“Ojos de videotape”. En la frontera (2017), de Tomás Zabala

Nicolás Taramasco 4 - Mayo - 2017 -Foco: 7º FICIC, Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín

 

Lo que esconde el comienzo del En la frontera, es una de esas cosas que tiene el cortometraje, que por su formato, su duración, y gracias a las plataformas digitales, hacen al divertido juego de revisionar estas obras. Imágenes de “película dentro de la película”, found footage si se quiere, de paisajes. Pero hay un plano que es diferente a los demás, una persona, algo que no nos llama la atención cuando arrancamos a ver el corto. Por supuesto eso se resignificará hacia el clímax.
El ojo voyeur es una marca registrada del cine del enorme Krzysztof Kieslowski. Pero no cualquier ojo voyeur. No es el ojo a través de la cortina o detrás de la puerta, o el ojo que ve a través de un agujero en la pared, como Norman Bates. El ojo de Kieslowski ve a través del cristal. Las vidrieras de “El pasaje subterráneo”, el telescopio de “No Amarás”, y por supuesto, la cámara de “El Amateur”. Hay algo en el ojo a través del cristal, pero principalmente en el ojo a través de la cámara que es más poderoso que una mera mirada. Quizás por eso, dentro del lenguaje cinematográfico tiene una fuerza tan grande las subjetivas de “cámaras dentro del film”, más que las subjetivas tradicionales incluso. Será quizás porque se trata de visionado y a la vez registro. Quizás porque una filmación es una memoria, un recuerdo. Un instante fugaz, áurico en términos benjaminianos, pero capturado, para revivirlo (de alguna manera) una y otra vez.
Esto hace del registro audiovisual algo más invasivo que la mirada tradicional. No se trata sólo de “mirar”, “observar”, sino de la posibilidad de volver a hacerlo cuantas veces uno quiera, con o sin consentimiento de la persona filmada. Por otro lado, la mirada delata. Cuando alguien nos sorprende mirándolo, desviamos la mirada, para no revelarnos a nosotros mismos. Y cuando sorprendemos a alguien espiándonos, eso nos incomoda. La mirada está ligada al deseo, el deseo de mirar, a veces suple el deseo de algo más.


No se si Tomás Zabala aprendió viendo a Kieslowski. Pero si lo hizo, aprendió bien. Quizás lo más interesante de En la frontera sea justamente que a pesar de la belleza de las locaciones elegidas y de lo cuidado del encuadre y la fotografía, a pesar de su prolijidad, los planos más hermosos son esos desprolijos planos de cámara en mano, en baja calidad. La fuerza de esos planos es demoledora.
Por eso, la bomba debajo de la mesa es aquí una cámara. ¿Qué pasaría si tuviésemos un deseo no correspondido o secreto, y ese individuo tuviese acceso a nuestra mirada? Eso es lo que ocurre cuando uno de los dos protagonistas varones encuentra la cámara y ve lo que su amigo filmaba.
Estalla la bomba.

Nicolás Taramasco

nicolastaramasco@caligari.com.ar

 

En la frontera