La lucha de siempre. I, Daniel Blake (2016), de Ken Loach

Ivan Garcia 22 - Junio - 2017 Textos

 

 

            Ken Loach ha sido históricamente un crítico feroz del capitalismo y ha formado con el tiempo un corpus bastante homogéneo de películas que más allá de sus proezas individuales pueden verse como partes de un todo global. Hoy en día ya es un hombre grande, pero con I, Daniel Blake da muestras de que su fuerza no mengua, y si lo hace, aun así sigue siendo el mejor crítico de un sistema que aún está lejos de resolver sus problemas, contradicciones, y la manera inherente que tiene de generar disparidad.


            Blake es un hombre con problemas de salud que es relegado de su trabajo y debe comenzar una titánica lucha por recibir los beneficios que debiera percibir por parte de un sistema que no le permite volver a su trabajo. Sin embargo cae en la lucha burocrática, un remolino de responsabilidades delegadas donde es puesto constantemente  contra la pared y responsabilizado por los empleados de su falta de ingresos y posibilidades. Es en esta lucha de hombre común donde conoce a Katie, una madre soltera que por cuestiones burocráticas se encuentra en una situación de opresión y humillación similar. Entre ambos se ayudaran a salir adelante y resistir ante la máquina picadora de carne que los excluye a cada paso y además los culpa por ello.


            Y es que esa es la dicotomía central de la obra. La humanidad de Daniel Blake, su lógica simple y sincera, sus ganas de resolver problemas y trabajar cuanto sea necesario, se enfrentan a la maquinaria estatal capitalista del individualismo y de la burocracia inacabable. Se dan diversas instancias y talleres para que él pueda recibir un seguro de desempleo, pero para percibirlo debe mostrar que está buscando trabajo, algo que por cuestiones de salud se le impide conseguir. Es la contradicción del “self-made man” impulsada por quienes sistemáticamente generan la desigualdad y la exclusión que le impiden avanzar.


            Constantemente se enfrenta al protagonista contra las computadoras, se requiere de él que realice complejos trámites y actualizaciones, todos palos en la rueda para cualquiera, y todavía más para el veterano Blake, que si bien parece pertenecer a otra época, muestra a cada paso que sigue vivo. Del mismo modo se para frente a los funcionarios estatales de los que recibe menos respuesta que de las computadoras. Así también el sistema se perpetúa al oponer a gente oprimida entre sí, como lo hace Blake al confrontar a la enfermera, a los operadores, a los oradores que en un curso para armar curriculums predican el evangelio de la autosuperación. De hecho, la única funcionaria que muestra interés por ayudar realmente al protagonista es duramente recriminada por el resto del personal.


            Puede que la instensidad del nivel crítico no sea el de antaño para el viejo Loach, que deshumaniza quizás demasiado a las personas a las que se enfrenta Blake para remarcar el conflicto, pero la arremetida contra el sistema que los circunda y los rige a todos ellos está tan presente como siempre.

Ivan Garcia

ivanggarcia22@gmail.com

I, Daniel Blake