no pienso spoilearla creo necesario y pertinente describir como empieza el film donde se revela la definición de “la flor” como diseño narrativo.
Todo comienza con Mariano Llinás que nos habla a cámara detallando la relación entre la estructura del relato y la forma de una flor. Mientras abre una vieja libreta gastada va dibujando la flor que representa el diagrama del film y nos detalla cada una de sus partes: “Hola, esta película es así, son seis historias, hay cuatro que empiezan y no terminan, terminan en la mitad, son cuatro comienzos. Después hay una historia que empieza y termina, después hay otra que empieza en la mitad y termina todo el film. La película se llama “La Flor” y las seis historias no tienen otra conexión entre sí que sus cuatro actrices que trabajan en todas las historias haciendo personajes diferentes, Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa. La película está hecha con ellas y en algún punto sobre ellas. La estoy haciendo hace 5 años y va por acá, por la tercer historia”

Esta primera parte que se exhibió en el Festival narra solo dos de las historias, que como marca Llinás en la introducción citada, son esas que comienzan y que no tienen fin.
La primera tiene un corte digamos fantástico, como una película clase B del viejo cine americano. Sintéticamente nos narra la historia de un centro arqueológico en algún lugar de la Argentina donde llevan de manera inesperada una momia, la de una mujer aborigen con los ojos vendados y una mano extendida como pidiendo algo incomprensible. Esa presencia va a desatar entre las científicas del lugar una serie de incidentes sobrenaturales mezclando el terror y la fantasía. Esta momia cuasi diabólica pone en riesgo la vida de una de ellas y las obliga a recurrir a la ayuda de una mentalista que les saque las papas del fuego. Fin.
Entretenida y sin grandes aspiraciones de profundidad narrativa, me remite a aquellos viejos films de historias inverosímiles, donde te dejás llevar por el juego de las sensaciones de extrañamiento, de misterio y de absurdidad.
La segunda historia que compone esta Parte I, es extrañamente pintoresca para definirla mejor es definitivamente kistch. Nos cuenta la separación de una pareja de cantantes, uno de ellos encarnado por el genial Héctor Diaz y su compañera Pilar Gamboa, que cual una dúo estilo Pimpinela (pero acá no son hermanos!) todo ha llegado a su fin. Esta bizarra relación de varias décadas nos deja ver un vínculo amoroso devastado y a la vez la historia de un dúo cantoral con una decena de canciones de amor pegotosas y romanticoides, que han dejado un pasado de éxitos inolvidables.
Desde el punto de vista de cada uno nos vamos enterando las versiones de aquel encuentro que los unió para siempre, versiones tan opuestas como el amor y el odio que los une todavía. Por otra parte se dispara la historia de la asistente de Gamboa, una joven metida en un mambo de experimentos genéticos que solo Dios sabe cómo entender la relación entre esta subtrama y la historia principal.
Llena de canciones de amor cursis que atraviesan los recuerdos de la típica pareja que jamás podrá separarse, nos permite divertirmos con esos personajes estereotipados, y sus vaivenes emocionales. El pasticho de la historia secundaria será un desafío para el espectador, qué hacer con ella y cuanto gancho puede tener al fin de cuentas.
Las cuatro actrices que son el centro de las distintas historias pertenecen a su propia compañía teatral “Piel de lava” que data de más de diez años trabajando juntas. En estad dos historias se desenvuelven con carácter, precisión y ese estilo personalísimo que las define a cada una como excelentes artistas, metamórficas, intensas, carismáticas y seductoras.
La estética de la película está plagada de primeros planos y de una cámara móvil pero nunca espástica, ni brusca o invasiva. Maneja ritmos variados de mayor calma con planos fijos algo expectantes a o otros momentos más inquietos y tensos.
Tal vez el saldo de este primer fragmento es algo liviano en su contenido, sin grandes reflexiones aparentes, ni conflictos de esos que te calan hondo y te hacen salir de la sala del cine pensando en la vida más allá de la pantalla. Efectiva es, entretenida también, veremos que sucede cuando vayamos uniendo las partes que faltan y cómo se valida construir un film de semejante extensión y pretensiones.
Como toda narración que es solo una parte del todo, la proyección termina con aquel viejo cartel que nos deja leer un: CONTINUARÁ . Algo que me remite a las antiguas series de TV de hace décadas anteriores, o estas nuevas series contemporáneas pseudo cinematográficas que solo se pueden vivir de a pedazos y en el transcurso del tiempo.

Victoria Leven

victorialeven@caligari.com.ar

 

La flor (Primera parte)