La infancia 180º. L'enfant d'en haut (2012) de Ursula Meier

Rocio Molina Biasone 29 - Octubre - 2015 Textos

 

L’Enfant d’en haut, de Ursula Meier, puede contarse dentro de esas películas en las cuales se decide explorar el mundo desde la perspectiva de un niño. Un niño que suele ser huérfano, o simplemente abandonado. Sea como sea, está sustancialmente solo, y por instinto debe ir perdiendo algo de lo “niño” para vivir.

 

VOLEUR
Simon, interpretado excelentemente por Kacey Mottet Klein, nos es presentado en su lugar común: un centro de esquí en Suiza. Nos es presentado, también, como un ladrón, pero que llama la atención por lo experimentado: no roba como pensaríamos que podría hacerlo un niño de 12 años, es decir, torpe, dudoso, y con miedo de ser visto. Lo hace con estrategia, con cálculo, con calma y experiencia. De hecho, aprendemos que ese es su “trabajo”: robar esquís y otros elementos, arreglarlos, y venderlos. Es el mismo personaje que podríamos encontrar en las avenidas de Buenos Aires, vendiendo objetos en los semáforos, o como mantero en la vereda. Una conversación entre Simon y el escocés Mike, un empleado del resort, resume las opiniones más inmediatas que todos podemos tener sobre un niño que roba:

- ¿Porqué robás? Voler, ¿pourquoi?
- No lo sé… Para comprar cosas.
- ¿Cosas? (ríe) ¿Qué cosas? ¿Juguetes? ¿Unos DVDs? ¿Videojuegos?
- Oh, no, señor. Comida, papel higiénico, leche, pasta. Ese tipo de cosas.

Cuando vemos en detalle el trabajo que hace arreglando los esquís, hasta nos despierta alguna admiración. Más aún cuando cocina, lava, mantiene su casa, todo solo. Lo mismo que en una persona de veinte años no nos sorprendería, en Simón nos da lástima. Porque sí, tiene 12 años, más allá de tener que alimentarse solo, tampoco goza de cuidado afectivo. Aparentemente huérfano, no nos sorprende que busque una figura materna en el personaje de Gillian Anderson, una mujer inglesa adinerada, madre de dos niños, que los lleva al centro de esquí. Pero hay algo más en este intento de conexión que hace Simon.

SISTER

Louise (Léa Seydoux) es la verdadera dueña del departamento, la hermana mayor de Simón, por quien éste hace todo. Sin embargo, aunque está en edad para tener trabajo, no logra mantenerlo. Es inestable, está más interesada en divertirse con sus parejas, o en cualquier cosa que no sea tener que cuidar de Simon. El trato entre ambos se nos hace completamente ridículo, hasta tragicómico, porque es como si él fuera la figura paternal en esa relación: le trae para comer, le presta dinero para salir y para ir de compras, le pregunta a qué hora volverá, y se resigna a su adolescente falta de interés.
Este pequeño mundo al revés en el que nos hemos introducido se nos hace aún más inestable cuando se nos revela que, biológicamente, Louise es su madre. Digo biológicamente, porque este no es ni fue nunca el rol que ella asumió. Poco sabemos de las circunstancias en las que lo tuvo. Sólo sabemos que, por su edad, debe haberlo tenido en su temprana adolescencia, y que se negó a abortarlo: no porque de hecho lo quisiera, sino como oposición a sus padres y a su entorno. Sabemos que escapó, y que sus padres no están presentes. No sabemos si fue violada, o si fue con alguien de su edad. Nada. Porque no cambia nada en la situación en la que se encuentran: están unidos por algún vínculo, alguna conexión, algo roto o revertido. Aquí se esclarece qué es lo que sucede en su conectarse con la mujer inglesa: para empezar, es físicamente muy parecida a su propia hermana-madre, como una versión suya 20 años mayor, una edad a la cual ella podría haber sido su madre en vez de su hermana. Además, es madre, tiene hijos no mucho más chicos que él, por lo cual se ve atraído a conocerla. El problema es que él no sabe cómo ser un hijo. Simon imita, con esta mujer, el trato que él tiene con su madre biológica: quiere pagarle el almuerzo, ayudar a sus hijos a hacer cosas. La mujer no comprende, se niega a que un niño le pague cualquier cosa, se horroriza un poco ante una acción que Simon hace sin comprender luego la reacción. Probablemente no haya sido “hijo” en mucho tiempo: es una categoría social, que se aprende.
Lo haya parido o no, Louise no es su madre, probablemente nunca lo sea, porque no tienen una relación madre-hijo, tienen una relación de hermanos. A Simon esto ni siquiera le molesta, el quiere poder vincularse y recibir su afecto y atención, ya no necesariamente su cuidado, él aprendió a cuidarse sólo.

 

ENFANT, JAMÁS

El final es casi trágico. Habiendo sido descubierto robando, Simon ya no es una fuente de ingreso, y Louise finalmente parece conseguir un trabajo como empleada doméstica, y estar determinada en sostenerlo. No sólo eso, sino que lleva a Simon consigo para no dejarlo solo, mostrando por un día que puede ser tanto trabajadora como madre. Pero todo esto es nuevo, y Simon ha aprendido a ganarse su dinero robando, y no dependiendo de Louise. En una de las casas, que termina perteneciendo a la mujer inglesa, Simon roba un reloj. Es atrapado. Y Louise despedida. Aquél sistema de supervivencia al cual el niño estaba tan acostumbrado, termina arruinando una posibilidad de un cambio en el mismo sistema. Cualquier intento de mejora y toma de responsabilidad que había asumido Louise, se ve imposibilitado por las mismas acciones de su hermano-hijo que ella había avalado en su momento. Este evento causa un quiebre en la relación, el rechazo de Louise a Simon, la huida de este a donde pertenece, a lo alto, en el centro de esquí. Las angustiosas escenas finales, en las que toda posibilidad de forjar un vínculo parece perdida, ese sentimiento de desesperanza en Simon, es abruptamente interrumpido por unos pocos segundos finales: Simon baja en un teleférico de la montaña que ha sido abandonada en el fin de la temporada invernal, sólo, triste; por contramano viene otra cabina, su hermana-madre está ahí, mirándolo preocupada, golpeando el vidrio, y hablándole. Sí lo quiere.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

L'enfant d'en haut