“Mujeres libres son las que luchan”. Gulistan, Land of Roses (2016) de Zayne Akyol

Rocio Molina Biasone 25 - Noviembre - 2016 Textos - Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

Cuando el cine, inclusive el así llamado cine documental, se propone mostrar un conflicto bélico, lo que se suele mostrar son los momentos de acción, los de enfrentamiento propiamente dicho. También están aquellos que muestran la vida de los soldados de ejércitos oficiales, como el americano, sus vidas marcadas por una disciplina controlada por una autoridad incuestionable, que a veces tiende a lo sádico, a una prepotencia absoluta sobre sus “inferiores”.
Pero Zayne Akyol no se interesa por un ejército como aquellos que solemos ver en el séptimo arte. Y por eso mismo, no va a mostrar y a retratar a esta milicia y su lucha de la forma que suele retratarse la guerra. Porque cuando los recursos son limitados, y cada uno de esos enfrentamientos en pequeños pueblos del desierto puede ser decisivo, lo que abunda y domina la lucha es la espera. La vida guerrillera es ante todo una vida de paciencia, de esperar al enemigo, de atacar en el momento justo, ni antes ni después, porque la plata no sobra, y los cuerpos no se consideran carne de cañón.
Esta guerrilla en particular es la del PKK, el Partido de los Trabajadores de Kurdistán, que desde hace unas décadas lucha en reclamo de la independencia de su nación. Últimamente, sin embargo, su conflicto ha tomado un giro, al enfrentarse a un enemigo cada vez más grande y poderoso: el ISIS. El Estado Islámico penetró en sus territorios, y su agenda política y social está lejos, muy lejos, de estar en paz con la voluntad del PKK, sobre todo en lo que respecta el destino de las mujeres.
Las mujeres no tienen paz en aquellos territorios donde la plaga del fundamentalismo religioso ha estado tomando el control. Las opciones para cualquier mujer en esta circunstancia se reducen a padecer una vida de esclavitud patriarcal en cuanto esposa (es decir, sirvienta y esclava sexual), o negarse a eso, y de tener la opción, luchar con ese enemigo en clandestinidad. Pero reitero, la paz no es una opción para ellas. Las mujeres que conforman una de las milicias del PKK eligieron la segunda opción. Eligieron un prospecto peligroso y atemorizante, por sobre otro mucho peor.
Se muestra una faceta de esta vida de desierto, de ocultamiento, de guerra en desequilibrio, que no se esperaría ver en un documental sobre guerrillas. Si buscan ver personas constantemente serias, amargadas y enojadas, no lo encontrarán. Si buscan ver como un comandante les grita y les da órdenes al resto, no lo encontrarán. Si buscan ver que como hay una sola autoridad imperante, y las decisiones no se discuten en colectividad, no lo encontrarán. Incluso si buscaran un epílogo que dijera qué fue de esas mujeres desde que se hizo el film, no lo encontrarían. Mas sí verían comunidad con la naturaleza, subjetividades e historias personales, discursos e ideologías. Pero nunca despedidas.
Y aún así, aún siento combatientes, soldadas, estrategas, organizadas, disciplinadas, los ojos que las ven desde fuera no pueden evitar verlas como mujeres. Como ejemplo tenemos las palabras mismas que figuran en la crítica oficial del festival sobre este film:

 

“(…) el mayor hallazgo del film es contradecir los prejuicios del observador: el protagonista colectivo es un pelotón de mujeres, casi todas hermosas y muy femeninas, convencidas de su vocación emancipatoria y conscientes de su decisión de vida.”

 

¿Por qué es importante un documental así? Para mostrar un lado del fenómeno que tiene a los medios mundiales constantemente ocupados y preocupados, un lado que no se molestan nunca en cubrir. Para generar relatos que también importan, para demostrar que ante el peligro, ante la miseria y la opresión, tal vez algunas mujeres pueda llegar a hacer algo más al respecto que asumir calladas un horrible destino. O aunque sea para que algún día, después de ver un documental como este, a nadie se le ocurra escribir cómo su “mayor hallazgo” fue mostrarle al espectador que las mujeres que van contra un enemigo que las encierra y las violas, no eran feas y machonas después de todo. Qué alivio.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Gulistan, Land of Roses