“La historia sin fin“. Ensayo de despedida (2016), de Macarena Albalustri

Mary Putrueli 20 - Noviembre - 2016 -Foco: 31 Festival Internacional de cine de Mar Del plata

 

Una historia sin fin tiene una particularidad irrefutable, no tiene nunca un final, nunca una despedida. No es casual entonces que la directora Macarena Albalustri, en su documental “Ensayo de despedida“, tome una escena de la icónica película de los ochenta “La historia sin fin“ dirigida por Wolfgang Petersen, para retratar exactamente lo que puede tomarse como un gesto del adiós, de esa tan buscada despedida final. Allí el caballo Artax, ahogado por la tristeza en sí, se deja vencer, no muere finalmente, pero es la sensación de estar triste lo que lo derrota, tal vez entonces pueda pensarse este excelente documental como una búsqueda, no solo de la mejor manera de decir adiós, de despedirse, sino también, una manera más sana, menos dramática de sanar aquello que duele, de hacer un duelo y no morir en el intento.
El film inicia con una muerte y termina con otra, la cual sucedió mucho tiempo antes, al comenzar, la gata de la protagonista (Albalustri dirige y protagoniza el film) es quien se enfrenta a ese perecer que se avecina, y es el intento de que perdure en el tiempo su recuerdo, su imagen, lo que lleva a la directora a filmarla, fotografiarla todo lo posible. Algo que no pudo hacer con su madre, quien falleciera de cáncer una década atrás.
Comienza entonces un camino de búsqueda, en principio de material fílmico, fotográfico, de recuerdos, anécdotas por parte de familiares, amigos, psicóloga, para convertirse luego en una búsqueda más personal, aquella interior de la que hablábamos al principio, la búsqueda de la misma Macarena de cómo lidiar con ese dolor, aún latente, por la pérdida de su madre, y su duelo personal acerca de esa pérdida tan significativa.
El documental tiene sus momentos de humor, indispensables para no convertir el relato en un drama que tal vez no podría sostenerse a lo largo de su duración, sin embargo nos duele, pero nos duele con una leve sonrisa en la comisura de los labios, el ensayo en sí, es propio de quien lo cuenta, pero cualquiera puede reflejarse en él. La empatía por quien lo cuenta, su manera de ser, su estilo en el decir, el listado que despliega acerca de cómo debería finalizar la película, son los puntos más altos de un documental bellísimo, personal, de autor.
Otros dos puntos fuertes son la fotografía, en cada plano se nota el detalle de lo que se quiso mostrar, y cómo se lo quiso mostrar, cada escena es de una calidez exquisita. Y por otro lado, el montaje termina por completar un ensayo que se vuelve de visión imprescindible para el espectador amante del género y para aquellos que no lo sean, dado que el discurso y el estilo en que se expone son brillantes.

Mary Putrueli

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Ensayo de despedida