Decir “Gracias”. La danza de la realidad (2013) de Alejandro Jodorowsky.

Manuela Rímoli 8 - Marzo - 2016 Textos

 

La vida de Alejandro Jodorowsky es indudablemente apasionante. Mimo, tarotista, psicomago, poeta, director y actor de cine y teatro son sólo algunas de sus múltiples caras. Caras, no máscaras. Su búsqueda incesante hacia la Verdad, hacia el centro de sí mismo hace que todos los pasos que ha dado hayan sido honestos. Nacido en Chile en el año 1929, nunca dejó de crear. Su historia se esconde detrás de todas sus películas -en especial El Topo (1970) y La Montaña Sagrada (1973)- pero es con su autobiografía “La danza de la realidad”, publicada en el año 2001, a través de la cual podemos conocerlo mejor y acercarnos de verdad a su mundo.

 

El libro se lee de un tirón, es fascinante, es ágil y, como todo lo que rodea a Jodorowsky, es mágico. Nos narra su vida, desde sus primeros años en Tocopilla, un pueblo al norte de Chile hasta el año 2000. El título, “La danza de la realidad”, hace alusión a la manera poética que tiene la vida de sucederse, lo que normalmente llamamos “las vueltas de la vida”; y este relato autobiográfico está considerado por el propio autor como un “ejercicio de autobiografía imaginaria”, no porque sea ficticia sino porque él ha dedicado su vida a ampliar los límites de su imaginación. Todo esto ya nos dice mucho de este poeta-psicomago-psicochamán.

 

En el año 2013, se estrena el film con el mismo título y para sorpresa de aquellos que leímos el texto antes de que se supiera que iban a llevarla al cine, la película difiere bastante. El film se centra en la infancia de Alejandro y, principalmente, en la vida del padre, Jaime Jodorowsky, un judío inmigrante que es rudo, testarudo, orgulloso y violento. Todo lo contrario a su hijo, tan sensible, pequeño poeta.

Sin embargo, ambas obras se retroalimentan de una manera especial, típicamente “jodorowskiana”. En la obra literaria nos enfocamos en la vida y obra de Alejandro y también llegamos a sentir cierto rechazo por ese padre violento que no se da cuenta no sólo del tesoro que tiene como hijo sino de que, justamente, todo hijo es un tesoro; en la película, pareciera que Jodorowsky “hijo”  quiere hacernos conocer un poco más a esa figura paterna que tanto lo marcó en su infancia y adolescencia… quizás sea una manera de perdón. O un acto total y maravilloso de psicomagia (la psicomagia es una vía para curar el alma y así curarse uno mismo de todo mal que nos aqueje; mediante la (auto) comprensión del problema que cada persona tenga, viene la curación, el paciente se transforma en su propio sanador) *.

 

 Otra de las diferencias en la película es la clara crítica a la violencia y a quienes ejercen el poder con violencia. Si bien dicha crítica es una constante en la vida y obra de Jodorowsky, la película la tiene como eje central de su narración. Toda esta concepción antiviolencia se refleja poéticamente, como bien sabe hacerlo el director, en una escena en la que Jaime, después de ver morir a su único amigo, se topa con soldados nazis que lo maltratan y lo violentan, se defiende a los golpes y, al ser golpeados, los soldados caen al suelo y allí se quedan gimiendo y llorando como bebés de pocos meses de vida.

A este hermoso acto que es “La danza de la realidad” se suman con gran talento sus tres hijos: Brontis (en el papel de Jaime Jodorowsky, su abuelo. Vale recordar que Brontis es el niñito desnudo, hijo del protagonista de “El topo”, a quien Alejandro hace enterrar el retrato de su madre en la arena), Cristóbal (como Teósofo, un dios luminoso que se encuentra con Alejandrito en la playa; recuérdese también la intensa labor como psicomago de Cristóbal en la vida real, siguiendo las enseñanzas de su padre) y Adán (como “el anarquista” y también como el músico compositor de la banda sonora del film).  El papel de Alejandro niño está en manos de un expresivo Jeremías Herskovits (su primera actuación en cine) y el de Alejandro adulto, en manos del mismo Alejandro con sus intensos 87 años de edad.

El trabajo musical de la película es notable, como ya se mencionó, estuvo a cargo de Adán Jodorowsky (la música adicional, los arreglos y la orquestación, a cargo de Jonathan Handelsman; como también todo lo que canta la soprano chilena Pamela Flores, quien interpreta a la madre de Alejandro, Sara. Todo lo que ella diga será cantado como en una obra operística).  

El director nos acostumbró a películas creativas, con tintes de magia y poesía, con efectos especiales que, lejos de la grandilocuencia actual, generaban una sensación de fantasía aún mayor. En su última película cuenta con efectos especiales digitales y quizás le quitan un poco de esa magia a la que el director nos tenía acostumbrados. Si bien no abusa de los efectos, lo metafórico pierde su intensidad por la literalidad cinematográfica. Sin embargo, nuestro poeta sabe lo que quiere transmitir y generar y nada se lo impide.

Alejandro Jodorowsky se expande, con su conciencia, con su poesía, con su arte. En una hermosa escena del film, su madre le dice “si quieres sobrevivir tienes que pasar desapercibido” y, afortunadamente, él no le hizo caso, porque su deseo no era sobrevivir, sino vivir. Si logra pasar desapercibido, le aclara su madre, él podrá ser “amo como el aire”, sin embargo decide ser amo como la tierra, como el fuego, el agua y el aire.

Se expande. Y nuestra alma, que es nuestro dios interior (como Teósofo le dijo hace años en una playa de Tocopilla), también. Gracias, Alejandro Jodorowsky.

Manuela Rímoli

@manuelarimoli

manuelarimoli@caligari.com.ar

 

*Para más y mejor información sobre la psicomagia existe los libros “Psicomagia” y “Manual de psicomagia (consejos para sanar tu vida)” ambos escritos por Alejandro Jodorowsky y editados por las editoriales Seix Barral y Siruela.

 

La danza de la realidad