Vida, muerte y montaje. Gemelos (2016), de Pablo Radice

Nicolás Taramasco 2- Agosto - 2017 -FIDBA 2017 - Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires

 


Gemelos es un documental argentino del año 2016 que se centra, como su título indica, en en dos hermanos de dicha condición, con el particular agregado de que ambos son médicos: Uno cirujano y el otro forense. La película elige como tema (en paralelo y complementario al de la gemelitud) la dialéctica entre la vida y la muerte. Para ello, el director opta por construir su película a través de la yuxtaposición de imágenes representativas a ambas. Es decir que nos encontramos frente a un buen ejemplo del viejo y querido montaje dialéctico que definía Einsestein de la siguiente manera, “desde mi punto de vista, el montaje no es una idea compuesta de fragmentos colocados uno detrás de otro, sino una idea que nace del enfrentamiento entre dos fragmentos independientes”.


            Desde el comienzo, planos de células, ecografías de los gemelos y fotos de los gemelos de niños y adolescentes, puestas en sucesión, en un determinado orden, nos presenta el tema de la gemelitud, y la evolución de la vida, apelando a planos que por sí solos no podrían dar el mismo sentido. Luego, el director utiliza el recurso de la pantalla partida, primero para mostrarnos la unión de dos planos de un ojo de cada hermano. Este tipo de plano compuesto, tomado de forma independiente, no parece revelarnos mucho, más allá de que podemos suponer que se hace referencia a una cierta unidad, o mejor dicho “identidad”, entre ambos. Pero justo a continuación, la pantalla partida nos muestra, a ambos lados de la pantalla, planos detalle de partes del cuerpo. En ambas mitades de la pantalla se muestran las mismas partes del cuerpo, pero en una mitad es el cuerpo de alguien vivo, y en la otra mitad no encontramos con un cadáver. Cuando llegamos al final de esta secuencia, nos encontramos en una mitad con la nariz y los labios de una persona viva, y en la otra mitad, desde el mismo ángulo, una mortaja fúnebre. Podemos pensar que se trata en ambos casos de la misma persona.  De esta forma, no sólo se presenta el tema de la vida y la muerte, encadenado al de gemelitud, sino que además se juega con una relación especular entre ambas, una es el reflejo de la otra.
            Los planos detalle van dejando lugar a planos cada vez más abiertos y reconocibles, y hasta a acciones completamente identificables. De esta forma, vemos la yuxtaposición de imágenes de una morgue (con su correspondiente cadáver) y una sala de neonatología. Más aún, de un parto y una autopsia, en un evidente paralelismo entre lo grotesco y lo fascinante en ambos sucesos, nacimiento y post-mortem. Por momentos ambas operaciones hasta se confunden la una con la otra (nuevamente identidad).
 Este uso del montaje y de imágenes grotescas, sin concesiones al espectador, nos recuerda al pesadillesco cine de Andrej Zulawski, especialmente a su ópera prima La tercera parte de la noche. Todos estos planos, tomados de forma independiente, parecen llevarnos hacia una narración surrealista y onírica, pero la dialéctica entre ellas (en dónde el orden es un factor importante) dota a la obra de sentido en intencionalidad, como si viésemos un grupo de piezas de que al irse colocando una junto a otra, forman una imágen nítida más grande que sus partes. Al igual que en la vida, en la que uno busca dar forma y orden a una sucesión de signos indiciales, en el intento de explicar ciertos fenómenos y dotar de sentido a la muerte. De la misma forma, el montaje no deja de ser como armar un rompecabezas.      

Nicolás Taramasco

nicolastaramasco@caligari.com.ar

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