Neoyorquinos. Golden Exits (2017), de Alex Ross Perry

Ivan Garcia 5 -Octubre - 2018 Textos

 

 Si pensamos en un cine cuya identidad urbana se asocie a una ciudad en concreto, sobre todo en Estados Unidos, Woody Allen y Nueva York. Hoy en día podemos nombrar un par de directores que también se identifican con la gran manzana y sus producciones son muestra de esto, dentro de lo que se considera el cine indie: el más notorio es quizás Noah Baumbach, quien sitúa aquí dos de sus más emblemáticas películas (Frances Ha y The squid and the whale). En este panorama del cine independiente aparece un nombre no tan conocido quizás, pero con marcas estéticas similares. Alex Ross Perry tiene menos recorrido, menos prestigio y reconocimiento, pero ya se figura como un autor que se enfoca principalmente en los personajes y sus relaciones, y el contexto en el que se desenvuelven. En su última película cementa algunas de estas características y refuerza la idea de que las personas y las conexiones interpersonales son por sobre todo producto del ambiente en el que existen y confluyen, en este caso la clase media alta culta de Nueva York (concretamente de Brooklyn).
En Golden exits Ross se mantiene enfocado en la psiquis angustiada de personajes que viven cruzándose más que conviviendo en la gran ciudad. Sin embargo no repite el tono de cintas anteriores (la comedia de enredos intelectual en The color Wheel y Listen Up Phillip o el melodrama psicótico de Queen of earth) sino que esta vez se asienta en un drama reflexivo, que le da espacio a cada protagonista de esta estructura coral, ampliando perspectivas y llegando a conclusiones en común. La idea central es profundizar en cómo construimos lazos entre amigos y familiares, y cómo pasamos de un terreno a otro también desplazando nuestros afectos, sabiendo que algunos son solo temporales, otros forzosamente estarán ahí siempre, y otros se mueven en un terreno más gris o ambiguo. No es lo mismo la tensa relación con un hermano o una cuñada insoportable que el vínculo de confianza y amistad que se construye rápido con una asistente en el trabajo, y tampoco son iguales los tiempos de esas relaciones ni los plazos que nos da para desarrollarla de la mejor manera. Así la historia se desplaza con armonía y una excelente noción de los tiempos para realizar pequeños saltos temporales y para darle tiempo a cada personaje de llegar a un punto de conflicto lógico y ver si este logra resolverse, satisfactoriamente o no.
En cuanto a la trama en concreto, Nick (interpretado muy bien en su desidia cotidiana por Adam Horovitz) es un archivador que contrata una nueva asistente, una joven australiana llamada Naomi, lo que hará surgir dudas crecientes en el matrimonio de Nick, y que luego se relacionará también con un productor musical llamado Buddy que no le corresponde amorosamente y también está casado. Esta llegada es la que pone en movimiento la rueda de viejas inseguridades, nuevos conflictos, y diferentes problemáticas entre todos ellos, cada uno desde un lugar particular (distintas edades, objetivos, relaciones).
La Nueva York de Ross parece siempre estar deshaciéndose en cálidos atardeceres, lo que le da esa calidad melancólica e introspectiva al filme. Tampoco hay un abuso del colorismo en ese sentido, sino más bien ese sentido de identidad de un ambiente social. Por lo demás, en cuanto a los espacios, la idea de la cotidianeidad se ve en las escenas cortas de largas conversaciones que se desvaneces fundiéndose a negro, donde una y otra vez volvemos a las grandes salas de una familia de plata de la ciudad, o al pequeño living de una pareja más joven, o también al estudio de Nick, un pequeño cuartito donde toda su vida laboral se desarrolla en silencio prácticamente.
Esto es en definitiva Golden exits. Una película tranquila y reflexiva que dialoga con sus personajes y se desplaza por las tardes de Nueva York. Nada que impacte ni busque ser disruptivo, pero sí una buena película que logra sus cometidos y nos trae respuestas en forma de más preguntas, que no hace falta responder, pero en las que sí podemos quedarnos pensando largo rato.

Ivan Garcia

ivangarcia@caligari.com.ar

Golden Exits