Exilio hacia la alteridad. I Am Not Your Negro (2016) de Raoul Peck

Ayelén Irigoyen 17 - Julio - 2017 Textos

 

 

Todo comienza con un viaje y no resulta extraño que un viaje hacia el sur de los Estados Unidos, sea un viaje al interior de ese país, a su historia, a sus raíces. Y la vuelta a las raíces es la vuelta a lo podredumbre, a lo que subyace  y alimenta al llamado sueño americano.
James Baldwin fue un escritor lucido y crítico de la realidad social de la que fue contemporáneo y resurgida su voz en el presente se reactualiza. El film está compuesto por fragmentos del manuscrito inacabado que tenía pensado publicar (Remember this house) sobre la vida de tres amigos: Medgar Evers, Martin Luther King y Malcom X, sus cartas al editor, ensayos y fragmentos audiovisuales de entrevistas y debates de los que fue parte. Su voz es la que lleva la narración, interpretada por Samuel L. Jackson quien le da el tono y la cadencia correcta a la historia que se despliega: la de los negros en Norteamérica o, en definitiva, la historia de Norteamérica.


Su viaje comienza  con la vuelta a su país natal, luego de haber vivido por años en Paris. Baldwin es un exiliado y como tal, encarna el pensamiento de la diferencia, de aquel que es testigo desde las alcantarillas, donde puede moverse libremente. Porque aquel que reside sin lugar, que se mantiene disperso no puede ser encadenado a ningún Poder y al experimentar la extranjería accede a la palabra. Es interesante como al principio del film Baldwin expresa esa indiferencia y ausencia de nostalgia hacia el país donde creció, del que sólo extraña su círculo más cercano, pero remarca esa deuda que mantiene no con el país que lo excluyó, si no con aquellos que no tuvieron su misma suerte. La historia de los negros, es historia de exilio y de éxodo hacia una tierra desarraigada, ya saqueada e injusta con todo lo que deviene otredad. Su historia es la de un constante movimiento hacia la reterritoralización y la película es prueba de ello, de esa lucha y de un pasado (y no tan sólo pasado, la película lo deja bien en claro) criminal que un país con sus productos culturales y conformación de ideales niega. Películas como La diligencia de John Ford, que de una masacre hacen una leyenda, denotan esta tendencia hacia la creación de una fantasía, donde el Yo estadounidense, el Yo patriótico es exacerbado a expensas de un Otro temido y negado. Y como resultado de la segregación, la gestación de monstruos morales, como dice Baldwin, apáticos e ignorantes  de aquello que desconocen pero  que no dejan de señalar. Porque como expresa Baldwin, la raíz del odio blanco es el miedo, a su propia sombra, a eso que aspira y no logra alcanzar por no reconocer en él una parte oculta que lo constituye. La narración va de a poco describiendo ese Ideal Estadounidense, blanco y cristiano que supone como propias las virtudes de la simpleza y la sinceridad, cuando realmente esconde una inmadurez en su  capacidad de integración de polos opuestos, exponente de una disfuncionalidad del Yo, dicho en términos psicoanalíticos. El film toma por momentos una voz de denuncia, como cuando mediante un montaje encadenado vemos a diferentes políticos y poderosos pidiendo disculpas arrepentidos por sus actos. Se puede hacer una lectura sobre los Estados Unidos centrándose sólo en el concepto de Libertad, tan defendido en sus constituciones y su sistema político. La libertad puesta en práctica es abuso de prueba y error, de muerte y sometimiento para erigir “el país de las oportunidades”.
El film es un gran ejercicio de pensamiento que invita al espectador a ser partícipe de una reconstrucción de la historia del país, a través de los ideales de tres activistas por los derechos civiles, del cine-gracias a la cinefilia de Baldwin-, el registro de las revueltas sociales y la brutalidad policial, el recuerdo con nombre y apellido de algunos de los tantos que perdieron la vida por racismo y en especial a la enorme capacidad de Baldwin de generar respuestas que abren a más interrogantes desde una brutal honestidad (como cuando expone que la mayor mentira de occidente es su humanismo fingido) que revela todas aquellas máscaras grotescas y agrietadas que esconden el verdadero ser de las cosas. Es un compendio de la historia de un país, de sus registros audiovisuales y gráficos, de momentos brillantes gracias al montaje como el registro de un debate televisado que Baldwin entabla con un profesor de filosofía de la universidad de Yale, que condescendientemente trata de anularlo sin éxitos porque la brillantez de Baldwin es imposible de ser revocada por un conocimiento academicista y por ende, putrefacto. Lamentablemente, el film hace caso omiso a la homosexualidad de Baldwin, la cual él nunca ocultó e inclusive orgullosamente expresó en su obra y en su época fue atacado por ella. Hubiera sido interesante y hubiera reforzado el mensaje, ya que no hay nada peor que ser negro y homosexual, y ambas cualidades son aun razones de odio y violencia injustificada en países de todo el mundo.
Sin caer en golpes bajos logra un viaje fluido y doloroso hacia aquellos antepasados que colgaban de arboles y que le recuerdan a su pueblo los fantasmas que ya no deben temer sino que enfrentar con una pequeña pista de cómo hacer el recorrido cada uno por su cuenta: “Lo que los blancos tienen que hacer es encontrar en sus corazones el por qué es necesario tener a un “negro” por empezar. Porque no soy un negro, soy una persona  pero si crees que soy negro es porque lo necesitas […] si no soy negro y ustedes los blancos lo inventaron pregúntense por qué, el futuro depende de ello, si se puede o no hacer esa pregunta”.

Ayelén Irigoyen

ayelenirigoyen@caligari.com.ar

I Am Not Your Negro