Desde lejos no se ve. Estoy acá (Mangui Fi) (2017), de Juan Manuel Bramuglia y Esteban Tabacznik

Lucía Roitbarg 7 -Junio - 2018 Texto

 

La inmigración es un tema que, para ser abordado, hoy más que nunca debe proponerse abrir interrogantes. Preguntas que sean disparadores para migrar de los prejuicios o etiquetas construídas desde el sentido común. Estoy acá (Mangui Fi) consigue incluso más que esto. Desde un acercamiento íntimo a sus personajes, Ababacar y Mbaye, dos inmigrantes senegaleses, la película de Esteban Tabacznik y Juan Manuel Bramuglia, permite que el espectador se involucre con su realidad en Argentina y con su cultura. 
¿Cómo mostrar la diferencia  a través de imágenes que nos inviten a “ver” un poco más allá? Más allá de la piel, más allá del idioma, más allá de su trabajo como vendedores ambulantes. Una premisa que bien puede ser leída en esta obra.
A pesar de que los directores casi no aparecen en plano o sus voces apenas se escuchan, hay una presencia en relación a la voz que enuncia que tiene que ver con las condiciones de producción.  A lo largo del documental los relatos de Ababacar y Mbaye  se hacen cada vez más privados, las imágenes y los espacios donde los filman tienen relación con ellos, con su vida.  Lograr esa cercanía en la narración de un documental lo emparenta con la ficción donde siempre se busca invisibilizar el dispositivo. Si bien no es lo que se busca acá, este recurso que no parece estar tan concientemente buscado permite que, en los momentos necesarios, la emoción aparezca.  Pero claramente tiene que ver con el trabajo previo de sus realizadores: un trabajo de cuatro años donde pudieron conocer y generar un vínculo estrecho con los dos protagonistas e incluso trabajar con uno de ellos.
Otra de las cualidades de Estoy acá es su estructura dialógica. Que no tiene que ver sólamente con los extensos diálogos que mantienen ambos personajes sobre su vida en Buenos Aires, sobre sus sueños, sus frustraciones, su miedos. Esto se vislumbra principalmente en la forma de contar: a veces las escenas son dedicadas a Ababacar y otras Mbaye. Además en las conversaciones de ellos dos Senegal es una referencia permenente. Por eso es que los directores acompañaron a Mbaye a su país y ahí capturaron también imágenes de ese mundo que sólo podemos imaginar desde sus palabras. Ahí también dialogan con ambos espacios. A veces ese diálogo de imágenes refuerza lo que cuentan, pero también amplían su mirada y su sentir y hasta nos permiten descubrir qué significa esto esto de “estar acá”.


“Con lo que caminé acá en cinco años, podría haber llegado a Senegal” afirma Mbaye al hablar de su trabajo como vendedor ambulante de joyería en Argentina. Su anhelo es vivir junto a su familia pero, en lugar de eso, su vida la dedica a ganar algo de dinero para poder enviarles. Mientras que Ababacar entiende que haberse ido de Senegal implica poder echar raíces en este nuevo país que eligió y, por eso, decide casarse con una chica argentina y continuar con su trabajo en el país. Generando un vaivén, un cruce, una tensión, la película de Bramuglia y Tabacznik es que logra visibilizar algo nuevo, diferente, en relación a la inmigración. Gente que son parte del paisaje cotidiano de la ciudad, y por eso ya invisibles.  Pero en ese entretejido de historias tan particulares la película también refleja sentimientos y vivencias que son universales: el desarraigo, la tristeza de alejarse de los seres queridos, el sacrificio para poder subsistir, la añoranza de lo perdido, los sueños, los miedos.
Como bien decía Bramuglia al presentar el documental en el Centro Cultural Recoleta, “la idea es que quien se acerque a verlo se vaya del cine con otra mirada sobre los inmigrantes”.  Lógicamente que esto se transmite en el film, pero para ser una realidad hay que ir con una recepción abierta a pensar y sentir un mundo diferente aunque demasiado cercano. Ser conscientes de esa escasa distancia es preciso para salir del cine con una nueva mirada.

Lucía Roitbarg

luciaroitbarg@caligari.com.ar

Estoy acá (Mangui Fi)