“Jamás podremos escaparnos del lenguaje”. La academia de las musas (2015), de José Luis Guerín

Victoria Leven 17 - Abril - 2015 Textos

 

José Luis Guerín es un brillante director español de 56 años que desde los años 80 comienza a experimentar en formatos menores, video casero y super 8; sobre el universo polisémico de la imagen cinematográfica.

En este caso nos impacta con su sexto y último film “La Academia de las musas” una búsqueda documental  que viaja hacia la ficción - narrativa ya experimentada en otros de sus films - pero en esta película aborda algo no investigado por él anteriormente: la intertextualidad entre la imagen y la palabra en su máxima plenitud poética.

Como gran ensayista de la arquitectura de la imagen, aquí pone junto al mundo visual la exploración sobre la palabra en sus dimensiones poéticas, filosóficas y hasta esencialmente eróticas.

El argumento se presenta con una aparente simplicidad: un docente erudito Raffaele Pinto dicta un especial seminario en la Universidad sobre “La escuela de las musas” - las 9 musas griegas - y sobre la mismísima Beatriz, mujer que fue la musa definitiva de Dante Alighieri para todas sus obras, y en especial para su obra maestra “La Divina Comedia” (año 1304), todo enmarcado dentro del universo de la poesía.

Sus alumnos son un pequeño grupo de mujeres subyugadas por la seducción del Maestro. El poder de sus saberes y su proyección deseante sobre lo poético y el universo femenino. A esto lo acompañará íntimas charlas con su esposa, debatiendo sobre sus teorías acerca de las musas, del sentido de la palabra, del amor platónico, del deseo y del vínculo con sus jóvenes estudiantes.

La poesía y la música transformaban a las bestias en hombres, por eso jamás podremos escaparnos del lenguaje refiere el Maestro en una clase. Algo que definitivamente lo une al mismo pensamiento del director, sea en música, en imagen o en palabras jamás podremos escapar del lenguaje, algo en lo que Guerín insiste en reflexionar en cada uno de sus films. Hay otra cita que a mi parecer los une nuevamente, cuando R. Pinto debatiendo con su mujer afirma ”Yo reparto dudas!!”, una mirada que el director transforma siempre en narración: dudar de todo, ante todas las cosas.

El film que se abre inicialmente como un documental y va transformándose en un relato ficcionado, cuando las jóvenes estudiantes llevan fuera de la clase las enseñanzas y las reflexiones individuales que en ellas se disparan , y que las empujan a la acción, al acto de cristalizar esas ideas en el plano de lo real.

¿Qué mujeres podrán ser musas?, ¿No hay hombres que puedan ser musas de las mujeres? ¿Qué significa ser tan solo el objeto del deseo del otro intocable y platónico?, y si fuéramos musas ¿Qué vamos a predicar hoy en esta realidad tan lejana a esas musas griegas y a esa Beatriz del siglo XIV?

Las preguntas se despliegan y cada una de las alumnas construirán diversas experiencias en pos de hallar sus propias respuestas. Estas musas reales poseídas por la búsqueda, juegan el rol de las fieras féminas salvajes que custodian el deseo antes que cualquier otra cosa.

Hasta aquella misma que atraída por su Maestro se implica en un rol de amante platónica, fantasmagórica y a su vez tentadoramente sexual, viajando hasta las fronteras del ansia.

El rol de la esposa de Rafaelle Pinto es una clave en el film. Es la gran cuestionadora de las afirmaciones de su marido, una mujer brillante que sabe claramente sobre ese séquito de jóvenes que lo rodean y define su lugar con solvencia y una inteligencia envidiables.

En cuanto al film - en su forma narrativa- vibra y fluye como un mismo poema en verso libre, con las sinuosidades del deseo puesto en la palabra.

La cámara intimista habita los primeros planos con sensualidad y eficiencia técnica, utilizando los reflejos de los rostros tras los vidrios, sobre el agua y otros “a través de” haciendo de eso una mezcla de realidad cristalina y deformada al mismo tiempo.

Espía con sutileza y naturalidad, parece no estar allí, no quiere ganarle a las palabras que reinan el relato, pero su presencia sella en definitiva la cercanía entre los pensamientos y los sentimientos de los personajes.

Este film es ambicioso en su meta, pero no por ello es meramente una exposición intelectual inaccesible, sino que es más bien un volver al sentido infinito y amplio de la palabra, de la poesía y de las emociones.


Brillante relato, imperdible sin duda alguna.

Victoria Leven

victorialeven@caligari.com.ar

 

La academia de las musas