La vida se abre camino. Ethel & Ernest (2017), de Roger Mainwood

Nicolás Taramasco 11 - Julio - 2017 -Textos

 


Ethel & Ernest es un cómic británico, publicado en 1998. Obra de un autor integral (es decir, guionista y dibujante), Raymond Briggs. La historieta lleva como subtítulo “A True Story”, porque se trata de la biografía de los padres del autor, Ernest y Ethel Briggs, a partir del momento en que se conocen.
Son 42 años de historia británica atravesando la vida de una pareja de clase obrera (aunque a Ethel no le guste admitirlo). Desde su punto de vista, los vemos atravesar la Depresión, el alzamiento de Hitler en Alemania, la Segunda Guerra, la llegada al poder del Labour Party (partido de centro-izquierda, opuesto al Partido Conservador) y luego el hippismo y la era Thatcher. Si bien el autor aprovecha la ocasión para repasar todos estos momentos a través de su impacto en la vida de sus padres, el eje nunca se corre de ellos. Es decir, la reseña histórica y el comentario político (siempre tamizado por un fino humor muy, muy british) acompañan a los personajes, pero siempre desde un segundo plano. No es la historia de la Segunda Guerra mundial o de la Depresión, es la historia de Ethel y Ernest. Una historia tan insignificante como sublime. Briggs sabe que no fueron los protagonistas de la Segunda Guerra Mundial, pero como está narrada, tal vez sea una historia más interesante que la de Churchill y Hitler. Comprende la épica de los pequeños momentos, que en realidad no tienen nada de pequeños: Invitar a salir a la persona que te gusta, que la persona que te gusta te invite a salir, la mudanza juntos, conocer a sus padres, pasar un momento juntos frente a la tele o en la cocina... Quien puede encontrar la épica en esos instantes, no necesita esperar a las musas para sentirse inspirado, no necesita grandes historias para hacer cine.


Briggs le hace a sus padres uno de los mayores homenajes que un hombre puede hacerle a otro: contar su historia, dotarla de sentido. Una de las primeras cosas que se aprenden en la escuela de cine (o deberían aprenderse) es que el cine no es la vida. Una película, sea cual fuere, está dotada de una intencionalidad, un sentido. La vida no. Es una historia contínua, sin final. En la muerte, la historia termina para el muerto, pero eso impacta en otros, y la vida sigue y sigue. Como dice el Dr. Ian Malcolm en Jurassic Park: “Life finds a way”/”La vida se abre camino”. Más allá de la religión y lo espiritual (se puede creer en eso o no), de alguna manera el muerto sigue vivo en el recuerdo. Porque mantiene cierta influencia sobre los vivos. Como el Dr. Ian Malcolm, que ni siquiera existe, es un personaje de ficción, pero sigue teniendo influencia en mi vida, aunque no hubiese vuelto a ver Jurassic Park desde niño. Ian Malcolm vuelve a la vida (esa “vida” que le da la pantalla) al ser recordado y citado por mi en este texto. Así, como ficciones, como recuerdos, como sueños, aquellos que ya no están vuelven a la vida, causando algún tipo de efecto en nosotros los vivos.
Briggs dota de sentido la vida de sus padres. Esa que ellos vivieron y que día a día tenía sentido para ellos: la lucha por sobrevivir, por progresar, por hacer felices a sus seres queridos. Aunque al final todo eso desaparezca en la muerte. Ethel & Ernest es una película (y un cómic) que evita todo tipo de golpe bajo. A diferencia de la mayoría de las películas “basadas en hechos reales”, no busca llegar al espectador con el golpe de un martillo, sino con una caricia, un toque suave y amable. Con el telón de Hitler y los bombardeos a Londres, Briggs podría elegir ese otro camino, pero no lo hace. Sí, hay momentos en los que los personajes están tristes, pero siempre sigue un momento de pequeña alegría para levantar el ánimo. Es una película con un punto de vista optimista sobre la vida. Pero más allá de eso, es una historia bien narrada. Aquellos que construyen una historia a fuerza de golpes bajos son tramposos, van por el camino fácil, y si el espectador es lo suficientemente inteligente no se va a dejar engañar por esos magos de feria por mucho tiempo. Eventualmente los golpes bajos cansan, y se revela el artificio.
Hay un ritmo emocional en Ethel & Ernest que va sutilmente de la alegría a la tristeza, sin muchos sobresaltos, hasta llegar al momento desgarrador. Por supuesto, si la historia de Ernest y Ethel comienza cuando se conocen, termina con su Muerte. Amor y Muerte, el ABC de cualquier buena historia. Cuando llega el momento de la Muerte, ni Briggs ni el director de la película, Mainwood, necesitan de juegos retorcidos para provocar un sufrimiento maniqueo en el espectador. Un plano completo, plano fijo, en una morgue. Eso es todo lo que necesitan para transmitir el dolor del hijo (el mismo Briggs). Un dolor sincero y piadoso.   

Nicolás Taramasco

nicolastaramasco@caligari.com.ar

 

Ethel & Ernest