“No es, solamente, una pintura”. El vendedor de orquídeas (2017), de Lorenzo Vigas

Rodrigo Peto Zimerman 24 - Agosto - 2017 Textos - Foco: SANFIC 2017 - Santiago Festival Internacional de Cine.

 

"Me interesa el arte puro, no el arte aplicado que es para adornar. El arte puro

no adorna, trasciende a la muerte. El arte aplicado se queda en la tierra"

Oswaldo Vigas

 

Quizás es por eso que Oswaldo Vigas trasciende y queda inmortalizado en este documental. O quizás, porque hay algo más que contar sobre la vida de Vigas más allá del lienzo y el bastidor.
Oswaldo Vigas fue un artista plástico venezolano que jugó un papel clave en la escena artística durante los años 50 y mediados del 60. Piccaso, Cézanne y Gaugin, entre otros, fueron las referencias de este gran maestro latinoamericano. Las pinturas de Vigas se destacaban por la muestra de figuras humanas y paisajes venezolanos vistos a través de un ojo que se dejaba llevar por el cubismo, el surrealismo, el constructivismo, la neo-figuración y con una gran influencia de los restos de arte precolombino y africano que quedaron en el polvo de las tierras venezolanas.
“No tenía nada que ver con la realidad, eran cosas inventadas. No era figurativa, era inventada, salían de la fantasía” dice Vigas sobre sus primeros bocetos.
El documental narra cómo Oswaldo Vigas, junto a su esposa, Jeannine, y su hijo, Lorenzo Vigas (el director del documental) buscan una pintura del pintor de mediados de los años 40, la cual está desaparecida y, el artista, necesita para una retrospectiva de los comienzos de su obra. Dicha pintura se titula “El vendedor de orquídeas” la cual tiene un valor sentimental agregado para el artista, ya que es la última pintura donde aparece uno de sus hermanos, Reynaldo, quien solía ser modelo de sus obras.
El documental fascina en diferentes ocasiones por las imágenes íntimas de la vida de Oswaldo y su esposa. Ya sea recordando cómo se conocieron; recorriendo lugares y viejos conocidos y, a la vez, preguntando por la pintura desaparecida, también hay imágenes que difícilmente creemos que no hubieran sido logradas si, Lorenzo, el hijo del artista no era quién estuviera detrás de la cámara. Hablamos de planos como el de una discusión infantil en la cocina de un hogar; planos de Oswaldo Vigas sentado en su cama, cantando junto a su mujer, ocultando el llanto con una risa; planos de Oswaldo y su mujer en una habitación en plena oscuridad, donde una sola lámpara ilumina una pequeña botella de agua, un vaso, un orinal, la medicina de Vigas y el aire triste y cotidiano de una pintura expresionista que pasa por los cuerpos de Oswaldo y Jeannine; planos de Oswaldo y uno de sus hermanos, Herman, recordando historias; planos de Oswaldo, solo, recordando la esquizofrenia de su hermano Reynaldo, aguantando el llanto, mientras la cámara sigue grabando.
Durante el documental Vigas reflexiona varias veces sobre su pasado familiar, sobre que fue hijo de viejos, de los niños enfermos que sostuvo en brazos cuando era médico, de las vivencias en un barrio marginal, la violencia que acecha y la pobreza que compartía en escena con su madre y sus hermanos. Como el polvo que no se puede eliminar sino que solamente correr de un lugar al otro, Vigas, habla sobre la memoria, y dice “la memoria puede ser una maldición, puede ser una bendición también. Para mí la memoria es terrible. Recordar para mí es doloroso. Me duele mucho. Y yo he tenido que aprender a tomar medicina para no acordarme” y a uno le impacta el punto hasta donde llega el artista para quitarse algo que es tan importante para el ser humano, pero que a la vez para muchos, como Vigas, puede ser brutal.
Y todo lo dicho, como el polvo, y la tierra, permanecen pegados en los cuadros de Vigas, uno puede soplarlos y extenderlos a otro cuadro, o influenciar a otros artistas, pero todas las historias van a permanecer en aquello que no podemos borrar, sino solo mover de lugar.
Y, sin embargo, llegando al final, en una conversación con su hermano, Herman, deja un diálogo esperanzador, “Sin los recuerdos no somos nada. Lo único que queda es eso. Yo tengo la ventaja que dejo pinturas.” Dice Oswaldo, a lo que su hermano responde, “Cada uno deja lo que es y a su manera puede…” Luego de un milésimo segundo de ese instante que ocurre Oswaldo Vigas agrega “Tú tienes nietos. Yo no. Tengo cuadros” y ambos se echan a reír.

Rodrigo Peto Zimerman

rodrigozimerman@caligari.com.ar

El vendedor de orquídeas