“Corre, Connie, Corre”. Good Time (2017), de Ben Safdie y Joshua Safdie

Rocio Molina Biasone 1 - Diciembre - 2017 Textos

 

 

Después de su última película, Heaven Knows What (2014), los hermanos Safdie se adentran una vez más en el mundo marginal de New York, por fuera de lugares turísticos y comunes, y corriéndose de la representación del estereotipo del ciudadano americano o de los jóvenes bohemios que habitan la ciudad que nunca duerme. Los protagonistas de ambos filmes son veinteañeros que viven una vida de crimen o de vicio, sin un rumbo determinado más que por la fuerza (auto)destructiva que los mueve.
Si en Heaven Knows What las drogas eran tanto co-protagonistas como el detonante de uno de los conflictos de la trama, en Good Time este rol lo cumple el dinero. La marginalidad en estas películas es de naturaleza casi determinística, algo que no solo se detecta en la historia, en la evolución (¿o involución?) de los personajes, sino también en el tamaño de los planos, en los movimientos de cámara: los protagonistas están encerrados, limitados, sus rostros llenan la pantalla y casi no hay lugar para moverse. De igual forma, en la trama, sus formas de ser parece no dar lugar a otra cosa que desastre y caos. El accionar está limitado por la personalidad, los personajes construyen su propia jaula.
Sin embargo, mientras que en la película del 2014 el conflicto de Harley era interior, complejo y psicológico, basado en su relación con las drogas — un auténtico y consciente escape de la realidad y un punto de convergencia en la relación pasional, tormentosa y destructiva con Ilya —, en la nueva obra la problemática y la tensión que de ella nace son de una naturaleza mucho más superficial. Connie es un adicto al dinero, pero su psicología permanece inmutable e imperturbable a través de toda la trama: nadie le importa, solo su hermano, y tal vez ni siquiera.


La odisea entera de este filme se basa en la supuesta intención de Connie de sacar a su hermano de la cárcel, pero fue él mismo quien hizo que terminara ahí. El discurso altruista de querer hacer todo por Nick no tiene mucho sostén, y por eso el conflicto de Connie mismo parece algo débil: quiere lo mejor para su hermano, quien tiene una discapacidad mental, pero lo lleva consigo a robar bancos; quiere lo mejor para su hermano, quien carece de equilibrio emocional, pero intenta liberarlo de forma desprolija e ilegal.
Pero es verdad que así como los personajes son débiles, la trama es rica: es cine de acción que rompe con toda expectativa tradicional. La tensión que se crea a través de los lugares, las personas y los contextos jamás se rompe, y el espectador apenas tiene un momento de respiro. No se precisan descansos, ni se vuelve reiterativa la persecución, pues por más que falte introspección en el argumento y en la construcción psicológica de los personajes, la construcción del guión logra sostener el circuito maratónico por el que Connie corre sin parar, por más que su meta sea inexistente.
Lo que sí tienen en común tanto Harley como Connie es su determinismo, uno que se configura desde la imposibilidad que tienen ambos de ver consecuencias más allá de la inmediatez de sus acciones. Harley se droga para sentirse bien, y busca a Ilya para lo mismo, no importa si ambas adicciones la pueden matar. Connie busca al dinero para tenerlo consigo, y busca a su hermano para lo mismo, no importa si al fin y al cabo esto le causará aún más daño a Nick. Sin duda alguna, los hermanos Safdie son dos jueces que hay que temer.

Rocio Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Good Time