El otro lado de la guerra. Gagma napiri (2009), de George Ovashvili

Juan Pablo Barbero 18 - Octubre - 2017 Textos- Foco: Al Este del Plata 2017, IV festival de cine de Europa central y oriental.

 

 George Ovashvili es un director que no necesita de la abundancia de palabras para dejar en claro que lo implícito de un conflicto entre naciones se puede narrar sin grandes explosiones, ni sangre, ni tanques de guerra; sino que su inteligencia reside en el hecho del saber político que está presente en sus historias. Tiene sólo dos películas anteriores a Khibula, una primera llamada La otra orilla, más directa quizás a la temática social que desde el 2008 vive Georgia con sus alrededores, un niño que busca a su padre en una tierra que posiblemente ya no exista, una tierra borrada del mapa, donde la larga búsqueda a una edad temprana ya se hizo demasiado tarde, donde un niño obligado a convertirse en grande de inmediato debe asumir los riesgos de su propio país: el rechazo, el abandono y el desarraigo.

 La otra orilla es una película que nos muestra el otro lado de la guerra, porque detrás de todos los artificios y el armamento que inventó el cine para jugar a las guerras muchas veces se olvida de quienes no participaron de un acto directo de enfrentamiento pero eso no los aleja de sufrir la guerra. Los que no pelearon también pusieron su cuerpo. El escenario es abierto, un cruce de fronteras y esta es la imagen que nos sirve de referente para este extravagante director, ya que cuando el idioma sufre alteración, se busca contar las cosas con algo más profundo como el silencio.

 El problema del lenguaje es algo que se mantiene intacto porque ya de por sí el lenguaje es un problema, un niño que finge ser sordomudo para que no reconozcan su idioma y así descubrir su procedencia, pero un niño puede fingir y ser sutil en su camino, pero un país no. Su segunda película, más reconocida aún, Corn Island, suprime casi por completo la palabra, a excepción de algunas cortas líneas y hace de un pequeño escenario natural como esa isla que crece en un espacio geográfico determinado, un planeta entero de interpretaciones, donde la tierra es fértil y conviven sólo un anciano y una joven, pero alrededor de la isla como resistencia, naufraga un mundo entero con todas sus problemáticas y el deseo de progreso es casi similar al del escape de la realidad. No se habla con palabras pero se enuncia con los otros elementos narrativos, los rostros hablan callados mientras el viento grita y los exteriores son el verdadero campo de batalla cotidiano.

Juan Pablo Barbero

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Gagma napiri