La belleza nunca es anticuada. Hermia & Helena (2016), de Matías Piñeiro

Juan Pablo Barbero 21 - Noviembre - 2016 Textos - Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

Hoy en día no se puede pensar en Matías Piñeiro sin pensar en William Shakespeare; Hermia & Helena, otra de sus shakesperianas donde no hace adaptaciones de sus obras sino que las usa como un boceto, como apuntes de su cuaderno, para brindar aquella belleza teatral que tiene la vida, esa belleza de las palabras que tiene el mismo hablar, pero no el de parlamentos anticuados sino que las películas de Piñeiro nos muestra como Shakespeare puede ser siempre contemporáneo. Hermia & Helena, a diferencia de sus películas anteriores que pertenecen a este mismo grupo: Rosalinda, Viola y La princesa de Francia, es su primer película que gran parte está filmada en Nueva York con viajes de la memoria en Buenos Aires, no a forma de flashbacks, sino aquella narración particular que acompaña a las historias de Piñeiro donde lo lineal subyace en algo mucho más interesante como lo es la poesía. Las películas de Piñeiro se dan ciertas libertades porque dialogan directamente con otro texto, que no es sólo el de contar una historia, sino crear el universo de aquella belleza que se piensa perdida en el tiempo, en un mundo como el de hoy que parece creer la poesía muerta. Entonces Piñeiro mezcla, diferentes líneas narrativas, que nos llevan del presente al pasado, alternando como si la película entera fuera la lectura de unas cartas que se mezclaron en el buzón; pero al intercalar las de ayer con las de hoy queda leerlas y disfrutar cada palabra, pensando en ayer y pensando en hoy, disfrutar cada palabra que sale de una boca que acompaña a sonreír.

En esta última película Piñeiro hace evidente su interés en el lenguaje cinematográfico, en aquellas distinciones con las demás artes, más que nada con el teatro como idea fugaz por su cercanía a Shakespeare, pero las películas de Piñeiro se la pasan dialogando con todas las demás, sin ir mas lejos: La princesa de Francia está filmada en el museo. Pero lo que me interesa resaltar, es aquella forma de pensar el lenguaje, por un lado todo lo que le corresponde al lenguaje individual, tanto verbal como corporal. Los personajes dicen sus diálogos y sus cuerpos lo disfrutan con una belleza cotidiana, en las películas de Piñeiro es lindo escuchar hablar y a veces es hasta muy lindo escuchar las palabras sin unirlas en oraciones, sino sólo aquellos sonidos que salen de la boca que forma palabras, ya que la belleza está siempre en el cómo se lo cuenta. Los personajes caminan y arman juegos para una cámara que siempre entiende las reglas de los personajes pero que también se regala una independencia donde nos aleja completamente del teatro y nos dice que esto es cine. A Piñeiro le interesa el lenguaje cinematográfico tanto como el verbal que se piensa mas teatral.

En Hermia & Helena, su protagonista trabaja en una traducción y mientras sueña con palabras, a veces en inglés, a veces en español, es algo que remite directamente a su director, quien vive en Nueva York, pero sus películas siguen siendo argentinas y nunca antes más literal en su fuerte énfasis de interés en el lenguaje, donde a veces las palabras se convierten en imágenes y podemos como espectadores disfrutar de cada trazo. En esta película Piñeiro se da esos gustos, de hacer pictóricas las palabras, literalizar en cierta medida una idea de su cine. En esta, más que en las anteriores, al cambiar el idioma, uno puede disfrutar de aquellos sonidos que producen las palabras y dejarse llevar como disfrutar los ensayos de unos actores que se divierten con pasión tirando líneas, jugando a hablar. Entre fundidos vamos de Nueva York a Buenos aires: el puente que se pierde en la copa de los árboles. De la nieve en el parque al calor en el camión. Pasamos de una carta a otra y la volvemos a leer porque son lindas las letras, es lindo dibujar letras sin pensar palabras, es lindo decir palabras sin pensar ideas, sólo disfrutar del hablar, volver poético el lenguaje cotidiano con un guión muy cuidado para que lo bello esté presente porque la belleza nunca es anticuada.

Juan Pablo Barbero

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Hermia & Helena