La realidad está hecha de lenguaje. Ingen ko pa isen (No Cow on the Ice) (2015), de Eloy Domínguez Serén

Carla Leonardi 14 - Diciembre - 2016- Foco: VI festival online Márgenes

 

Muchos han sido filósofos que han abordado la cuestión de la realidad, desde Platón con su teoría de la Ideas (*1) hasta Heidegger con su célebre sentencia de que “El lenguaje es la casa del ser.” (*2) Siguiendo está lógica, no hay para el ser hablante otra realidad que aquella que está hecha de lenguaje, que aquella que se construye por medio de lo simbólico. Y es esto de lo que da cuenta el director español Eloy Domínguez Serén en su película “No cow on the ice” (“Ingen ko pa isen”, 2015) al introducirnos en su experiencia de emigrante/inmigrante en Suecia.
“No cow on the ice” podría decirse que hibrida el ensayo autobiográfico con el documental, donde el director se toma a sí mismo como personaje registrando sus experiencias de extranjero a través de imágenes, fragmentos de escritos y voz en off.
Es una película que uno podría poner en relación con la última de la directora alemana, radicada en argentina, Nele Wholatz: “El futuro perfecto” (2016) porque aborda la misma temática, aunque por otros medios. Wholatz parte también de sus experiencias como emigrante alemana, pero no se toma a sí misma como personaje, sino que toma cierta distancia de su experiencia personal elaborando una ficción que tiene como protagonista a una joven inmigrante china llamada Xiaobin, con un fuerte deseo por aprender el idioma castellano e integrarse en la sociedad, sobreponiéndose al desacuerdo de sus padres.
En la película del director español, de entrada tendremos copos de nieve sobre fondo negro filmados en digital que se moverán cada vez más rápido, traduciendo la experiencia del recién llegado a tierra extranjera. Cada copo de nieve podría ser una palabra que pasa sin relación con ninguna otra a gran velocidad, sin que podamos apresarla, produciéndonos una sensación de mareo, confusión y perplejidad.
Luego aparecerán hermosas imágenes de paisajes que se acompañan por la escritura de la palabra en sueco y en español que las nomina, lo cual da cuenta de que las imágenes se organizan y ordenan a partir de lo simbólico, que lo que conocemos como mar, pescador u oscurecer no son sino palabras que parecen corresponder con esa imagen referente. Se trata de una ilustración del signo lingüístico saussureano, que descompone el signo en su significante y su significado convencional. Entramos en un cierto orden de lenguaje que resulta pacificador y tranquilizador.
Luego el director nos sumergirá nuevamente en la experiencia extraña y angustiante de escuchar el idioma sueco, sin poder entender nada. Aquí nuestra única relación posible es con la sonoridad del lenguaje, más que con su sentido o su significado. Recuperamos cierto margen de libertad, ya que cuando conocemos perfectamente el idioma tendemos a apegarnos al sentido convencional y fijado por uso de las palabras, más que a sus resonancias homofónicas. Perdemos nuestra capacidad de jugar con las palabras, que en sí mismas son pura invención humana. A esto aludirá Serén cuando hacia mediados de la película nos transporte hacia su Galicia natal (donde acompañará a sus padres en el trabajo en el campo o en sus tareas en la construcción) e inserte un fragmento en voz en off proveniente de la televisión del filósofo Emilio Lledó (*3) diciendo que: “Hay que interrogar al lenguaje para evitar que nos manipule, que nos engañe, que nos ignorantifique.”
Muchos suecos vacacionan en España buscando salir del frio y la oscuridad del invierno, pero Eloy emigra a Estocolmo en el contexto de la crisis económica en España, con perspectivas laborales muy poco alentadoras. No obstante ser graduado universitario, Eloy trabajará en la construcción, trabajo precarizado debido a que el rubro se paraliza cuando cae el manto de nieve que cubre a la ciudad en el invierno. Eloy filmará la experiencia de adentrarse en este mundo nuevo y desconocido.
Una cámara voyeur ingresa por la mirilla en el mundo de los obreros de la construcción y la primera imagen que tendremos de Eloy, será al revés: en tierra sueca su mundo está dado vueltas. No comprende prácticamente nada de lo que hablan a su alrededor, y aun teniendo un master universitario realiza un trabajo muy poco calificado. Su trabajo es el residuo, aquellas tareas que los suecos no quieren hacer. El martillo con el que trabaja Eloy lleva inscripto su nombre y la palabra sueca “Pettring”, que se nos traduce como “Aprendiz”. Esta palabra lo nombra de una manera nueva que como era nombrado en Galicia, donde era la promesa de la familia al ser el primero en ir a la universidad. Eloy en Suecia es un aprendiz de la construcción, es un aprendiz de la lengua sueca (a lo cual dedica seis horas diarias) y un aprendiz de cineasta, ya que estamos presenciando su primer largometraje. Las palabras nos dan un lugar en el mundo, pero también al proveernos una identificación nos alienan a ella.
La cámara voyeur seguirá también a la novia sueca de Eloy, Fathia y lo acompañará en sus exploraciones callejeras metiéndose en las costumbres de la vida urbana y cultural de Estocolmo.
En la primera parte de la película, tendremos imágenes y voces en sueco ininteligibles, acompañadas de fragmentos de textos escritos en español, que funcionan como los pensamientos del protagonista, y que fueron tomados de notas del propio director a partir de sus experiencias mientras iba filmando. Lo bueno es que los textos que se insertan no funcionan como explicación de las imágenes que por su bella fotografía ya tienen una potencia expresiva en sí mismas, sino que funcionan a nivel lírico construyendo un narrador que hasta el momento al no conocer el lenguaje sueco, sólo puede expresarse por escrito en su lengua materna.
Lentamente la paleta de colores irá cambiando: el verde del verano dará paso al amarillo de las hojas y luego a la nieve y la oscuridad del invierno. Esto devendrá un problema para Eloy, ya que paralizada la construcción, deberá buscar un nuevo trabajo. Encontrará un puesto en el servicio de desayuno de un hotel, donde comparte sus tareas con otros inmigrantes.
Poco a poco Eloy irá adquiriendo la lengua sueca, y a los dos meses de iniciar sus clases, comenzará a poder leer y a entender algo de lo que dicen sus compañeros. Se acercará cada vez más a ellos y se sentirá cada vez más lejos de la tierra que dejó atrás, pero en verdad no tanto. Ya que si bien en lo consciente Eloy puede sentirse desapegado de su familia, en lo inconsciente por lo que nos cuenta, repite su historia familiar. Sus abuelos maternos debieron emigrar a Holanda, dejando a su madre al cuidado de unos vecinos, pudiendo retornar a España muchos años después. En este punto, el camino de Eloy, es muy distinto al de Xiaobin en “El Futuro perfecto”. Xiobin se reencuentra en argentina con sus padres y luchará por separarse de ellos mediante el aprendizaje de un nuevo lenguaje. Eloy se separa de sus padres físicamente al emigrar, pero reencuentra en la inmigración la historia familiar. No obstante, quizás la clave y la chance para una diferencia que abra algo nuevo pueda encontrarse en el modo en el cual se produzca el regreso de Eloy a España.
Un cambio se producirá cuando empecemos a escuchar a Eloy a hablar en sueco. El director abandonará entonces al narrador por escrito para pasar a un narrador en voz en off. Este narrador en off se apoyará al comienzo en diálogos que mantenga con Fathia, para luego de la ruptura sentimental con ella, convertirse en un narrador de pleno derecho, que ya puede volar solo y nos transmite su experiencia de la propia Suecia descubierta, no ya la Suecia transmitida por los suecos. Hay un pasaje de la repetición del lenguaje que otros dicen o escriben, a la apropiación de la lengua sueca para hacer un uso propio de ella. En este punto, la conquista de la nueva lengua se vuelve emancipadora, supone un pasaje del lugar de súbdito de la voluntad del otro, a la de agente del propio deseo.
El título de la película, “No cow on the ice”, se refiera a una expresión idiomática sueca que significa “No hay nada de qué preocuparse.” Si hubiera una vaca en el hielo habría la posibilidad de que el hielo se quebrara y que la vaca se ahogara. Y ésta bien podría ser la imagen que dé cuenta de la situación de un hombre en tierra extranjera, donde lo extranjero bien valdría también para dar cuenta de lo Otro que siempre es una mujer para un hombre. Frente a lo desconocido, es fácil sucumbir al ahogo en la angustia y la caída en el agujero, a no ser que uno cuente con la posibilidad de inventar algo nuevo allí sirviéndose del lenguaje. Eloy tomará esta expresión que le viene de los otros, pero le da un uso nuevo al emplearla como título de ese entramado de ficción simbólica que construyó para sostenerse como sujeto ante lo extraño.
El trazado de un camino o las huellas en el desierto de la nieve intocada como imágenes finales, dan cuenta de que la experiencia como inmigrante en Suecia ha dejado marcas en Eloy. Eloy volverá a España, pero ya no volverá siendo el mismo, volverá como otro para sí mismo, con todo lo nuevo que le ha aportado la apertura a lo enigmático de esa lengua extranjera. Y aquí la blancura luminosa del hielo marcado en sendas, contrastará con la negrura caótica de los copos de nieve del comienzo.
En “No cow on the ice”, Eloy Domínguez Serén entrega una película muy bella desde la fotografía y la fuerza simbólica de sus imágenes, a la vez que nos permite interrogarnos sobre los usos de la ficción y del lenguaje.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

(*1) La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía platónica, el eje a través del cual se articula todo su pensamiento. No se encuentra formulada como tal en ninguna de sus obras, sino tratada en varias de sus obras de madurez como "La República", "Fedón" y "Fedro".
(*2) En “Carta sobre el humanismo” (1959)
(*3) Referencia tomada de entrevista realizada al director que se encuentra en la web. Emilio Lledó es un filósofo español formado en Alemania, que ha sido profesor en las universidades de Heidelberg, Barcelona y Madrid y que además es miembro de la Real Academia Española desde 1994. Escribió dos libros que definen su personal modo de trabajar en la filosofía: Filosofía y lenguaje (1971) y Lenguaje e historia (1978)

Ingen ko pa isen (No Cow on the Ice)