“Romper el círculo de una puñalada”. Kill Your Darlings (2013), de John Krokidas

Rocio Molina Biasone Martes 5 - Septiembre - 2016 Textos

 

≪He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura,

histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros

al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la

antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche,

quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron

fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría

flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz.≫


Allen Ginsberg, “Aullido” (“Howl”), Howl y otros poemas (1956)

Es difícil para nosotros — generaciones posmodernas, nacidas luego de que todas las artes hubieran ya sido atravesadas por uno o más movimientos de vanguardia, irrumpiendo en el apego al clasicismo, cuestionando forma, linealidad, realismo — imaginar que hubo un tiempo en que la poesía era una forma literaria fuertemente reglamentada, que seguía un rígido canon en cuanto a sus rimas, versos, estrofas. Hoy, rodeados de poetas, del creciente fenómeno del slam, de poesía en el cine, en videos, en teatro, en la calle, cuesta pensar que hubo una época en la que Walt Whitman era considerado un subversivo.


Kill Your Darlings se centra en aquel entrecruce de grandes poetas y escritores de la, así llamada, Generación Beat, en medio de su formación universitaria. El vínculo de Allen Ginsberg (Daniel Radcliffe), William Burroughs y Jack Kerouac se formó en torno a la figura de Lucien Carr, y llegó a un punto crítico y final luego de que éste asesinara a su intermitente pareja, o su atormentador, David Kammerer.

 

New Vision.


La estructura narrativa funciona como espejo de las discusiones y del manifiesto de este grupo, autodenominado “Nueva Visión”: un círculo, el tiempo no lineal, sino cíclico, de eterno retorno. Ideas inspiradas en la obra Una visión de William Butler Yeats, elaborada mediante el método vanguardista de la escritura automática. Este grupo basaba su tesis en tres conceptos básicos:
• La auto-expresión pura y desnuda, como base de la creatividad;
• La expansión de la conciencia del artista se logra a través de un trastorno de los sentidos;
• El arte está por fuera de toda moral convencional.Narcóticos, manifestaciones artísticas, delincuencia, sexualidad, acciones dadaístas, todo lo que está en el manual de un buen vanguardista, articulado en esta narración cinematográfica que, por más clásica que sea, no falla en dar cuenta de esa suspensión de los sentidos, ese distanciamiento provocado por drogas o experiencias extremas, entre los cuerpos y el espacio-tiempo. Mentes que todo lo pueden, y espacios de pura creación.Sin embargo, en su inevitable juventud e ingenuidad, el grupo parece dejar de lado parte de lo que Yeats intentaba transmitir en Una visión: que el estar “en fase” (así lo llamaba el autor), requiere de un balance tanto de conciencia como de ensoñación, pues el objetivo de esta búsqueda era encontrar el camino que a cada uno pertenecía. La importancia tanto de una conciencia sobre el “presente” ilusorio en el que se vive, y las decisiones que en este se toman, como de la conciencia sobre el tiempo como un todo, y que ese presente no es más que aquel en el cual se eligió vivir, uno entre innumerables simultaneidades.

 

Cupido y Duchamp


Pero el verdadero tema central, aquel que se menciona desde un inicio, aquel que es causa e hilo de este relato desde la perspectiva de Allen Ginsberg, aquel que se podría decir provocó el asesinato en cuestión, es el amor. No el amor entendido en cuanto fuerza positiva unificadora, claro está, sino el amor en el sentido más recurrente en el arte, ya sea literatura, poesía, o cine.
El amor en este sentido de obsesión, irrupción, fuerza breve y devastadora, es lo que más fácil rompe el círculo del cual tanto habla Lucien en un inicio. Ese círculo de repetición constante que es la vida, y que ellos buscan tan desesperadamente romper. Con la irrupción de Allen en la vida de Lucien y sus compañeros — una aparición por demás mística, en la que Allen se ve poseído por una especie de hechizo a lo flautista de Hamelín, siguiendo, sin pensarlo dos veces, una melodía de Brahms que resonaba por los pasillos de los dormitorios de la Universidad de Columbia, y que lo condujo al cuarto de Lucien — se da este quiebre.
El quiebre, sin embargo, como nos va dejando en claro el film, no se da por la mera singularidad de Allen, sino por el sentimiento casi instantáneo que se da entre él y Lucien, y por la respuesta-reflejo que esto tiene en la relación de Lucien con David, vínculo que en su caos termina por afectar al grupo entero.
Más aún, se podría afirmar que el quiebre, que empieza con Allen, concluye con el asesinato de David. Esta también es una instancia de excepción, en el círculo que se repetía hace años, por el cual David perseguía y controlaba a Lucien, por el cual Lucien se autodestruía. El amor de Allen por Lucien es el disparador que lleva a Lucien a tomar la decisión, y a recomponer su círculo, a entrar “en fase”, deshaciéndose de su atormentador.

“Allen:
— Hay cosas que, si las has amado, se vuelven tuyas por siempre.
Y si intentas soltarlas…
No hacen más que volver a ti.
Se hacen parte de quien eres…

Lucien:
— …o te destruyen.”

Podemos pensar la historia de una vanguardia como fue esta y tantas otras, como una historia de amor.
El amor y la vanguardia.
Ambos se destacan, y son más visibles que nunca, en tiempos de guerra y destrucción.
Ambos irrumpen, y generan caos o emoción. Obsesión o fanatismo.
Ambos, con su explosivo y vigoroso inicio, son seguidos luego por un rápido desencanto o vuelta al equilibrio.
Ambos son breves, y aunque necesarios, no eliminan el círculo, sino que lo renuevan, lo modifican, le quitan lo viejo y disfuncional, para empezar con una sensación de cero.
Ambos, al irse, dejan un nuevo ser, un nuevo estado de cosas.

“Nuevo”, sí.
Pero “estado”.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Kill your darlings