“Si esto es un niño”. Freistatt (2015), de Marc Brummund

Rocio Molina Biasone 20 - septiembre - 2016 Textos

 

Cuando nos encontramos con un film que nos recibe con la advertencia, o nota al pie, de “basado en hechos reales”, a menudo nos predispone a juzgar lo poco “realista” de lo narrado, o nos hace rechazar la “manipulación” de las escenas por parte del autor.
Pero en Freistatt, no podemos hacer sino desear que lo que vemos esté manipulado. Y lamentablemente, dudo que lo narrado esté, en este caso, demasiado alejado de una verdad. Más que famosas son hoy las historias que rodean el maltrato y la violencia con la cual se manejaron los varios internados y reformatorios cristianos — instituciones religiosas de “formación” para chicos/as no deseadas por sus familias, o jóvenes considerados problemáticos — hasta hace solo unas décadas atrás, a lo largo de todo Occidente.

El internado de Freistatt fue uno de los más conocidos en Alemania por la tortura física y psicológica a la cual eran sometidos los jóvenes que por allí pasaban. Este film muestra este arduo y creciente suplicio, regulado de inicio a fin por la figura de un perverso patriarca, cuya brutalidad provoca, en la psicología de los jóvenes, el deseo y anhelo por el contacto con figuras femeninas (una madre, una bella muchacha), como forma de resistencia mental.
A través de Wolfgang somos presentados a las diversas formas que puede tomar el represor: desde un padrastro que lo rechaza por ser un varón de otra sangre, y en tanto un contendiente por el amor y atención de su nueva esposa; hasta el director del internado, quien lo recibe con un amistoso apretón de manos, cual depredador que no quiere asustar a su presa hasta tenerlo entre sus fauces; terminando —¿por qué no? — con Dios mismo, y sus representantes en la Tierra.
¿Qué tienen en común los represores? ¿Estos patriarcas? Ellos no solo se encargan de implementar la Ley. Ellos la crean. Cada uno en su espacio, hace las reglas, y nadie tiene la mínima intención de oponerse. Como tantas veces en la historia, no importa la cantidad de oprimidos, ésta siempre será mayor que la de represores, pero el peso del patriarca es tal que la conciencia de un poder conjunto, masivo, es casi impensable, o cuando llega a ser pensado e implementado, no logra sino ser fugaz, sin llegar nunca a destruir ese poder, solo a renovarlo. El padrastro establece la Ley en su casa, echa a quien quiere y domina a sus habitantes. El director castiga de forma estratégica a los jóvenes, sin dejar de lado su placer personal en ese accionar. La conciencia de su poder de dominación es lo que lo fortalece.
Ninguna autoridad en este film tiene posibilidad de redención. En cuanto se nos muestra una cierta “humanidad” en una parte de ese poder, sus intenciones luego se develan perversas a su vez. Abuso físico, abuso psicológico, abuso moral, abuso sexual. Abuso y el control total de esos cuerpos como el fin último. Anularles la voluntad propia y lograr la obediencia, que no es más que eso: escuchar al poder, seguir sus instrucciones, dejar de lado a quienes se nieguen a hacer lo mismo.

Y qué sería de un patriarca sin lograr la complicidad de los mismos oprimidos. Los campos de concentración del nazismo fueron el mayor y más efectivo ejemplo de control absoluto de una cantidad impensable de personas. Y la forma en que semejante genocidio logró llevarse a cabo sin casi resistencia alguna de las víctimas, fue en parte a través del establecimiento de jerarquías entre los mismos oprimidos. Primo Levi escribió, respecto a su experiencia en Auschwitz, que lo más cruel que les habían hecho los alemanes, era crear jerarquías donde los judíos mismos llegaran a ser represores internos. Es una forma de no dejarles siquiera una posibilidad de redención, de inocencia frente a lo que les estaban haciendo.
No hay forma más efectiva de dividir, de impedir cualquier instancia de enfrentamiento, que el hacer del mismo oprimido un cómplice: darle una ilusión de salvación, un poder ficticio, hacerle creerse mejor y diferente a sus iguales, o al menos convencerlo de que multiplicar esa obediencia puede ser su salvación y acceso al poder.

 

Rocio Molina Biasone

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