Hablemos de género(s). Ich seh, Ich seh (Goodnight Mommy) (2014), de Severin Fiala y Veronika Franz

Lucia De Stefano 25 - Junio - 2016 Textos

 

 

Ich seh ich seh logra una atmósfera abúlica que se pone a fuego lento para espesar, más y más hasta que se prende fuego al final. Esto se logra a través de los comportamientos extrañados, la normalidad trastocada, donde nada se explica del todo, pero se presiente el malestar en el aire. Como esas pesadillas llenas de angustia inexplicable, imposible de anclar a un hecho concreto. Las imágenes no son solo bellas, son inteligentes. Nos están contando todo desde el principio. El tema de las máscaras aparece repetido en la madre y los chicos, cuando una se saca la careta-vendaje, los otros se colocan las aterradoras artesanias infantiles de témpera y cartón, dando un giro de 180° al punto de vista a mitad de la película.

Me temo que para seguir el análisis tengo que contar el final. así que voy a  hacer como nuestros padres cuando, de chicos mirábamos una de terror  y hacían que nos tapemos los ojos hasta que pase lo peor. Por lo tanto *SPOILER ALERT* si no la viste aún, ahora es cuando taparte los ojos, yo te aviso cuando pasa.
La arriesgada maniobra del salto de punto de vista, transforma de inmediato a la victimaria en víctima y viceversa. Dejándonos desorientados por un momento, sin saber en quien creer, o de quien escondernos. Esto suma puntos a la sensación inquietante que se construye desde el primer plano, donde imágenes de archivo muestran a una mujer con trajes típicos cantando junto a unos niños, evocando trozos del imaginario nazi, inevitablemente tatuado en el cuerpo de Austria. Y que se repite en el último plano, donde los protagonistas copian esa alegría hueca, esa “familia modelo” mirando a cámara con una sonrisa.
El final no pretende ser sorpresivo, cada plano nos llama a prestar atención a los gemelos, a su fusión. Muchas veces Lukas se esconde tras la figura de su hermano, o sale literalmente detrás de él. Los gemelos se usan mutuamente de espejo para cortarse el pelo, y uno de ellos se vuelve dos en el reflejo del lago y las enormes ventanas de la versión austriaca de la cabaña en el bosque. Sus acciones van intensificando ésto, se comienzan a vestir igual, solo Elías  habla con la gente, mientras Lukas manipula desde las sombras. Hasta la madre ignora a Lukas, y si bien esto pasa como una maldad más de esa madre aterradora, hay algo más.

Los indicios de que Lukas solo vive en la retorcida imaginación de Elias no son demasiado crípticos, las pistas no están muy ocultas. La película no basa toda su gracia en el plot twist final, no busca la sorpresa ni el engaño al espectador, y eso es algo bastante inteligente en un mundo post Sexto sentido o Los otros. No toma esa dimensión sobrenatural-sentimentalista en la que caían aquellas.

Serás yanqui o no serás género

En el 2014 se estrenaba en el festival de Venecia  “Ich seh ich seh”, una película austriaca tan perturbadora como visualmente bella, logrando shockear a los espectadores festivaleros con su violencia repentina y crueldad creciente. En ese mismo año se estrenaba en Estados unidos, bajo el nombre mucho más atractivo para el público yanqui de “Goodnight mommy”. Un año después, en el 2015 llega al BAFICI con su nombre ya pochoclizado. La película presentaba a los ojos mucho más sedientos del público alternativo, un esbozo de conciencia de género a la vez que evocaba el imaginario gélido y perturbador del cine austriaco, llenando las bocas de los cinéfilos de referencias a Haneke.

El film se fue de viaje por el mundo estrenandose en más de 30 países, hasta que 2 años más tarde llegó a nuestra (cada día más) acotada cartelera comercial argentina. Llegamos al corriente año 2016 con una película que vuelve aprisionada dentro de los moldes de la fabrica de terror americana, y que intenta ser pasada como una más de la línea de producción. Pero no es.

Goodnight mommy se vende en ingles, pero llama Ich seh ich seh y es austriaca. Sus planos son largos, sus imágenes son hermosas y desoladoras, sus protagonistas son muy rubios y todo lo demás es incomodidad, sensación de fatalidad, atmósfera espesa y turbia.

Es aquí donde empieza la discusión, ¿se la puede encuadrar dentro del género terror? Tal vez la categoría de thriller psicológico quede más elegante, piensan los distribuidores, al fin y al cabo es una película europea. Pero ¿acaso no cumple con muchos de los topicos del terror? Una casa aislada en el medio del bosque, una mujer enmascarada, unos gemelos macabros, un secreto familiar. En la rifa del género parece haber comprado todos los números, pero aun así existe una resistencia general a ubicarla en esa categoría.

Esto en mi opinión tiene que ver con la monopolización de los grandes géneros por parte de la industria hollywoodense, madre sin máscaras de un lenguaje nacido de la industrialización del entretenimiento, que llegó hasta nuestros días de subdesarrollo canonizado como un objeto de culto. Pero también como un objeto de producción en serie, con miles de hermanos gemelos, idénticos. Entonces a los ávidos consumidores del arte del susto, les cuesta emparentar a ésta película fina, sutil y llena de belleza fotográfica, con el grotesco de la última cinta de adolescentes torturados.Amigos queridos, lamento informarles que ésto es lo que se viene en materia de género.

El “terror de calidad” como algunos lo etiquetan está gestando el futuro del terror, o tal vez un  nuevo sub-género. Un terror que genera respeto entre la élite cinematográfica más pedante, que se estrena en los grandes festivales y que invita al análisis profundo. Con esto no quiero decir que el terror más sucio y depravado no de lugar al análisis, todo lo contrario, pero lo cierto es que es un cine vedado de esos festivales y círculos más intelectuales. Si bien estamos frente a un problema de los snobs que generan esos ámbitos, y no de las películas en sí, la realidad nos demuestra que ellos son los que marcan el camino de la crítica especializada, y de los teóricos que piensan al cine. Yo veo con emoción como éste caballo de Troya camuflado con ropajes de película francesa, se escabulle en esos ámbitos, frente a las elevadas narices de los intelectuales que de pronto se encuentran elogiando una de terror. De ahí a que se vuelva a hablar sobre género y el cine como entretenimiento de masas, hay un solo paso.

 

El miedo que no distingue género

El tema que atraviesa todo el film tiene que ver con el miedo a la maternidad, a la responsabilidad aplastante que conlleva, y el desamparo de aquellas que deben enfrentarlo solas. Éste no es un tema nuevo para el terror, pero si es nueva la visión puesta en la experiencia de la mujer protagonista. Como bien indica la crítica Alex Landers en su sitio One critical bitch 1 “Ser mujer en un mundo dominado por hombres es ser considerada frágil, demasiado emocional, obsesionada con la belleza, y con frecuencia sumisa. (...) Ver una mujer, una madre no menos, subvertir esos rasgos - ser fuerte, intimidante, fea, brusca - puede ser aterrador si no se ha visto antes.”

Adjudicó la visión desde adentro del miedo femenino a la escritura y dirección de Veronica Franz. El miedo de esa madre es el miedo de una persona, es un miedo con el que todos nos podemos identificar, sin importar género o condición uterina. Y eso es lo que se logra cuando se le da espacio a una mujer, en un género cinematográfico tan históricamente machista. Muchos han comparado esta película con la contemporánea australiana The babadook. De temática similar, el desamor de una madre, el film también se ubica dentro del miedo de la madre y nos identifica con la protagonista desde la comprensión, la desmitificación y más que nada las des-estereotipación.

En ambos casos nos encontramos con realizadoras mujeres, lo que puede tomarse como una explicación para este acercamiento más sincero a las protagonistas tradicionalmente femeninas de la historia de cine de terror, que fueron siempre presentadas como víctimas, objetos de sexualización o simplemente incomprendidas por la visión machista que solo las puede pensar como el otro.

En seguida refuto mi teoría, que se está acercando al estereotipo que repudio, sabiendo que hubo muchas realizadoras mujeres de cine de terror que no siguieron este camino, y muchos hombres que si, a pesar de que esos casos no sean mayoría. Sin ir más lejos Ich seh ich seh está co-dirigida por Severin Fiala (que aunque su nombre germano no nos lo indique, es varón). Lo importante para el futuro del género en todas sus acepciones es comprender que los estereotipos son cómodos, pero contraproducentes, y que la llegada de nuevas visiones siempre enriquece tanto al arte como a la sociedad.

Lucia De Stefano

ds.lucia.ds@gmail.com

 


1 http://onecriticalbitch.com/goodnight-mommy-alienation-women/

Ich seh, Ich seh