Un golpe de nostalgia. El hombre de los guantes (2013), de Patricio Agusti

Juan Pablo Barbero 10 - Febrero - 2017 - Foco: Ciclo de Cine provincial en San Javier, provincia de Santa fe

 

Arrugas ganadas en un ring con un golpe de nostalgia se entremezclan entre el pasado y el presente, lo que fue el oro ahora queda en la memoria de todo aquel que disfrutaba ver pelear a Carlos Monzón de la mano de su entrenador: Amilcar Brusa, el hombre de los guantes. El documental te lleva por la vida de Brusa, sus peleas profesionales en un ring, como también sus peleas profesionales en la vida cotidiana. Luchar todo el tiempo contra tantos fantasmas le da a sus guantes un brillo especial, esos que brillan en momentos diferentes como desde una charla con un taxista emocionado recordando cada golpe, hasta el reconocimiento en lo más alto del deporte marcado en todas partes del planeta. Los golpes de Brusa fueron marcados en todas partes, desde el “Salón de la fama” en Los Ángeles hasta la fama de la calle santafesina que le da otra fuerza, la fuerza del tacto humano, porque muchos boxeadores pueden golpear pero pocos entrenadores pueden tocar con un golpe aquella idea de sacar ganadores, catorce campeones del mundo no es poca cosa para nadie, si de tacto se trataba Brusa era un profesional.


La película recorre con pinceladas nostálgicas aquellas transmisiones en blanco y negro de las distintas peleas y toda su concurrencia televisiva, para luego empaparse de reflexiones sobre los cambios en el deporte y esa continua pelea que trae a la cabeza la idea de un material de archivo muy bien escogido, ya que confronta la fuerza del pasado con la sabiduría que conlleva la experiencia del presente. Un hombre de unos ochenta y tantos años que se actitud habla por sí sola, un hombre fuerte de palabras porque están envueltas en unos guantes que pelearon desde diferentes lados contra lo que uno más deseaba: el mundo entero.
El documental sale de los archivos para meterse en lo cotidiano, Brusa en su casa hablando por teléfono, también peleando, fuera del ring, pero peleando. Su boxeo contra el de los grandes aprovechadores que sólo buscan el tesoro, en cambio, a lo que a un buen entrenador le interesa más la gloria. Las lágrimas se arrugan cuando el cuerpo se debilita y aquella gloria duerme detrás de una vitrina, una dura pelea contra la vejez y su mujer que se apaga en un geriátrico; Brusa entiende que la vida es una pelea, lejos de todo tipo de metáforas. Porque hay que pelear en la calle, hay que pelear en la oficina, hay que pelear contra las corbatas, hay que pelear contra el espejo, hay que pelear en el entrenamiento, hay que pelear contra la tristeza de haber tenido el mundo entero en tus manos y ver como todo se lo queda la historia y el cuerpo, fuerte y gigante, se encorva en un sillón y se necesita un bastón para aferrarse al piso que antes pisaba firmemente. La confrontación de la gloria y la vejez, eso es lo que le da cierta nostalgia, como también momentos donde el espectador se aferra al protagonista como a un abuelo, ya que cuando la rudeza se toma un descanso entran al ring las arrugas de aquellas lágrimas que no se lloran pero dejan su marca.

Juan Pablo Barbero

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El hombre de los guantes