Reflexión sobre nuestra identidad. El movimiento (2015), de Benjamin Naishtat

Rosario Iniesta 2 - Marzo - 2016 Textos

 

 

“El movimiento”, segunda película de Naishtat, ganadora de la Competencia Argentina en el 30° Festival Internacional de Mar del Plata, es un potente relato no sólo en su trasfondo sino también en su forma. Nos situamos en el año 1835 en una Argentina que está padeciendo la peste y el hambre. La película está rodada en blanco y negro, manteniendo una impecable escala de grises, con cámara en mano y para mantener el tono intimista se vale en su mayoría de primeros y primerísimos primeros planos, en los que las miradas cobran una importancia vital en el tono del relato. La presentación de personajes y la puesta en escena es teatral, al igual que sus diálogos. Las miradas a cámara se sostienen penetrantes.

Junto a un grupo de jóvenes, el líder del grupo (interpretado magistralmente por Pablo Cedrón) recorre la provincia para llevar la palabra del Movimiento a quienes se encuentran a su paso, pidiendo a cambio un plato de comida o un lugar donde refugiarse. Se aprovechan todo lo que pueden de quienes extienden su mano, pero quienes no lo hacen, son torturados hasta la muerte.  El asesinato a sangre fría de un anciano, viudo, con una hija, es el punto de partida de la sed de venganza de esta joven mujer, que emprende un recorrido sin rumbo hasta sus últimas consecuencias.

 

 

Con discursos autoritarios, demagógicos y atemorizantes, el comandante del Movimiento, va articulando y transformando sus palabras en artilugios descaradamente configurados para persuadir a sus interlocutores, aprovechándose de su ignorancia y creando una red de lugares comunes que los atrapa finalmente y caen sin darse cuenta. Ese pueblo al que le habla somos nosotros, es la población argentina, que, no ha sabido defenderse hasta el día de hoy. Por eso, la vigencia de este relato que invita a una profunda reflexión sobre nuestra identidad y configuración como pueblo soberano.

El personaje de Cedrón, se vanagloria de ser un cristiano que lucha contra “el mal mayor”: el anarquismo. Es excelente la precisión con la cual este personaje se lleva al mundo por delante y muta su discurso según el interlocutor, reivindicando su ayuda para recuperar “la pureza del movimiento. A medida que van recorriendo diferentes parajes remotos, se dan pinceladas y se enaltece la riqueza del pueblo,  dejándose ver la pureza en sus costumbres y cuán innecesaria era la intervención en ciertos ambientes de nuestra población. En el camino, el líder pierde a uno de sus adeptos. Esto lo quiebra momentáneamente pero sigue adelante. En el maniqueísmo y oportunismo de su discurso se imprime una mezcla de lo militar, lo político y lo religioso.

La travesía resulta ser una ferviente postal de lo que somos hoy: un pueblo coercionado por nuestros gobernantes que a través de sus maquiavélicos discursos han sabido aprovecharse del más débil, transformando los derechos ciudadanos en temibles talones de Aquiles.

Rosario Iniesta

rosarioiniesta@caligari.com.ar

 

El movimiento