“Burlando los límites, hasta la muerte”. Scarred Hearts (2016) de Radu Jude

Rocio Molina Biasone 27 - Noviembre - 2016 Textos - Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

Jude no es ningún director amateur: lo demostró el año pasado con Aferim!, y vuelve a hacerlo con su último film. Es difícil intentar decir qué es lo que constituye un buen trabajo de dirección cinematográfica. No hay un manual de reglas, ni tampoco un estilo identificable que pueda decirse canon, y por suerte, porque donde hay límites, el arte o se queda corto, o los burla, o los rompe. Creo que podemos aproximarnos una respuesta al decir que un buen autor cinematográfico encuentra la mejor forma de transmitir una historia, sensación, idea, a través de los recursos audiovisuales. No hay una sola puesta de escena posible para una acción dramática, mas un buen director adapta la forma en base al objetivo, y en base al contenido, sin perder una marca personal.
Al comparar Aferim! con Scarred Hearts, es innegable que Jude logra esta labor dual, es decir, transformar y adecuar las formas, pero mantener el sello propio.
¿Qué se mantiene? El tiempo natural de los eventos. Las escenas de Jude se dejan atravesar por los ritmos que lleva la vida misma, haciendo del tiempo aquello que vuelve humano y tangible aquellos relatos que de otra forma podrían parecer distantes y enteramente fabricados, como suele suceder con historias que acontecen dos siglos atrás, o que tratan de la vida de un personaje célebre. Cada escena un plano secuencia, apuesta a la fuerza de las acciones, de los diálogos, de esos personajes. Pero juega con las cercanías y las distancias, relegando a sus protagonistas a una imagen colectiva, o dejándolos completamente solos. El tiempo no es estático, y tampoco lo son los acontecimientos.
¿Qué muta, entonces? El espacio. De un paisaje constantemente abierto, una tierra que recuerda a westerns como la que recorren los dos protagonistas de Aferim!, a un sanatorio y el encierro mismo que produce el cuerpo inmóvil de Emanuel en Scarred Hearts. No correspondería darle un mismo trato formal a ambas circunstancias, y Jude lo sabe. En su nuevo film, ni siquiera la relación de aspecto de la imagen queda libre de cambios: una imagen reducida casi a un cuadrado, un espacio que de manera instantánea se nos presenta reducido, acostumbrados como estamos hoy a un ratio 16:9, amplio, ocupando casi toda la pantalla. Jude nos obliga a sentirnos más cerca de Emanuel, limitando nuestra percepción, nuestra visión.
El guión es una adaptación de la novela homónima y de carácter autobiográfico del escritor rumano Max Blecher, quien escribió antes y durante la tuberculosis vertebral (enfermedad de Pott) que lo afectó y lo condujo a una muerte temprana, teniendo tan solo 29 años. No sólo el tamaño de la imagen se adapta a estas circunstancias, a un protagonista que se ve obligado a estar acostado todo el film, sino también la misma cámara.
Sin movimiento alguno de traslación en toda la película, cada plano es estático y único en una secuencia. No hay escape de las dificultades cotidianas y del dolor de ese cuerpo, cada evento implica una duración, un empleo de fuerza y tiempo que incomoda, que nos debe incomodar a nosotros, público, ponernos en el lugar de Emanuel, o de Max, sin necesidad de música empática, de planos cercanos su rostro doliente.
Ni siquiera se hace uso de un dolor manifiesto del protagonista. Sabemos que sufre, sabemos que está incómodo, pero hasta el final, es un personaje enteramente opuesto a todo lo que imaginamos en una persona que padece una enfermedad como esa. De un primer instante, Emanuel bromea, se muestra simpático, y en lo absoluto enojado o quejoso con su condición. De hecho, sus compañeros, los pacientes, todos ellos y ellas afectados por condiciones similares, siguen comiendo, bebiendo, tomando, peleando, y hasta teniendo sexo. Quédense quietos — parece decirnos Jude — porque los limito para que vean que estas condiciones, en el cine o en un cuerpo, no implican que no haya acción, que no haya un relato, que no haya una vida.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

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