“La vida es diferente cuando se la vive a cuando se la analiza después”. La chambre bleue (2014), de Mathieu Amalric

Agustín Hernandez 2 - Agost - 2016 Textos

 

 

 

Julien (Mathieu Amalric, también director del film) deberá reconstruir ante diferentes agentes de la justicia una historia que probablemente habría acabado considerando casi insignificante, la de su relación con Esther (Stéphanie Cléau), mujer casada al igual que él, que solo posee carácter de conocida hasta que ambos descubren estar arrastrando la misma sensación de historia incompleta con el otro.
"¿Cuántas veces lo mordió?", "¿Cree que esos mordiscos eran parte de un plan determinado?", le preguntan oficiales a Julien al tiempo que vemos el recuerdo de Esther preguntándole, "¿Qué la vas a decir a tu esposa si pregunta?"; así Amlaric nos despliega el film sin apartarse demasiado del orden cronológico, las preguntas y los intentos de respuesta nos transportan de los edificios judiciales hacia el hotel en la ciudad donde se desarrolla la relación con Esther y a la casa en el campo donde acontece la vida oficial del jefe de familia, acompañado por una esposa tan perfecta como la hija o la pequeña empresa.

Entre tantas respuestas llegaremos a los crímenes que originan las preguntas, la solución de estos no importa, los culpables los podemos dejar a nuestra elección o a pequeños detalles que ignorarán otros pequeños detalles. Es una película sobre personajes y palabras con lados bondadosos y lados perversos: un hombre que tuvo que llevarse a sí mismo hasta el éxito o la buena vida desde la nada o lo poco, cuyo único pecado fue la amante que le hizo conocer la cima del placer sexual, de la cual se deshizo como buen jefe de familia que es, o, un hombre que batalla ante un inmenso complejo de inferioridad —donde hasta el cuerpo real que encarna a Julien cumple un rol fundamental— que pareciera no comprender qué motiva sus actos y afirma que no hay causa para sus palabras. Del otro lado, una mujer ingenuamente enamorada, salvada por la fortuna de un matrimonio que no quería o que ya no quiere, que sin darle importancia a la condición pública de su situación de amante envía cartas coloridas en el anhelo de que el amor real se concrete, o, quien verdaderamente, con frialdad y cálculo preciso, llevó las riendas de todas las historias, una mujer cuyas preguntas estereotipadas debieron haber recibido respuestas serias.

Una obra de Geroges Simenon llevada a una pantalla cuadrada acompañada por una música precisa con luces y cuadros que no pretenden volar, sino construir, nada por fuera de lo esencia, de lo que construirá la historia y los personajes.

La chambre bleue