Guiño a la ciencia ficción. Generación artificial (2015), de Federico Pintos

Eduardo Savino 7 - Junio - 2016 Textos

 

Es en los límites entre la ficción, el documental y la experimentación visual y narrativa donde se dejan entrever los conflictos que circundan a las definiciones de cada una de estas variables cinematográficas. En algunos casos, para intentar abordar una categorización que permita establecer una base para el análisis, se ha dado el nombre de ensayo fílmico a algunos de estos híbridos. Podría empezarse por ahí para hablar del trabajo de Federico Pintos en Generación artificial, su primer largometraje.

Mezcla de relato apócrifo sobre un VJ devenido científico loco, documental sobre el complicado oficio del video jockey y explosión visual que atraviesa múltiples formatos y corrientes estéticas, se nos muestra como un film tan difuso en sus límites como el propio objeto de estudio (o de acoso) que aborda. La categoría o el “mote” de ensayo audiovisual viene a suplir esa indefinición que hace, en gran parte, a la riqueza de la película. Es posible suponer que esta característica es el resultado de la realización, aparentemente, entrecortada de la misma durante alrededor de una década. Pero, como todo lo que se nos muestra aquí, es una verdad que bien podría estar falseada para sostener la fuerza de la historia que se cuenta. Y es que todo en la película puede pasar por falso, por puesta en escena, más allá del supuesto eje documental: incluso el protagonista del film, que es el propio Pintos, está interpretado por otra persona (Rafael Cippolini). Desde ahí, es difícil entablar un diálogo con la película en torno a la veracidad de lo que se expone. Solo nos queda –y no es que sea poco, en absoluto- una forma que asemeja al thriller del estilo de Pi (Aronofsky, 1998), donde un personaje se rodea de máquinas buscando un significado, una respuesta que trascienda el entendimiento racional del ser humano. Solo que aquí el personaje busca, a propósito, hackear su propio cerebro. Un guiño a la ciencia ficción que no deja de inquietar por el implícito comentario que subyace con respecto a los avances tecnológicos acelerados de nuestra época, al mismo tiempo que resuena, vagamente, a los experimentos nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Por el lado de la cuestión documental, la referencia primera que se nos viene a la mente es F for Fake (Welles, 1973), tal vez uno de los filmes inaugurales del ensayo fílmico y uno de los más famosos falsos documentales. Pero en Generación artificial, a diferencia de la película de Welles, donde el director nos dice a cámara desde el comienzo que lo que estamos por ver es una mentira, esa advertencia se nos presenta de manera mucho más sutil, como decíamos, por la inserción de un falso Federico Pintos en pantalla. El efecto, a fin de cuentas, es el mismo: tanto en el film del gigante Welles como en la obra del argentino, se nos expone la mentira pero dudamos –o creemos- igual. La importancia de esto radica en que, para que esto suceda, el relato tiene que estar minuciosamente construido, de modo que nos adentremos de lleno en él y, a la vez, la fuerza y la variedad incansables de las imágenes y los efectos visuales presentados no permiten que en ningún momento la atención se esfume.

Esto último viene de la mano de otra de las grandes virtudes de la película que es el trabajo de edición –la película ganó el premio a Mejor Edición, precisamente, en el BAFICI-, que no solo cruza formatos como VHS, miniDV y formatos digitales actuales, sino que pone en diálogo a las imágenes entre sí y consigo mismas constantemente, reinterpretándolas con efectos diferentes, poniendo pantallas encima de otras, engañando al espectador con trucos de cámara y de corte. En un momento en que los formatos de súper alta definición empiezan a saturar y lo vintage, tanto en video como en fílmico, toma protagonismo, Pintos explota esto para poner en tela de juicio ciertas cuestiones sobre las decisiones estéticas y la “calidad” de imagen.

Generación artificial es una buena muestra de cómo enlazar el interés por un tema en particular, el entretenimiento y la experimentación artística con diversos materiales y modelos narrativos. Quedará en el espectador entenderla como una gran tomada de pelo o un trabajo excepcionalmente entretenido.

 

Eduardo Savino

eduardosavino@caligari.com.ar

Generación artificial