Recuperar la libertad. Kombit (2015), de Aníbal Garisto

Ivan Garcia 14 - Marzo - 2016 Textos

 

 

Haití fue el primer país latinoamericano en romper las cadenas de la opresión colonial hace ya cientos de años. Con el paso del tiempo se convirtió en una tierra próspera y con una gran industria agrícola. Sin embargo hoy, a principios del siglo XXI, es el país más pobre de la región, y una nueva ola de colonialismo parece haberse instaurado a partir de tratados de libre comercio con los Estados Unidos y la aparición de una policía militarizada que por un lado vulnera los derechos y las posibilidades laborales de los habitantes en general y de los trabajadores del campo, productores de arroz, en particular, y por otro lado reprime las posibilidades de revueltas o protestas sociales.

El documental Kombit comienza con este interrogante: “¿Qué pasó?”. A partir de entonces no asistimos tanto a una revisión histórica de los procesos que llevaron a Haití a su realidad de extrema pobreza actual, sino que desde esta situación presente se plantea un estado de la cuestión, analizando cómo el abandono estatal y los tratados con Estados Unidos se ocuparon de empobrecer a la población desde los años ochenta. Para esto se le cede la palabra a unos pocos representantes de la cultura Haitiana: una historiadora, un representante social, y un contador que trabaja dentro de las comunidades agrícolas.

El Kombit es el trabajo comunitario, representa una vuelta a los valores de la división del trabajo rural poscolonial, donde cada uno se encarga de una parte, cada grupo trabaja la tierra y produce tanto para sí mismo como para su vecino. Tras experimentar el abandono estatal, la falta de inversión y recursos  destinados a este sector de la economía Haitiana que es de gran importancia, ya que genera cerca del setenta por ciento del trabajo, estas comunidades aisladas deben darse una mano entre sí para salir adelante, para conseguir seguir trabajando y viviendo en condiciones dignas. Un porcentaje ínfimo del PBI del país se les destina a estos grupos que tanto lo necesitan.

El abandono estatal no solo viene de la mano de los mínimos recursos destinados a la industria agrícola, sino también de las consecuencias inherentes a los tratados realizados con Estados Unidos. Se reemplaza la exportación del arroz local producido artesanalmente por la importación de un arroz de peor calidad producido industrialmente en Estados Unidos, pero financiado por el gobierno norteamericano, y por ende más barato. Ante esta situación los productores locales quedan sin posibilidad de venta. A todo esto se le suman por un lado catástrofes naturales como el devastador terremoto del 2010 y la epidemia de cólera traída por el desecho indiscriminado de desechos en el principal río de Haití, del que dependen millones de personas.

También se produce un giro en la estabilidad laboral que lleva a muchos de los trabajadores a trasladarse a áreas urbanas, y a conseguir trabajo en enormes fábricas donde son explotados, cobrando salarios de un dólar por día, y trabajando en jornadas de hasta once o doce horas. Todo esto es explicado con detenimiento por los distintos entrevistados, que ven con tristeza como el pueblo cada vez más se encuentra sumido en la miseria y la desesperanza. Sin embargo quien plantea un camino de salida, una posibilidad de esperanza, es el contador, hijo de campesinos, que tuvo la posibilidad de completar estudios universitarios y regresó a su tierra para ayudar a mejorar la situación de sus pares, trabajar y vivir junto a ellos.

Kombit no solo se detiene a realizar una crítica a la actualidad de Haití, sino que plantea la posibilidad de una salida por fuera de los valores impuestos desde la política, y por medio del trabajo tradicional. Abundan las imágenes de gran belleza del área rural, y durante largos trechos asistimos al trabajo incansable de los campesinos que solo conocen esa vida, que es la que les dio posibilidades a sus padres, a sus abuelos y a generaciones anteriores también. Ellos mismos se muestran preocupados y conscientes de la situación en que se encuentran, de la industrialización productiva y la precarización laboral.

Más allá del logro estético que representa todo este imaginario rural, se consigue revalorizar el trabajo de esta gente que ha sido olvidada y estafada por sus mismos líderes, reproduciendo sus costumbres y observándolos en su día a día, en pequeños trayectos de su trabajo, o en breves ratos de descanzo tocando guitarra en la entrada a su hogar. Aquellos que viven aislados de la vorágine del mundo del siglo XXI, que no por eso merecen perder sus condiciones de trabajo, aquellas con las que contaron a lo largo de toda su historia.  

Kombit muestra en poco tiempo, con gran claridad, simpleza y al mismo tiempo una gran belleza en sus imágenes, cómo un pueblo al que han sojuzgado, y que ha sufrido todo tipo de percances aún tiene la voluntad y la fuerza para seguir luchando y salir adelante. Así como hace más de 200 años sus antepasados pudieron liberarse de las cadenas en una revolución, hoy el pueblo haitiano encuentra una lucha remitiéndose a la ayuda comunitaria. El gran mérito de este documental yace en la efectividad que logra por su simpleza, por su enfoque directo. Y también por supuesto en saber fusionar con esto la belleza poética de sus imágenes para contar una historia.

Ivan Garcia

ivanggarcia22@gmail.com

Kombit