Una piedra no una bomba. Jovens infelizes ou um homem que grita não é um urso que dança (2016), de Thiago B. Mendonça

Juan Pablo Barbero 8 - Mayo - 2017 -Foco: 7º FICIC, Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín

 

Cuando una película funciona como un piedrazo más que como una bomba, ya que la bomba estalla todo y no deja nada y el piedrazo rompe el vidrio en varios pedacitos y en el piso todo roto, los pedacitos se pueden cambiar de lugar, hacer un vidrio diferente, no cuadrado como un espejo de baño, sino deformado como la realidad. Cuando un piedrazo rompe el casco de un policía la fuerza sale de muchas cabezas rotas anteriormente por los palazos de la misma policía. La calle llena de sangre forman un charco rojo de ideas pisoteadas en represiones, callando voces con disparos, con alaridos desesperados que se mezclan cuando un amigo es perseguido y todo el mundo grita un gol, el árbitro hace sonar el silbato y los aplausos de la gente tapan las injusticias de un país. Cuando la realidad es un muro inquebrantable hay que inventar otra para destruir, el teatro para romper, el cine para romper, en la calle, un vidrio.
Desarmada y vuelta a armar, una película que lucha en todos sus sentidos, una película que lucha en la ficción pero en lo real, lucha en la forma contra la estructura, lucha porque hay que luchar para resistir, el cine es un arma dispuesta a todo y preparada a combatir, porque la denuncia de la imagen es tan fáctica que duelen los golpes, los disparos pasan cerca y es nuestra sangre la que se mezcla en el charco en la calle. Un cine que denuncia entre el humo y no afuera como los noticiarios, un cine anti tele, anti todo, destruir, pero no estallar, una piedra no una bomba, porque la bomba es el lenguaje y la piedra el golpe. Los pedacitos se mezclan para encontrar nuevas formas, se enciman las pieles en orgías, se siente la piel, por eso después, duele.

Lo episódico como infeliz de la forma continua ya convencional, un colectivo artístico para atropellar, donde los escenarios de sus acciones son círculos cerrados pero también abiertos y cuando una idea sale a luz del sol la otra va a intentar apagarla. Pero todo se entremezcla, ficción, documental, no importa, es una película que no encaja porque no quiere encajar. Una película política que retrae al Cinema Novo de los 60 y 70, Glauber Rocha, Andrea Tonacci, porque el presente de esta película está obligada a dialogar con las fuentes más poderosas, porque un hombre que grita no es un oso que baila. No quiere entretener, sólo pelear, destruir para juntar los pedazos, verlos en el piso y desordenarlos para generar la fuerza del teatro dentro de la potencia del cine. Un montaje que grita, cierra el puño, golpea y luego lo levanta y grita revolución.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

 

Jovens infelizes ou um homem que grita não é um urso que dança