Vicisitudes de la vida en pareja. Io e lei (Entre nosotras) (2015), de Maria Sole Tognazzi

Carla Leonardi 23 - Marzo - 2017 Textos

 


El tópico de una mujer en su mediana edad que atraviesa una crisis, había sido abordado por la hija del conocido actor italiano Ugo Tognazzi, María Sole Tognazzi, en su anterior película “Viajo sola” (“Viaggio sola”, 2013). En su reciente película “Entre nosotras” (“Io e lei”, 2015), es una pareja de mujeres de mediana edad, quienes entran en crisis tras 5 años de relación en convivencia. Para ello Tognazzi, no apela al dramatismo melodramático, sino al drama romántico con toques de comedia.
Federica (Margherita Buy) es arquitecta. Está separada de Sergio (Ennio Fantastichini), quien fue su esposo y quien al presente de la narración está en pareja con una mujer mucho más joven con quien tiene un pequeño bebé recientemente bautizado. De ese matrimonio tiene un hijo, Bernardo (Domico Diele), que ya es un joven independiente que vive solo y tiene una novia. Pese a haberse separado, Federica no puede desligarse de su familia. Está pendiente de Bernardo y celosa de la complicidad que su ex –esposo tiene con él, enterándose de sus confidencias antes que ella.
Marina maneja un restaurant en Roma. Fue con ocasión de las reformas de ese lugar que conoció a Federica, en tanto arquitecta. Marina quince años antes era una actriz con cierto reconocimiento, pero dejó su carrera actoral para dedicarse al rubro gastronómico, porque ya no le apasionaba la actuación.
La puesta en escena y la postura física de las actrices que interpretan a la pareja protagónica irá dando cuenta de las características psicológicas de cada una. Federica es la rubia lánguida, fría, recatada y poco demostrativa. Pese a estar desde hace 5 años conviviendo con Marina, aún tendrá pudor de confesar abiertamente a su compañero de trabajo y al entorno en general, que está en pareja con una mujer. Avergonzada, vive disimulando y ocultando esta situación. De hecho, al ser Marina su primera pareja mujer, no osa definirse como lesbiana. El blanco neutral de sus camisas será el color que la identifique. Por otro lado, Marina es la morocha exuberante y apasionada, siempre atenta y demostrativa hacia Federica, quien es claramente la causa de su deseo. El color negro de su vestimenta y su campera de cuero será el color que la identifique en tanto encarnando el misterio de lo femenino.


El encuentro de Federica en la puerta del edificio donde vive con Marina (Sabrina Ferilli), y el trayecto en el ascensor hasta el departamento cual si fuesen dos extrañas, da cuenta del momento en que se encuentran como pareja. Ese momento en que uno mira a su partenaire luego de transcurrido el tiempo y en el cual lo ve como un completo desconocido. Es sabido que uno de los grandes desafíos de la vida en pareja, al transcurrir el tiempo, es la cuestión de cómo continuar sosteniendo el deseo. Y este es uno de los temas centrales que aborda la película de Tognazzi. De hecho entre Federica y Marina hay ternura, cariño y compañerismo pero es evidente que no hay muchos indicios de que circule el deseo con cierta pasión.
A Marina un joven director le ofrecerá un papel de reparto en su próxima película, por lo cual le acercará el guión para que considere la propuesta. Pese a haberse retirado de la actuación hace tiempo, Marina está dispuesta a considerarlo. Esta cuestión disgustará a Federica, quien al sentirse desplazada, la persuadirá de que rechace la propuesta.
Y mientras tanto, cierto día, Federica se encontrará por casualidad con Marco (Fausto Maria Sciarappa), un hombre a quien conoció hace unos años en un centro de ski y se ha mudado recientemente a la ciudad tras haberse separado de su pareja. Que Marco sea oftalmólogo y que Federica tenga problemas en la vista, lo cual sabemos porque en las noches usa para leer los anteojos de Marina que pide prestados; será la excusa por la cual vuelvan a verse. Federica comenzará frecuentar a Marco, con quien mantendrá relaciones sexuales, a modo de trampa; y llegará a cuestionarse su relación con Marina. ¿Es el pudor a aceptar ante la sociedad que tiene una relación homosexual, lo que hace dudar a Federica y no poder asumir plenamente su amor por Marina? ¿Es que realmente siente por Marco una atracción más intensa que con Marina?
El encuadre que principalmente las tomaba en un mismo plano medio marcando la unión en el vínculo, poco a poco irá fragmentándose, marcando el distanciamiento y la separación de ambas.
Los momentos cómicos sucederán en la primera mitad del film de la mano de los malentendidos entre las protagonistas, de la figura del mucamo filipino de Marina y del ex marido de Federica, virando luego la película hacia un tono más dramático en la segunda mitad al hacerse evidente la crisis de la pareja.
Lo interesante de la película de Tognazzi es que tratándose de una pareja de lesbianas, no aborda el tema como una problemática de cine de género. Ya se trate de cómo sostener el deseo en el tiempo, o de las dudas o de los miedos a la pérdida o de la angustia por asumir el propio deseo; siempre se trata de cuestiones que pueden jugarse en cualquier pareja. Esto quedará explicitado cuando el personaje de Marina le diga a la mujer de la mesa de al lado escandalizada y que chismorrea ante su escena con Federica al pescarla in fraganti siéndole infiel con un hombre, que estas cosas también le pasan a las parejas heterosexuales cuando el deseo decae con el correr del tiempo. De este modo Maria Sole Tognazzi muestra claramente que las parejas homosexuales no son muy diferentes que las parejas heterosexuales. Ambas pueden atravesar por similares atolladeros e impasses. Que aquí se trate de una pareja de mujeres, es la puerta para plantear vacilaciones del deseo que atañen a cualquier sujeto, más allá de su posición sexuada.
En la reticencia de Federica a definirse como lesbiana, podemos pesquisar algo de cierto para pensar. Generalmente en las parejas de mujeres, siempre hay una que tiene una posición lésbica claramente decidida, ligada a lo femenino (en este caso Marina) y otra que tiene una posición histérica (Federica), donde la relación a la otra mujer, más que atracción homosexual, es un intento de abordar vía esa Otra mujer el enigma acerca de qué es ser una mujer o más precisamente de qué goza una mujer, como si en esa mujer encontraría cierta respuesta. De ahí sus vacilaciones a la hora de definirse abiertamente como lesbiana, de ahí su affaire con un hombre a quien se encontrará por casualidad cuando la relación con Marina se estanque y se llena de dudas.
Otra cuestión interesante que muestra la película es lo rápido que los hombres arman cofradía compartiendo aspectos técnicos de aquello donde se capture eso que Lacan llamó “Goce del Idiota”, en tanto goce autoerótico que puede abastecerse solo sin tener que pasar por el lazo a una mujer. Aquí se da claramente en la confianza que muy pronto establecen Sergio y Marco durante la cena conversando de cuestiones muy serias referidas a la pesca (pero podría darse en relación a algún deporte, o a algo vinculado a la tecnología, la ciencia o el arte), desconociendo y olvidando completamente a sus mujeres. El colmo será que Federica se retire de la cena, y ambos ni siquiera noten que se ha ido. Que tanto Sergio como Marco no sepan que el modo del amor en la mujer es erotómano por estructura y tiene como condición que se le hable desde la palabra de amor, quizás explique que Federica busque en Marina cierta respuesta que la conecte con lo femenino, al no venirle del lazo con un hombre.
“Entre nosotras” es una película sólida a la hora de poner en el tapete cuestiones como el apaciguamiento del deseo en la vida en pareja, la pregunta por lo femenino, los temores a romper con ciertas convenciones sociales, y los altibajos y crisis por los que puede atravesar una relación, que están muy bien sostenidas desde la interpretación que brindan ambas actrices protagónicas. Paradójicamente cuando las temáticas y conflictos que venía proponiendo resultaban por demás atractivos, la película pierde cierto encanto al quedar prisionera de las convenciones propias del género romántico en ese apuro por forzar hacia el cierre de final feliz. No obstante, es un trabajo interesante de Maria Sole Tognazzi porque acierta al plantear una historia de amor que va más allá del clishés de enmarcarse en las etiquetas y estereotipos de un cine ligado a las minorías de género.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Io e lei