La ley de la selva. El último Jaguar (2016), de Luciano Nacci y Florencia Velozo

Carla Leonardi 4 - Junio - 2016 Textos

 

“El último jaguar” (2015) es un cortometraje de ficción que tiene como escenario la selva amazónica ecuatoriana.

Tres amigos se adentran en dicha selva en busca del último jaguar vivo. Al tiempo de andar, sin que aparezca el animal, se encuentran cansados y deciden continuar la búsqueda en forma separada.

La historia es sencilla en cuanto a su argumento, pero la manera en que los directores Luciano Nacci y Florencia Velozo eligen filmarla, permite la apertura a toda una riqueza de sentidos y lecturas.

El uso del plano detalle que fragmenta los cuerpos de los jóvenes, o del foco en la vegetación dejándolos como fondo difuso; no sólo dotan de un sentido poético a este cortometraje, sino que también resultan consistentes a la idea de desorden y confusión que la narración misma irá instalando en el espectador. Además, el uso del fuera de campo, es un gran acierto; pues si los directores nos mostraran explícitamente todo, no se crearía el mismo efecto de apertura para que la obra continúe en el espectador.

En el comienzo los amigos realizan una apuesta para ver quién va a lograr enfrentarse al jaguar cuando aparezca, y se ubica mediante bromas a Luis (Luiz Tamayo) como miedoso y perdedor. Los tres jóvenes avanzan por la maraña de vegetación con sus escopetas, claro símbolo fálico. Y la escena de la apuesta no es muy distinta de la que harían para ver quién logra levantarse a una chica. Esta lectura se desprende de que la palabra “jaguar” viene etimológicamente del guaraní (yaguar, yaguareté) donde significa “Fiera Verdadera”, Además el Jaguar era considerado por los Mayas como un Dios, porque lo veían como perteneciendo a una naturaleza diferente al espacio civilizado de los hombres. En este punto, la fiera verdadera entra en consonancia con  lo cual el enunciado de Lacan de “la verdadera mujer”, a propósito de Medea, en tanto mujer dispuesta a todo e incapaz de someterse a ley o amo alguno. Se trata en una primera lectura de la típica rivalidad y competencia entre amigos por ver quién “la tiene más grande”, del temor masculino ante el Deseo de una Mujer, y de si contarán con recursos simbólicos para hacerle frente; o a falta de ellos quedará solamente el asesinar a “la fiera”, como ocurre actualmente en los casos de femicidio.

Al rato de andar separados, vemos que Luis carga su escopeta y dispara. Se acerca al lugar donde la “presa” ha caído, la cual que queda fuera de campo, pero los comentarios del otro amigo sugiriendo llamar a la policía y la negativa de Luis comenzando a perseguirlo mientras le apunta con su fierro; harían suponer que le disparó a aquel que lo gastaba al comienzo. La puesta en escena distingue a Luis de sus otros dos amigos por varias cuestiones: es el único del cual conoceremos su nombre; es el que lleva una remera roja, color de quien lleva adelante la acción y que evoca la sangre; y  además es de tez blanca, mientras los otros dos amigos tienen rasgos indígenas, logrando así la resonancia con el exterminio de la población nativa durante la llegada de los españoles a Sudamérica, y que aún hoy continua por medios más sutiles.

Resulta interesante que los directores dejan al personaje de Luis en cierta ambigüedad. ¿Su disparo fue un accidente producto de la confusión, como él se excusa; o una decisión consciente de venganza? ¿La persecución y “cacería” del otro amigo es producto del temor de ser delatado o fruto de un instinto asesino?

Sea cual sea la interpretación que se haga, lo cierto es que en la medida en que hay un asesinato, ya entramos en otro terreno. Ya no se trata de la rivalidad que surge del narcisismo de las pequeñas diferencias, sino de la dimensión del odio; que no responde a ninguna ética ni límite y que apunta a aniquilar el ser del otro, del diferente cuyo modo de goce me horroriza.

Otra lectura posible es la lectura ecológica. La acción se lleva a cabo en plena selva amazónica, donde la tala indiscriminada está reduciendo cada vez más las reservas de oxígeno de la tierra. Se hace un plano detalle de las hormigas, que son un actor fundamental en el equilibrio del ecosistema selvático. Y se habla de “el último jaguar”, una especie de la familia de los felinos que en ciertas regiones de la selva amazónica se encuentra en extinción. En este nivel de lectura se apuntaría a una toma de conciencia de los efectos que produce la intervención del hombre y  de las grandes corporaciones sobre la naturaleza cuando sólo se rige por el afán de generar más capital.

También quiero mencionar el uso de la música y el sonido que logra crear el clima de la jungla a ritmo de percusión frenético, o el clima de suspenso y rareza, en un ritmo más pausado; puntuando adecuadamente la narración.

“El último jaguar” es un lúcido y bello cortometraje que pone en primer plano esa pulsión de muerte inherente al ser humano, que produce efectos devastadores y estragantes, cuando se rige por el empuje sin límites del imperativo de mercado, y queda depreciada la vida como un valor ordenador

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

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