La poesía de lo cotidiano, L'ecume des jours (2013), de Michel Gondry

Rosario Iniesta 20 - Octubre - 2015 Textos

 

 

La espuma de los días, basada en la novela de Boris Vian, es un universo onírico más al que nos tiene acostumbrados Michel Gondry. Influenciado por Jan Svankmajer y Jean­Pierre Jeunet y con el encanto de la dupla Audrey Tautou­Romain Duris, la película es una fantasía estéticamente bella en un París contemporáneo, utópico, hecha con humor, amor e ilusión.

Su narrativa se basa en la imagen, no tanto en los diálogos, que sorprenden de lo ilusorios a la par que honestos. Se verbaliza y naturaliza todo aquello que en la vida real se imposta. Gondry juega mucho con los tiempos, utilizando los recursos de tiempo invertido, ralentizaciones, stop­motion. Su formación proveniente del videoclip es siempre un valor añadido en sus obras, que no pasan nunca desapercibidas por su particular estilo. Podríamos decir que si Gondry conociera a Chema Madoz (fotógrafo español) parecería haberse influenciado en la utilización múltiple de los objetos. Todo está detallado, todo importa. Cada pieza de la maquinaria cumple su función y tiene corazón. El resultado es un magnífico idilio entre París, las palabras, la imaginación y las ganas de vivir.

En su perfecta vida de inventor que no tiene obligación de trabajar sino de disfrutar, en la que su cocinero Nicolas y su mejor amigo Chic son los perfectos compañeros de aventura, Colin (Duris) se desliza por los días con un entusiasmo trepidante pero algo falta. ¡Exijo estar enamorado! es su declaración de búsqueda de la pieza restante en su vida. Y aparece Chloe (Tautou). Y bailan. Y cantan. La habitación se mueve al ritmo de Duke Ellington.

Pero no podía ser eternamente hermoso. Todo empieza a caer cuando Chloe enferma. La utopía se transforma en distopía. Los colores comienzan a desteñirse, las habitaciones oprimen volviéndose más estrechas, Nicolas envejece prematuramente en pocos días, Chic se obsesiona por Jean­Sol Partre (una parodia de Jean­Paul Sartre), arruinándose económica y mentalmente, perdiendo a su mujer por el amor a la literatura.

La vida real llega de golpe y Colin debe trabajar para pagar el tratamiento de su amada. La representación de las fuerzas de seguridad recuerda a la adaptación de Truffaut en Farenheit 451. La sensación es de caos y desasosiego. Colin debe aferrarse al último ápice de ilusión que le queda. En uno de sus muchos sacrificados y absurdos trabajos vemos cómo es el responsable de dar malas noticias con anticipación. Hasta que le toca llegar a su propia casa. Y allí todo se derrumba.

La historia tiene todos los elementos para ser una bella pero intensa reflexión sobre la vida y la sociedad contemporánea. Logra conectar desde el comienzo por su evidente belleza estética y tono de comedia por momentos bordeando el surrealismo. Para Gondry siempre es imagen antes que palabra pero al elegir un relato tan conmovedor, la tarea se convierte en placer audiovisual.v

Rosario Iniesta

rosarioiniesta@caligari.com.ar

 

L'ecume des jours