Una mujer dispuesta a todo. Irréprochable (2016) de Sébastien Marnier

Carla Leonardi  31 - Enero - 2017 Textos - Foco: VII festival online MyFrenchFilmFestival

 

El primer largometraje del director francés Sebastien Marnier, “Impecable” (“Irréprochable”, 2016), en competencia en la sección Psycho de la Edición 2017 del “My French Film Festival”, en su temática es un drama social que está trabajado acertadamente por el director desde el género del Thriller psicológico.
El comienzo ya sitúa ciertos rasgos que caracterizan a la protagonista. Constance Beauveau (Marina Foïs) es una mujer de 40 años, agente inmobiliaria que ha sido despedida de su trabajo en Paris y habita en uno de los departamentos que tiene en venta la agencia. Expulsada, se dirigirá a tomar el tren hacia su pueblo natal, tras varios años de ausencia. La identificará el color amarillo de su falda y su blusa. De camino, contactara telefónicamente a su ex-jefe de la agencia inmobiliaria del pueblo, diciéndole que vuelve para cuidar de su madre y porque ya tuvo suficiente de Paris, y que quisiera volver a trabajar en la agencia. En el viaje en tren, conocerá a Gilles (Benjamin Biolay) un inspector fiscal parisino que viaja para visitar a su madre hospitalizada, con quien mantendrá sexo casual y rudo en varias ocasiones. Este inicio ya marca la cuestión del tiempo tanto en lo que refiere a ser considerada como un recurso humano útil para el mercado, como en lo que se refiera a la maternidad. También ubica a la protagonista como una personalidad avasallante que invade un lugar que no le pertenece, plantea su aguda inteligencia para inventar historias y manipular a las personas plasmada por el color amarillo y su disposición a ofertarse como objeto degradado hacia los hombres.
Al llegar a al pueblo se entrevistará con Alain (Jean-Luc Vincent), su ex jefe, y se encontrará con Philippe (Jérémie Elkaïm), un antiguo compañero con quien mantuvo una relación. Ambos le reprocharán su desapego, es decir, el haberlos dejado en banda y no tomar contacto con ellos durante todos estos años. Constance es consciente de sus encantos para seducir a los hombres y con ellos envolverá a Philippe para que, pese a su rencor y dolor, convenza a Alain de que vuelva a tomarla como empleada en la agencia. Constance es una mujer sumamente egoísta, se mueve según sus necesidades con los hombres: se pegará a la ellos cuando los necesite sea por dinero, por sexo o como compañía para paliar su soledad y los dejará cuando ya no los necesite y aparezca en su horizonte algo mejor, como fue el encandilamiento con Paris que la hizo partir del pueblo.
En una de las primeros encuentros con Phillippe le contará que durante los primeros 6 meses le fue muy bien en su trabajo en Paris y que su jefe la adoraba, pero que luego empezó a mandarle entre 50-70 mensajes obscenos por día y que un día se le apareció en la puerta de su casa para llevarla en un fin de semana romántico. Constance le dirá que le dijo que tenía que parar porque lo iba a denunciar por acoso laboral, y que al día siguiente fue despedida. Y no sólo eso, sino que la puso en una lista negra y se contactó con otras agencias de Paris para que no le dieran trabajo, por lo cual lleva un año desempleada. Este relato ya sitúa una posición que proyecta el goce en el lugar del Otro, un otro que es malo y absolutamente consistente, característica de un mecanismo paranoico.
Finalmente el puesto en la agencia será ocupado por Audrey Pailleron (Joséphine Japy), una joven recién egresada que aceptó trabajar sin sueldo estable, es decir, solamente por comisión. Esta situación Constance la subjetivará como que le han “robado” su trabajo. Se obsesionará con Audrey y comenzará a espiarla y seguir sus movimientos desde su automóvil, a merodear su vivienda, a acercarse fingiendo ser cliente para desde ahí ganarse su amistad y desde esa intimidad buscará convencerla de que luche por su primer amor con Alexander y vaya con él a vivir a Rusia, y también saboteará su trabajo de diversas maneras.
El montaje alternará las secuencias de voyeurismo y acecho de Constance, con su entrenamiento militarizado y exigente, que aumentan la tensión, casi como si se estuviera preparando para ser una máquina implacable de matar.
Todo se complicará aún más para Constance, cuando se entere que Audrey, pese a todos sus manejos, continúa en su puesto de trabajo y que además está manteniendo un affaire con Philippe, su antiguo compañero y pareja, por lo que sus celos se incrementarán.
Constance se involucra con hombres casados o a quienes hace desplantes y pese a ello aspira a ser la única para un hombre y no tolerará no serlo. Esta situación se repetirá con su jefe en Paris, en el affaire con Gilles, con su ex jefe Alain y con Philippe. Constance no tolerará ser rechazada o degradada por el hombre, cuando en realidad es ella quien consiente a ser un objeto degradado o quien rechaza. En esta línea podemos ubicarla en la serie de lo que podemos llamar “Las mujeres que te hierven el conejo” y emparentarla el personaje de Alex, encarnado por Glenn Close, en “Atracción fatal” (“Fatal Attraction”, Adrien Lyne, 1987)
La dificultad de Constance está en aceptar el límite, el fin de algo, es decir, la castración. Y esto porque la castración como marca simbólica de un límite al goce absoluto, no está inscripta en su estructura psíquica. Esto es consistente con que no se sepa nada del padre. Habrá una madre, ausente, pero madre al fin. Incluso Constance hablará de los esfuerzos que se hacen para separarse de la madre y lo terrible de que siempre logran arrastrarnos de vuelta, en alusión a su estadía en Paris y su regreso. Que no se sepa nada del padre, podemos leerlo en tanto no ha habido padre como función simbólica separadora respecto de la madre o en tanto función simbólica que prohíbe a la madre, que prohíbe el goce todo, encarnando la castración.
Otra cuestión que nos enseña el psicoanálisis de orientación lacaniana, es que “La mujer no existe”, esto quiere decir, no hay “La Mujer” toda, que no hay un significante que dé cuenta de que es ser una mujer, que dé cuenta del goce femenino. En este punto hay un agujero, que sólo puede ser suplido por la singular invención de cada mujer a partir de ese vacío que la habita. En este sentido, los celos patológicos de Constance hacia la Otra mujer, podemos leerlos como un modo de hacer la existir a La mujer absoluta que no hay, por estructura.
Si tomamos el título, “Impecable” nos remite a la lógica clara, precisa y hasta verosímil que sostiene Constance en sus relatos, en sus manipulaciones y en sus acciones, quedando siempre como víctima y no exponiéndose nunca. Pero el título en francés nos trae otro matiz, la traducción debería ser Irreprochable, es decir que no admite reproche y nos hablaría de la posición paranoica, que no admite imperfección, ni tacha posible, porque el mal y la falla están siempre del lado del otro.
El director francés Sebastien Marnier en este primer largometraje realiza un retrato logrado de la locura femenina, apoyándose en la sólida composición actoral de Marina Foïs, sin demasiados artificios desde el manejo de cámara, pero contando con un guión que, pese a lo previsible de la temática, logra mantener en vilo al espectador.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

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