El juego del deseo. Eyes Wide Shut - Ojos bien cerrados (1999), de Stanley Kubrick

Carla Leonardi 28 - Octubre - 2015 Textos

 

Ojos bien cerrados es la última película de Stanley Kubrick. Su obra póstuma (el director falleció antes de terminar el montaje definitivo), se basa en una novela de Arthur Schnitzler (Relato Soñado). Y en este último mensaje, nos deja pistas, con increíble lucidez; respecto de cómo pensar un amor que vaya más allá de la ilusión imaginaria de la complementariedad entre los sexos, que por estructura es imposible.

El juego del deseo:

Alice y Bill Hartford son una pareja, de buena posición económica que vive en Nueva York. Él es un médico respetado. Ella dirigía una galería de arte, pero al momento se encuentra sin trabajo y dedicada a la crianza de su hija Helena. Se trata de una pareja en crisis.
La primera imagen es el desnudo de Nicole Kidman, y se  trate de un desnudo de espaldas, ya nos introduce a lo femenino en tanto misterio.

Alice y Bill se preparan para ir a una fiesta de Navidad organizada por un paciente de él (Victor Ziegler). Ella le pregunta cómo se ve; y el mirándose al espejo le dice: “Hermosa”, pero ni siquiera la ha mirado. Ella le demanda que la mire en tanto mujer y él no puede mirarla. Podemos leer este punto donde él se mira y la mira desde el espejo, como que la mira desde sus fantasías, desde la construcción que tiene de la mujer en su fantasma.

Durante la fiesta se separan. Bill va a saludar al pianista, quien era compañero durante la carrera de medicina. Alice va al baño y lo espera en el bar, tal como habían quedado. Ella toma champagne y por su pose, coquetea; busca ser mirada en tanto mujer deseable. Se le acerca un hombre mayor, húngaro, que la invita a bailar y la seduce. Ella se engancha en ese juego de seducción. Él le habla de Ovidio y el Arte de amar, de que las mujeres se casaban para perder la virginidad pero luego quedar libres para disfrutar con los hombres que realmente querían, y la invita arriba a ver la galería de esculturas. Ella le dice que no, que tiene que ir a buscar a su esposo. Él le pide verla otra vez y ella, mostrándole el anillo, le dice que es imposible, porque está casada.

Bill es abordado por dos bellas modelos, que intentan seducirlo. Recuerdan la anécdota en la que él se comportó como un “caballero”, prestándole su pañuelo a una de ellas. Dato que marca su posición: es el caballero que socorre a la dama en apuros, signo de un amor cortés, donde la dama es objeto de cuidado y veneración, pero se mantiene inaccesible como objeto del cual disponer para gozar. Ellas buscan conducirlo “hasta el final del arco iris” (dato que retomaremos más adelante) Lo detiene y lo saca de la escena, el tener que volver a ocupar su rol de médico, pues es requerido por su paciente el Sr. Ziegler, quien se encuentra en problemas con una mujer con una sobredosis.

La posibilidad de estar con otro hombre u otra mujer, es  para ambos un juego de deseo, una posibilidad fantaseada, pero nunca consumada. El sale de la escena de ubicarse como un hombre que goza del cuerpo de una mujer,  por su semblante de “médico”  Ella, se afirma en su semblante de “esposa”. Se ubica desde el “Tu eres mi mujer” de él, en tanto: “Yo soy tu esposa”, es decir en tanto mujer como objeto con valor fálico para un hombre, como un objeto de pertenencia o propiedad de ese hombre.

 

La Otra en la esposa:
Hay una escena donde la pareja de Alice y Bill están en la cama fumando un porro, y donde el encuentro sexual se ve interrumpido por una discusión.  Ella le pregunta si cogió con las dos chicas con las que coqueteaba en la fiesta y le dice que no porque lo necesitaba Ziegler y que aunque tuviera ganas no lo haría por consideración a ella, porque ella es su esposa y no haría nada para lastimarla. Y Alice le pregunta si nunca tuvo celos de ella, y él le dice que no, porque es su esposa y la madre de su hija y porque sabe que nunca le sería infiel, porque está seguro de ella. Ante esta respuesta, ella se echa a reír y le cuenta del verano pasado cuando una noche había un joven oficial de marina sentado cerca de la mesa de ellos y que ese mañana en el lobby, ese joven la había mirado. Fue esa sola mirada, pero a la tarde mientras hacía el amor con su esposo y hablaban del futuro y de Helena, ese joven nunca estuvo fuera de su mente. Ella pensaba que si él la quisiera aunque sea por una noche, ella estaba dispuesta a perderlo todo: su esposo, su hija y su futuro. Y a la vez el amor de ella por él,  era profundo, tierno y triste. Y que se despertó a la mañana siguiente angustiada, no sabía si porque él se hubiera marchado o que aun estuviese en el hotel, pero esa noche en la cena,  cuando se dio cuenta de que el joven se marchaba, se sintió aliviada.

El modo de goce masculino se ordena por el significante fálico, soporte la función fálica. Esto implica que se ordena por  “tener” esa marca, ese significante. Cualquier objeto (una auto, el dinero, una mujer) que entre dentro de la función fálica, va a cobrar valor fálico, pasa a ser un objeto del dominio de su pertenencia.

Del lado de Bill, él se sostiene en los semblantes de marido y esposa, que en tanto tales, se deben respeto y fidelidad.  El la ve, desde su fantasma, en tanto esposa y madre de su hija. Y su posición se sostiene en la certeza de la frase: “Tu eres la mujer que no me abandonará.”  No puede ver a Alice en tanto mujer, en tanto no perteneciendo totalmente al campo de los objetos con atributo fálico.

De lado de Alice, hay un hombre que, a diferencia de Bill, la ve como mujer, y al revelarle su fantasía de haber estado a punto de dejarlo todo por una sola noche con ese hombre, al revelarle que aparte de esposa y madre, es una mujer que quiere gozar; muestra una posición femenina, en tanto “no-todo” responde al falo. Es como si le dijera: “Soy tuya y a la vez no soy tuya.”

 

De las máscaras al despertar al encuentro con una mujer:
Llegados a este punto de la revelación de la mujer en la esposa, Bill se ve arrastrado en sus celos a una serie de encuentros con mujeres con las cuales no concretará nada, y a una fiesta privada de tipo masónico donde se pasea por las habitaciones observando a mujeres y hombres teniendo sexo.

Recorto ahora la escena antes del final, donde Bill regresa a su casa y al entrar en la habitación encuentra a Alice durmiendo y en su lugar en la cama, la máscara que llevara en la fiesta. Bill se encuentra abrumado; rompe en llanto, se arroja en sus brazos y le confiesa todo lo sucedido.

La máscara sobre la almohada podemos leerla como un llamado a deponer y atravesar los semblantes de marido y esposa sobre los que se relacionaba esta pareja. Recuérdese que las modelos querían llevar a Bill “Hasta el final del arco iris” y que el nombre de la casa de disfraces donde alquila su disfraz para la fiesta, es “Rainbow” (arco iris en inglés)

La escena final en la tienda de juguetes marcará un antes y un después para pareja, y especialmente en la posición de Bill.

Bill- ¿Qué crees que deberíamos hacer?

Alice- ¿Qué creo yo? No sé. Quiero decir, tal vez deberíamos estar agradecidos. Agradecidos porque logramos sobrevivir a través de todas nuestras aventuras, ya sea que hayan sido reales o tan sólo un sueño.

B- ¿Estás segura de eso?

  1. Sólo tan segura como que la realidad de una noche, ya no digamos toda una vida, no puede ser nunca toda la verdad
  2. Y ningún sueño es jamás sólo un sueño.
  3. Lo importante es que estamos despiertos ahora y con suerte por mucho tiempo venir.
  4. Para siempre.
  5. Es mejor que no usemos esa palabra. Me asusta. Pero yo te amo y tú sabes que hay algo muy importante que necesitamos hacer cuanto antes.
  6. ¿Qué cosa?
  7. Coger.

Una primera cuestión a señalar ese desdibujamiento entre sueño y realidad. La realidad tiene estructura de ficción, y no es toda la verdad, y a la vez un sueño, puede implicar una verdad.
El sueño de Alice de estar dispuesta a entregarse a otro hombre dejando sus semblantes de esposa y madre, da cuenta de la verdad del goce femenino. La histérica apunta a hacer desear, a ser objeto causa del deseo de un hombre, pero una mujer, quiere gozar. De ahí, el “To fuck” del final en boca de Alice.

En este sentido el sueño de Alice, funcionaría para Bill como un “despertar” al encuentro con Alice, no en tanto esposa y madre, sino como mujer, en tanto no-toda sujeta a los semblantes fálicos.

 

Por otro lado, el desmarcarse de Alice del “Para siempre”, para acentuar el “mucho tiempo por venir”; implicaría soportar un pasaje del “Tu eres la esposa que no me abandonará” (certeza absoluta y marca de un amor que se postula como necesario y complementario, al comienzo); al “Tu eres la mujer que no me abandonarás.”, que implica un no saber, una apuesta a un amor abierto a la contingencia. Apertura a un amor que tenga en cuenta lo imposible del amor mismo, en tanto, marcado por la finitud y el desencuentro entre los sexos.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

Eyes Wide Shut