Viaje hacia la mente de una dramaturga. El infierno de Beatriz (2015), de Marcos Migliavacca 

Carla Leonardi 11 - Agosto - 2016 Textos -

 

Ni bien me propuse ver el cortometraje “El Infierno de Beatriz “, del argentino Marcos Migliavacca, no contaba con ninguna referencia acerca de qué trataba, pero ya las palabras “Infierno” y “Beatriz” en su título, me remitían directamente a Dante Alighieri y su “Divina Comedia”. Y fue por eso que me interesé en el cortometraje.

El corto arranca situándonos en el espacio en el que se desarrollará. Se trata de la ribera del Riachuelo, con sus aguas turbias y pestilentes, en un día nublado y ventoso, que crea una atmósfera consistente con un descenso hacia el Infierno.

El Infierno en cuestión tiene muchas resonancias. Por un lado, se trata de la obra de teatro “Infierno”,  que es una adaptación libre de la dramaturga Beatriz Catani, que se llevará a cabo al aire libre, a orillas del Riachuelo. Montar una obra en esas condiciones es una operación muy compleja; porque más allá de que la experiencia teatral siempre involucra lo contingente y lo efímero; aquí se suman las contingencias del clima, como una variable más con la cual el director tendrá que arreglárselas.  De la obra en sí nos llegarán algunas voces, algunas breves imágenes; fugaces como un relámpago. Y sin embargo,  será precisamente aquello que no se muestre, el centro alrededor del cual gravite nuestra ansiedad como espectadores por cómo ira sucediéndose eso que no vemos.

Y lo que vemos, es el otro Infierno, ese de los preparativos, ese de la llegada y las expresiones de los espectadores, a veces hablando entre ellos o por celular; ese de los técnicos de sonido, ese del nerviosismo de Beatriz (Beatriz Catani), la directora, situada detrás del público dando indicaciones  con un handy, deambulando atenta  a cada detalle y a la vez sumida en sus pensamientos. Por la mente de Beatriz se entrecruzarán su amor por el teatro, el riesgo angustioso de ese cuerpo que apuesta cada vez, y esa vivencia cercana a la muerte que es lo efímero de la experiencia teatral.

El rostro delgado y huesudo de Beatriz, y su cuerpo desaliñado y tenso, le dan cierto carácter espectral; como si se tratara del reverso de aquella Beatriz idealizada y angelical, de quien Dante se enamorara y le dedicara sus versos.

La cámara sigue a Beatriz y busca que el espectador se identifique con ella, que sea partícipe de sus sensaciones y temores mientras transcurra la obra. Se produce entonces  una suerte de puesta en abismo por el cual asistimos al recorte de la mirada de un director que mira a la directora mirando cómo se desarrolla la escena que dirige.

En “El infierno de Beatriz”, Migliavacca nos conduce, no hacia la escena dentro de la escena, sino hacia la escena detrás de la escena, pero va más allá de documentar el clásico backstage, porque en ese viaje fantasmagórico a los infiernos de la mente de Beatriz, logra crear una ficción en sí misma.

Carla Leonardi

carlaleonardi@caligari.com.ar

El infierno de Beatriz