Revelaciones en el vacío. Una paloma se posó sobre una rama a reflexionar sobre la existencia (En duva satt på en gren och funderade på tillvaron) (2015), de Roy Andersson.

Manuela Rímoli 26 - Enero - 2016 Textos

 

¿Qué sentiríamos si sólo conviviéramos con personas abrumadas por el vacío? ¿Cómo sería vivir en la monotonía sin ápices de sutiles glorias cotidianas? Si alguien siente interés por éste tipo de experiencias, debería ver la última película de Roy Andersson “Una paloma se posó sobre una trama a reflexionar sobre la existencia”.

Durante 100 minutos, Andersson, con su estilo casi pictórico y su extraño (pero efectivo) humor, nos presentará las vidas de personas “comunes”. Así se sucederán escenas cortas, presentadas como viñetas inconexas entre sí que, sin embargo, están profundamente conectadas. Hay dos personajes que se pasean por casi todas ellas, dos amigos que se dedican a vender objetos de broma para hacer que la gente se ría (dientes de vampiro, bolsas que al apretarlas emiten risas, etc.). Ellos mismos promocionan sus productos afirmando “queremos ayudar a que la gente se divierta”, pero los resultados que obtienen están muy lejos de los deseados.
Sin sobresaltos o expresiones histriónicas los personajes de la película nos muestran cómo es vivir una vida sin matices, una forma de vida que al ser observada resulta agotadora.
No es necesariamente la película lo que agota sino el tedio de las vidas vacías. Pero entregarse a este tedio sería quedarse sólo en lo superficial. A medida que la película avanza, comenzamos a entrever que hay una delgada capa interna en la que todo lo que ocurre tiene un revés existencialista y profundamente cuestionador.
Si juntáramos todos los momentos vacíos (o aparentemente vacíos) de nuestras vidas ¿cuál sería el resultado? ¿Una película agotadora, aburrida y sin sentido o una película similar a un laberinto agitado en el que se suceden una tras otra las verdades escondidas de la vida? El caso de Roy Andersson es el último.

En “Una paloma…” la perfecta fotografía nos sugiere la belleza de la vida, y la música, monótona e infantil, el hartazgo al que se llega cuando, ya siendo adulto, sólo se vive como niño. Ya lo decía Cesare Pavese “Hay algo más triste que envejecer y es permanecer niño”. Lo que el escritor italiano parece afirmar, lejos de repudiar al niño interior o la capacidad de asombro, es que, una vez que nos volvemos adultos, debemos tomar toda nuestra experiencia para transformarla en un gran abanico de sentimientos y conocimientos para poder vivir la vida de la mejor manera.  El hecho de que los dos protagonistas intenten vender sin éxito sus objetos de cotillón resalta cuán difícil resulta intentar vivir la vida sólo con risas pero a la vez, deja entrever lo importante que es el humor.


Quizás, lo único que necesitamos es saber que en el fondo “estamos bien” o que podemos estarlo. Que más allá de todas las vicisitudes de la vida, lo importante es intentar seguir adelante, sin temerle al vacío (que, por cierto, es inevitable). Hay una significativa reiteración en la película y es un llamado telefónico del cual sólo escuchamos una parte:

  • Me alegra oír que estás bien.
  •  
  • Dije que me alegra oír que estás bien.

Esta reiteración, que sólo sobresale por repetirse, es una de las claves para solucionar el misterio que  Roy Andersson nos presenta. Quizás aquello en lo que pensaba la paloma cuando se posó sobre una rama a reflexionar sobre la existencia.

 

Manuela Rimoli

manuelarimoli@caligari.com.ar

 

En duva satt på en gren och funderade på tillvaron