Chispas dialécticas. El incendio (2015) de Juan Schnitman

Rosario Iniesta 11 - Diciembre - 2015 Textos

 

 

El incendio es la primera película dirigida por Juan Schnitman en solitario, quien anteriormente co-dirigió El amor (primera parte) con Santiago Mitre, Martín Máuregui y Alejandro Fadel en 2004. Schnitman elige como protagonistas a dos jóvenes actores de teatro independiente, decisión clave para darle a este film el realismo y drama que hace de esta obra uno de los estrenos nacionales del año

La película, de carácter intimista, narra la relación tóxica de una pareja de treintañeros que están por comprar una casa juntos. Lucía (Pilar Gamboa) y Marcelo (Juan Barberini) son dos almas que deambulan sin reflexionar sobre el futuro que les está golpeando la puerta. La película abarca desde la mañana en la que van formalizar el pago de la casa hasta el día siguiente. Se sitúan en un departamento con sus pertenencias embaladas, los preparativos de esconderse la plata debajo de la ropa para realizar el pago y la firma de la escritura. Un imprevisto hace que tengan que posponerlo para el día siguiente, pero como ambos se tensan al tener que transportar una importante cantidad de dólares y realizar este trámite en el banco una vez más, deciden volver a su casa con el dinero y guardarlo allí.

Las conversaciones desde el inicio son violentas, recriminatorias, punzantes. Pareciera que da miedo emitir sonido alguno en caso de que para el otro sea una provocación. En el camino a casa comienzan a pelear y Marcelo ejerce violencia física sobre Lucía. Ella sufre en silencio, no solo en su relación de pareja sino también en el trabajo, cuando padece el acoso de sus compañeros, todos hombres, que intentan provocarla pero ella les planta cara, interpretando el papel de mujer fuerte. Al ponerse nerviosa y toser sangre, Lucía decide ir al médico y allí, sorpresivamente, se sincera sobre lo que realmente piensa, cuestionándose cosas a sí misma en voz alta, como saliendo de sí, de ese personaje que se construyó que dice que todo está bien cuando en realidad no lo está. Afirma que no entiende cómo ni por qué llegó a ese punto de la relación.

Marcelo, quien demuestra ser un hombre de naturaleza impulsiva, es llamado de la escuela donde trabaja porque ha tenido un problema con un alumno y debe resolverlo en una reunión con los padres, que lo acusan de haberlo golpeado. Se demuestra que tanto los padres como él como profesor, han fallado porque el chico tiene problemas de conducta. Marcelo admite que intentará hacer las cosas mejor, diciendo “Voy a cambiar”, como si en realidad estuviera hablándole a Lucía. Es claro que ninguno  puede comunicarse el otro por la pared que se generó entre los dos, ya que tienen que sincerarse con extraños.

El tema del dinero se expone a partir de las inseguridades y la desconfianza que se demuestran el uno al otro. Lucía finalmente decide plantear que se quiere separar, pero al sentirse recriminada en una nueva discusión todo queda en el aire. Se va a una fiesta sin Marcelo, se lo encuentra allí y nuevamente saltan las chispas, se pelean y se envuelven en una situación sexual, no amorosa, en la que también está impresa la violenta dinámica de esta relación.

Schnitman utiliza cámara en mano para retratar el seguimiento de sus personajes, a través de travellings y planos semi-subjetivos que permiten al espectador acompañar al personaje. En la secuencia de camino del banco de ambos por la calle, la cámara en mano resulta un recurso interesante para denotar la tensión y la fragilidad de la pareja. Se trata de una película con diálogos muy realistas, que atrapa y mantiene la atención del espectador hasta el final.

Rosario Iniesta

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El incendio