El enigma de la feminidad. Jeune et jolie (2013), de François Ozon

Carla Leonardi 16 - Junio - 2015 Textos

 

“Con diecisiete años, no puedes ser formal.
¡Una tarde, te asqueas de jarra y limonada,
de los cafés ruidosos con lustros deslumbrantes!
Y te vas por los tilos verdes de la alameda”.
“Aventura”, Arthur Rimbaud

 

La caída del padre en la época hipermoderna:
En principio adherimos para caracterizar a nuestra época a la noción de hipermodernidad, acuñada por el filósofo Gilles Lipovetzky, quien en “Los tiempos hipermodernos” la caracteriza como época que lejos de presentarse como tragedia o apocalipsis, implica una escalada al extremo de tres factores de la modernidad: el individualismo (que se convirtió en individualismo hedonista), el mercado (que se convirtió en globalización extrema) y la tecnología, que llegó a límites impensados, como la clonación o la manipulación genética.  
Este film ilustra claramente la cuestión de la declinación del padre en la época contemporánea; entendiendo al padre en tanto función simbólica instauradora de insignias o valores a partir de la cual pueda representarse y sostenerse un sujeto, acotando y regulando su goce. 
El padre biológico de Isabelle, vive en otro país, cumple con el aspecto legal de pasarle una pensión, pero no aparece manteniendo un vínculo afectivo ni cumpliendo un rol orientador. Lo mismo ocurre que su padrastro quien teniendo la ocasión de encarnar la función paterna, hace todo lo posible por desligarse de ella, ubicándose en un lugar de paridad o proponiendo enviarla con su padre biológico o a un internado. 
Por otro lado, podemos situar a partir de la película algunas de las respuestas posibles de los adolescentes de hoy ante la caída del padre.


En una entrevista acerca de la película dice Ozon: “Isabelle no se prostituye para sobrevivir ni para pagar sus estudios, sino porque siente la necesidad visceral de hacerlo. También habría podido drogarse o ser anoréxica. (...) No quería mostrar la adolescencia como un momento sentimental sino más bien como un momento casi hormonal, algo fisiológicamente muy poderoso ocurre en nuestro interior, pero al mismo tiempo nos sentimos anestesiados. Por eso violentamos nuestro cuerpo, para sentirlo e ir más allá de los límites. La prostitución era una forma de exacerbar este aspecto, de mostrar que la adolescencia plantea ante todo cuestiones relativas a la identidad y la sexualidad. Una sexualidad aún no conectada con los sentimientos.”
De este modo,  agruparse en torno a prácticas de goce,  vía la “búsqueda de experiencias” (deportes extremos, drogas, experiencias sexuales, prácticas llamadas “new age”) o el recurso a la imagen (la moda, las redes sociales), pueden resultar modos a partir de las cuales intentar hacerse un nombre.
Podemos pensar que Isabellle ante la experiencia insatisfactoria que resultara su primera relación sexual con el joven alemán, busca en la práctica de la prostitución “experiencias” a partir de las cuales posicionarse en relación a la pregunta ¿qué es una mujer? 
Dice Isabelle en una entrevista con el psicólogo: “Me gustaba concertar citas, hablar por internet, y luego ir, descubrir el hotel, no saber con quién iba a encontrarme. Era como un juego. En ese momento no sentía casi nada, pero después tenía ganas de empezar de nuevo con otro. Era una experiencia. “
En la escena en la cual la amiga le cuenta a Isabelle que una amiga suya accedió a tener sexo con un hombre para poder comprarse una cartera “Prada”, observamos cómo este objeto de consumo para una elite, puede ser también una manera de armarse una identidad. No se trata de “estar a la moda”, sino de portar la marca del objeto de consumo sobre el cuerpo.
Por otro lado, Isabelle se arma un perfil en una página de servicios en internet para que puedan contactarla los clientes y es así como “Lea”, de veintitantos años, estudiante de letras de la Sorbona, como se presenta ante ellos. Se crea una imagen a partir de la cual construirse una identidad.
En contraposición al padre y al padrastro,  su cliente Georges aparece para Isabelle como intento de suplir la carencia afectiva de parte del padre. Establecen un vínculo basado en la ternura. Encuentra en la relación de Georges con su hija (estuvieron distanciados pero intentan recomponer el vínculo), algo que le resuena con su propia historia.
Otro lugar es ocupado por el psicólogo, que a diferencia de la madre y la policía, no la juzga moralmente ni la culpabiliza, sino que la escucha e intenta leer sus prácticas sexuales como síntoma, o enigma a descifrar,  apuntando a  situar su responsabilidad subjetiva.

La relación madre-hija como estrago:
En el Seminario 17 Lacan sitúa a la madre como un estrago en tanto  es un gran cocodrilo en cuya boca está el niño y nunca se sabe cuándo se le puede ocurrir cerrarla. Lo que resulta tranquilizador es la posibilidad de que en potencia pueda hacerse uso de un palo (el padre) que proteja en caso de que esa boca se cierre.
La madre de Isabelle se presenta como una madre completa, sin fallas: “Siempre le di todo, fue consentida”, sin implicarse en qué de su posición determina ciertos efectos en su hija.
Ella está separada de un hombre que se ha ido a otro país, mantiene una relación con un hombre que está en posición de hijo (el padrastro) y tiene una affaire con Peter (el marido de la amiga), que mantiene en la clandestinidad. Y paradójicamente la trata a su hija de “viciosa”. No puede asumir abiertamente que no es sólo madre, sino una mujer con deseos.
Hasta la intervención de la policía, no advierte que algo pueda estar sucediéndole a su hija, no tiene un acercamiento afectivo ni de diálogo, la trata como una niña, sin darse cuenta de que Isabelle creció. Su posición es la del avestruz, elige no querer saber nada de eso (el crecimiento y la sexualidad de su hija).

Podemos sospechar dificultades de esta madre para habilitar a un hombre en el lugar de padre para su hija.

Asumir la posición de causa del deseo:

El comienzo del film con la subjetiva del hermano que observa a Isabelle con unos prismáticos mientras toma sol en la playa, ubica a la protagonista de entrada en el lugar de objeto de deseo.
De entrada Ozon, nos ubica al personaje más en la línea de la “femme fatale” (aunque sin el aspecto de llevar a los hombres hasta la perdición); que de la burguesa, ama de llaves del hombre.
A lo largo de la película vemos cómo Isabelle en su pregunta por la feminidad, no se ubica en una posición histérica. No se dirige a los hombres para situar su valor como objeto en tanto atributo fálico. No intenta cernir su posición femenina a partir del hombre, sino a partir de ella misma.
Isabelle prontamente es consciente del poder de atracción que ejerce sobre los hombres, lo asume y hace  un uso instrumental de su cuerpo, que no implica padecimiento ni sujeción al otro.

Momento de concluir; Invención de lo femenino:


En la película ante el hecho de la prostitución de Isabelle, surge una respuesta que juzga; tanto en las mujeres (la madre y la amiga de la madre, al situarla en el lugar de provocadora y de competencia peligrosa: “tiene el vicio en ella”), en la institución policial que la sitúa en el lugar de víctima por ser menor de edad, como  en algunos de sus clientes al sostener por ejemplo: “puta un día, puta para siempre”.
Ozon, por el contrario, no juzga a su personaje. Se sitúa más en el lugar del hermano o del psicoterapeuta,  ubicando tanto lo femenino como las experiencias de prostitución de Isabelle en la línea de un enigma, y acompañando a su personaje en las respuestas que pueda ir elaborando.
Por estructura, no hay inscripción de la mujer en lo simbólico. Pero si hay inscripción del Falo. La escritura del falo es el modo por el cual se intenta orienta la histérica para tratar de situar lo femenino.
Un análisis implicaría poder inventar una relación a lo femenino, más allá del falo, o de las insignias legadas por el padre.
¿El “caso Isabelle” se podría pensar como una posición femenina emancipada del patriarcado? Isabelle en tanto Lea, parecería ser efecto sintomático de la época contemporánea donde el padre no opera como ordenador del sexo, intentando como respuesta a la declinación del padre, cernir algo de lo femenino a partir de la búsqueda de “experiencias” sexuales vía la prostitución. En este punto está emancipada del falo por una cuestión de efecto de época, pues si bien su amo no es el Padre, sostiene el imperativo del discurso capitalista que empuja a consumir, ofertando su cuerpo y su imagen en tanto mercancía.
Una posición femenina es un punto de llegada, que implica que cada mujer pueda inventarse, a partir del vacío,  su propia versión de lo femenino; teniendo en cuenta que toda invención es simbólica, y no implica comprometer el cuerpo imaginario.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Jeune et jolie