La fábrica de héroes. Hacksaw Ridge (2016), de Mel Gibson

Carla Leonardi 6 - Enero - 2017 Textos

 


Desde su última película Apocalypto (2006) mediaron, en la carrera de Mel Gibson, diez años signados por los excesos de alcohol y los exabruptos hacia la comunidad judía que no fueron bien recibidos por la industria de Hollywood. En este contexto, “Hasta el último hombre” (Hacksaw Ridge”, 2016), supone un regreso, la vuelta del hijo pródigo.
En esta ocasión, estamos ante un biopic de corte bélico impregnado de misticismo. La película narra la historia de Desmond Doss, un Adventista del 7mo Día, oriundo del estado de Virginia que fue el primer objetor de conciencia (*) que recibió una medalla de honor de parte del ejército de los EEUU por su actuación destacada en la batalla de Okinawa (1945) durante la Segunda Guerra Mundial.
La batalla de Okinawa, que se da entre los Estados Unidos y Japón, como respuesta al atentado de Pearl Harbor (*1), fue una de las más cruentas y sangrientas de la Segunda Guerra Mundial. El titulo original en inglés, hace referencia al acantilado que tenían que subir los soldados americanos para atacar al enemigo por la espalda destruyendo sus bunkers. Tomar Okinawa significaba para el ejército americano el paso necesario para poder tomar Tokio y ganar la guerra. El título en español “Hasta el último hombre”; no respeta el original y claramente se trata de una maniobra de marketing, que mediante el tono épico y heroico apunta a captar a la audiencia.
Por otro lado, que tras el título se aclare “Una historia real”, muestra la necesidad de Gibson de apoyarse en hechos realmente acaecidos para dar verosimilitud a su historia, en lugar de crear un universo de ficción autónomo que se sostenga por sí mismo. Esto lo reforzará al agregar como cola de la película testimonios del propio Doss y de otros participantes de dicha batalla. Se trata de una operación contraria a la que por ejemplo realiza Borges en varios de sus cuentos donde juega con los límites entre la ficción y la realidad presentando a personajes que son de su pura invención como si hubieran tenido una existencia real.


La película comienza con un plano cenital de cuerpos de soldados muertos que yacen desparramados en el suelo, a los que seguirá la mezcla de cuerpos que disparan, que caen despedazados por bombas que estallan, o que son alcanzados por el fuego. Todo es confuso, entre el humo y las detonaciones de granada; no se puede ver bien y el ruido de las armas se mezcla con el de los gritos de dolor y miedo. Luego, una voz en off, suerte de narrador, sitúa a Dios como el Señor de la tierra, que da fuerza a los débiles. Tras esto aparecerá el primer plano de un joven soldado herido, que es llevado en una camilla, mientras que en contraplano, tendremos a un superior que le dirá que aguante, que lo sacarán de allí. En toda esta secuencia introductoria predomina el tono azul, acentuando el carácter de locura y frialdad ligado a la guerra. Y por otro lado, ya nos presenta el tema de la película: el heroísmo redentor. Tendremos aquí entonces una cruza de los elementos que ya había usado Gibson en sus anteriores “Corazón salvaje” (1995), el héroe que tiene una existencia histórica como William Wallace, y “La pasión de Cristo” (2004), con su ideal religioso de sacrificio de la propia vida en pos de salvar a los demás.
Luego la película pasará a situarnos en la infancia del protagonista, 16 años antes, y definirá dos hechos que lo marcarán profundamente y forjarán sus convicciones y su carácter. El primero será una pelea con su hermano Hal en el jardín de la casa, en la cual lo golpee con una piedra dejándolo inconsciente. Desmond quedará petrificado del miedo y se dirigirá ante un cuadro de la casa donde se reconocerá en la imagen de Caín asesinando a Abel y fijará la leyenda que se destaca debajo correspondiente al sexto mandamiento: “No matarás”. El segundo episodio será la violencia doméstica que su padre Tom Doss (Hugo Weaving), ejercía tanto sobre ellos como sobre su madre. El padre es un ex-combatiente de la primera guerra mundial que ha perdido a sus amigos en la guerra y se ha volcado al alcohol. Aquí introduce Gibson las secuelas psicológicas de la guerra y el abandono en que quedan los ex-combatientes por parte del Estado. Estas escenas de violencia serán presentadas primando la tonalidad azul, de manera que quedarán igualadas la locura del infierno de la vida familiar con la locura del infierno de la guerra. Los flashbacks desde la vida adulta al modo de recuerdos o sueños de la infancia, develarán que el punto determinante para Desmond fue quedar apuntando a su padre con un arma para defender a la madre de su violencia. De allí surgirá su convicción de no tocar un arma nunca más.
Seguidamente la película continuará avanzando de acuerdo a una temporalidad lineal cronológica y nos transportará hacia 15 años después de esa infancia. Allí tendremos a un joven Desmond Doss (Andrew Garfield), que al presenciar un accidente automovilístico en la calle, mostrará su porte heroico al sacarse el cinturón y realizar con él un torniquete en la pierna herida del joven accidentado, punto clave para que se le haya podido salvar la vida.


En esta parte de la película decaerá el interés y la tensión dramática cuando el director despliegue el romance de Doss con Dorothy (Teresa Palmer), una enfermera que conocerá en el hospital y que devendrá en su esposa.
Llegará luego el momento en que Desmond decida enlistarse en el ejército, bajo la premisa de que buscará salvar gente, no matarla, encarnando el rol de médico. La secuencia en la cual el sargento Howell (Vince Vaughn) pase revista a los recién llegados, cargándolos con bromas, la del entrenamiento militar donde se destaque el valor fálico del rifle estándar del ejército, comparándolo al lugar que tendría una novia o amante, y la paliza que recibirá Desmond de sus compañeros como represalia por el castigo de recibir un entrenamiento más duro debido a su decisión de no tocar un arma; recuerdan claramente a la primera parte de “Nacido para matar” (“Full metal jacket, Stanley Kubrick, 1987) quedando prácticamente calcadas de allí, pero es evidente que la de Gibson es una versión más liviana.
Al bueno de Desmond, sus superiores, le harán las mil y una, buscando que renuncie al ejército. Pero como hombre de fe religiosa, él pondrá siempre la otra mejilla. Dado que Desmond insiste en su convicción religiosa de no poder tocar un arma, será confinado en prisión y llevado a una corte marcial por desacato. En este punto, aparecerá el padre de Desmond, apelando a un viejo amigo de sus días de combatiente, como su salvador. El viejo Tom Doss aportará al tribunal una carta de un superior de Washington que ampara las convicciones religiosas de Desmond en el marco de la constitución, no pudiéndoselo obligar a dimitir de sus principios.
La segunda hora de la película, narrará el ingreso de Desmond en el infierno de la batalla de Okinawa como médico de combate, sin portar un arma para su protección. Aquí Gibson despliega magistralmente toda su artillería técnica para retratar la crudeza de la guerra de un modo sumamente realista, para no ahorrarnos en tanto espectadores sentir el horror en carne propia, al modo como lo hizo Spielberg con el desembarco de Normandía en el comienzo de “Rescatando al soldado Ryan” (“Saving private Ryan”, 1998).
En cierto punto de la contienda, el ejército de EEUU emprenderá la retirada y Desmond quedará solo y desarmado en medio de las líneas enemigas, rescatando a sus compañeros heridos, cargándolos sobre sus hombros uno por uno, “hasta el último hombre”. Se dice que Desmond rescató a 75 soldados de esa suerte de ratonera en la cual habían quedado atrapados por el enemigo japonés. Esta hazaña lo convertirá en una suerte de milagro y en héroe ante sus compañeros y superiores, insuflándoles impulso para continuar el combate. De este modo, aquí no se trata de la clásica estructura del camino del héroe con su momento de caída en la tragedia por las transgresiones o excesos cometidos, sino que aquí hay una redención final.
En este punto, podemos analizar la particular posición de Desmond Doss. En ningún momento lo vemos vacilar en sus principios. Los sostiene férreamente, a la manera más de una certeza casi psicótica e inamovible, más que de una creencia. Por otro lado, que tenga un total desprendimiento de su cuerpo, dispuesto a recibir los azotes, la cárcel y hasta a cederlo por salvar la vida de los demás; sitúa a ese cuerpo en calidad de instrumento al servicio de sostener a Dios y a la Constitución de los EEUU, como garantes del universo. Por eso, en rigor Desmond, aunque su posición parezca masoquista, no padece. Quienes sí padecen y quedan cuestionados en sus principios militares y hasta angustiados, son sus superiores y sus compañeros de regimiento. De allí sus actos despiadados para forzarlo a desistir de sus principios o a abandonar el ejército.
Salvo por la parte edulcorada por el romance a la cual se le dedica tiempo sin aportar demasiado, “Hacksaw Ridge” es una película lograda a nivel técnico, narrativo y actoral. Es un buen producto de entretenimiento. Su problema radica en la ideología que sostiene, en esa insistencia y hasta necesidad del Imperio Americano por construir héroes, eludiendo cualquier tipo de conflicto, contradicción o cuestionamiento a las razones más profundas de la Segunda Guerra Mundial. De hecho el propio Gibson declaró en una entrevista que: “En un mundo de Superhéroes, quise homenajear a uno de verdad”. Poco importa que se trate de un héroe de ficción o de existencia real, Desmond es un héroe y hasta una suerte de santo, al fin de cuentas. En este punto, la película es perfectamente funcional a la gran fábrica de héroes y con “Hacksaw Ridge”, Mel Gibson sella la paz con la industria de Hollywood.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

* Un objetor de Conciencia es alguien que se niega a acatar órdenes o leyes o a realizar actos o servicios invocando motivos éticos o religiosos.
*1 El ataque a Pearl Harbor fue una ofensiva militar sorpresa efectuada por la Armada Imperial Japonesa contra la base naval de los Estados Unidos en Pearl Harbor (Hawái) en 1941. El ataque pretendía ser una acción preventiva destinada a evitar la intervención de la Flota de los Estados Unidos en las acciones militares que el Imperio del Japón estaba planeando realizar en el Sureste Asiático contra las posesiones ultramarinas del Reino Unido, Francia, Países Bajos y Estados Unidos. El ataque conmocionó profundamente al pueblo estadounidense y llevó directamente a la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

Hacksaw Ridge